martes, 23 de mayo de 2017

RISA PERFECTA

Mi boca no es mía, está poseída por las manos de mi dentista. Es como si tuviera dentro metralla o hierros; aún está por descifrar.

Mi Peluche mayor se define por una risa perfecta y en esto que yo estaba cazando moscas y se me ocurrió mirarme al espejo-cada vez que lo hago, drama al canto- y mis dientes no eran dientes, o sí, pero no los de mi Peluche.

Más bien me recordaban a los de uno de los personajes de mi tercera novela, a Lucrecio… Este es un burro muy simpático que lo primero que ves o lees de él, son sus dos inmensos paletos; pues así yo. Tal vez me hubiera inspirado en mis dientes sin yo saberlo para desgranar el personaje de Lucrecio. Ya sabéis que los derroteros de la mente humana son muy oscuros y los míos, ni os cuento.

Total, resumiendo, yo quería tener la sonrisa perfecta de mi Peluche y me puse manos a la obra. Fui al dentista y me convertí en la mujer tornillo en sus manos hacendosas. Me puso, me quito, me volvió a poner hasta ayer que culminó su primero vigésima construcción mecano en mi boca. Me he despertado sin labios, lo mío son morros.

Desde ayer no como. Entre los alambres se me mete lo que intento meter y es una odisea en el espacio bucal, así que se me han quitado las ganas de sólidos y practico líquidos, pero pocos también.

¿Dónde fue a parar mi sonrisa de burra feliz y sin complejos, eh? He pensado hacerme unas cortinillas que se enganchen en las orejas para si me vuelven las ganas de reír pues que no se me vean los alambras de mujer mecano.

Me he creado un muro de lamentaciones lamentosas en que he pegado una nota escrita con letras grandes que se pueda leer sin necesidad de gafas en la que dice “Muñeca eres vieja”… No, no, tranquilos, esa frase que aparentemente suena perturbadora, lapidaria, destructiva y derrotista, me estimula porque me hace recordar que ahora que se me está reblandeciendo todo, la edad no perdona, la sesera no, esa vino de fábrica sin posible modificación, pues si todo mi ser está blandito pues las mandíbulas también y, si están tipo chicle, es de esperar que con los hierros que el dentista me ha puesto tarden poco en domesticar mi dentadura, y esta vuelva a sus ser y en nada luzca risa perfecta como mi Peluche.

¿Os han convencido mis explicaciones? A mí no mucho, pero no me queda otra que sacar leche de un botijo. Según mi Pepe mis dientes son tan brutos como yo y será imposible domesticarlos. Él lleva tratando de hacerse conmigo 30 años y no ha conseguido resultados satisfactorios.

Anda que si pasan 30 años sin comer, sin reírme y encima con el mecano puesto… ¡Puerca miseria!

domingo, 21 de mayo de 2017

STOP

¿Conocéis a alguien que cinco minutos antes de que termine una película que la está fascinando, apague la tele y se vaya a dormir? No la busquéis, no os gastéis, la tenéis delante de vuestros ojos. Y no contenta con eso, voy muy seria, siento cátedra y afirmo sin que se me muevan las pestañas que, por cierto, ya ni con el rímel se me ven ”Qué gente más rara hay en este planeta” Y me quedo tan fresca. ¡Qué fácil es hablar y qué difícil es tener la garganta muda!

Pero, como os he contado alguna vez, primero actúo y luego pienso pues… Así tengo a mi Pepe cada vez más calvo de tanto pensar por mí.

El otro día reflexionando sobre mí misma delante de un espejo casi me saco un ojo. No porque me enfadara conmigo, eso nunca lo hago, como mucho me digo “Ay alma de cántaro” y con eso ya me he perdonado hasta la siguiente vez. Casi me saqué un ojo por la falta de experiencia y como estaba tan concentrada pensando pues…

Prácticamente nunca me pinto, solo en grandes ocasiones que se cuentan con los dedos de una mano. Entonces de una vez a otra, se me han olvidado los pasos, ¿me seguís? Pues bien, el día de marras me estaba quitando los botes de pintura que me había volcado en la cara horas atrás y llegó la parte de despintar los ojos, justo en el momento en que me preguntaba “Niña, con lo maja que estás con la cara lavada, ¿por qué te empeñas en ponerte como un payaso?” En esto entra mi Pepe y comienza una disertación de cómo fregar las sartenes. Yo, aparco mi pensamiento sesudo para concentrarme en mi Pepe y tanto friega y friega que casi me quedo con el ojo en la mano y tuerta de por vida.

