jueves, 10 de agosto de 2017

¡MADRE, MADRE MÍA!

¡Madre, madre, cuánto zumbado anda suelto! Creía que era yo y un par más, pero qué va, hay cientos, hasta debajo de las baldosas si me apuráis. Claro que no me extraña si lo analizo en día par que es cuando pienso.

Todo se debe al cambio climático que perjudica seriamente a la gente. Primero somos irresponsables y muy guarros, y matamos a la tierra con la porquería que desechamos porque, no nos engañemos, somos un cúmulo de basura y suciedad que no respetamos ni a nuestras cocinas, y como la tierra enferma y no produce aire bueno, pues nosotros respiramos la mala leche del globo terráqueo y, por tanto, también enfermamos… ¡Cómo me explico cuando pienso, madre mía!

Yo antes me regía por el termómetro de mi Pepe. Si llevaba veintiséis jerséis puestos, guantes, bufanda, pues sabía que estaba en invierno. Que se quitaba tres jerséis, pues era primavera. Que se ponía las katiuskas con seis jerséis, pues otoño. Pero ahora he perdido el control de la estación y la temperatura. Ayer, por ejemplo, vino a darme los buenos días en bañador y veinticuatro horas después me despierta con pijama, bufanda y calcetines a rayas. Claro, si estoy en día par pues mis neuronas me contestan “Lola, día de barlovento”, pero si es día impar que mis neuronas descansan, pues nada más levantarme sin pensar, creo que he dormido tanto que ya estoy por lo menos en un otoño sin katiuskas.

Y ya ni contar lo que sucede en la radio. Todo el mundo se va y dejan a otros que no conozco y no contentos con eso, la programación varía, pero varía por unos derroteros preocupantes pues dejan el micro abierto a todo aquel que quiera manifestarse; solo falto yo para soltar mi espeich veraniego. Si hasta mi radio ella sola se ha cambiado de frecuencia,
¡Madre, madre mía, qué cosas cuenta la gente! Mucho tiene que pesar su soledad de verano o necesitan su minuto de gloria famosa. No os exagero, la otra noche