Claro, para lo que hay que ver… Pero la rabia que me da es que no aprendo, no aprendo nada de nada. Todo el mundo parece saber más que tú que, sin duda, sabrán, pero es que se pasan la vida dándote lecciones y tachándote de imperfecta que lo sé que lo soy, pero me aburren tanta insistencia y me pregunto, ¿por qué no me olvidan un rato y se miran a ellos otro rato? ¡Ah! Es más estupendo sacar las taras de los demás que las propias. Pues no, hoy estoy rebelde. Vive y deja vivir.

A mis años, nunca es tarde. Más difícil, sí, pero no imposible. Así que me he hecho un cartel mental que versa “STOP”
Stop para los sabiondos, STOP para los perfectos, STOP para los insufribles y, de paso, STOP para mí misma, a ver si soy capaz de ver una película entera sin decir qué raros son los demás, cuando la primera chiflada, y a mucha honra, soy yo.

Lo bueno y breve, dos veces bueno. Así que, ¡hasta otro día, amigos!

sábado, 13 de mayo de 2017

DE AMOR Y VICEVERSA

¡Qué bonito es el amor! Ayer descubrí, a destiempo, claro, como siempre, que nací para organizadora de eventos nupciales. Sin duda todo el mundo se querría casar para que yo les organizara la boda, habría procreación y España no sería un país de viejos, pero como me dice mi Pepe “Dios te colocó en este mundo y se le olvidó programarte” Y mirad que pongo buena voluntad, eh, pero no hay manera, todas mis proyecciones las falta algo: los pies, otras veces la cabeza, y en la mayoría de las ocasiones el cuerpo entero.

Ayer estuve de boda fina, de las que no las falta de nada, ni siquiera el amor, ¡más bonito todo! Yo saqué el catalejo y no perdí detalle. En esto que estaba haciendo un barrido para catalogar a la invitada más elegante hasta la más descolocada visualmente, cuando me encontré a dos especímenes dignos de película de la gran pantalla en cinemascope. Muy discretos ellos, muy bien vestidos con pinganillo en oreja, una sonrisa que sin ser estridente, estaba en el tamaño y lugar adecuado. Sus ojos no necesitaban catalejos como los míos; veían todo y más, si me apuras hasta las enaguas de la novia que, por cierto, eran divinas: Convirtieron a los invitados primero en los perfectos colegiales que obedecen a todo y segundo, en los perfectos Julias Roberts de la película Pretty woman: nos hacían la pelota, nuestros deseos se hacían realidad antes de terminarlos de formular… Yo pedí un par de platos de jamón y una botella de vino blanco fresquito. ¡Fui la envidia de las mesitas puestas en el jardín! Además, en la finquita donde se realizó el evento fino, de los finos de toda la vida, había hasta estanque con cisnes. No patos, cisnes desplegando su vuelo acrobático para posarse después en las aguas mansas… Por supuesto sonó el himno de Paquito el chocolatero; ya os digo, no faltó de ná.

En cada plato antes de comenzar pusieron una cajita de una ONG y dentro había una nariz de payaso. Me la puse al instante sin mirar la mirada felina de mi Pepe que me observaba desde el otro extremo de la mesa, claro.

Un poco incómoda estaba, no os voy a engañar. Encima de mi cabeza llevaba una especie de paellera, la más grande que encontré por un precio asequible que, por supuesto, me la proporcionó mi estilista de cabecera, el chino del barrio. Si a eso añado la nariz de payaso, pues unas veces me ahogaba por respiración intermitente y otras mi paellera salía a tomar vientos por un codazo impertinente o por el camarero despistado de turno.
Pero quizá lo que me preocupó más es que dentro de mi descerebrado cerebro, a fuego tengo que la discreción y prudencia han de estar siempre en primera línea de fuego. Y es que cuando íbamos a entrar al comedor vino una linda camarera de cofia y delantal impolutos y me ofreció lo que yo supuse que podía ser Sushi. A mí no me gusta pero yo vi las manos de la gente que lo cogía y yo hice lo mismo por eso de donde fueres haz lo que vieres. Pues bien, me lo metí en la boca, ¡craso error!, no era sushi sino toallitas para limpiarse las manos. Discretamente me lo saqué de la boca; no me ha reñido Pepe, así es que no lo vio. No sabía mal, una especie de limón con un poco de espumilla.
¡Lo qué bailé, lo qué salté! Hoy no me puedo levantar, el fin de semana me dejó fatal, pero eso es otra historia…


PD. En otra vida, recordadme que haga estudios para eventos nupciales; me encanta. Pepe está predestinado para eventos funerarios. Lo borda: la palabra justa, el consuelo necesario, cara de plañidero, la conversación indicada para el momento y el alabo al muerto con todas sus virtudes. ¿Veis? Para ese oficio no sirvo… Yo he nacido para los amores de la gran pantalla.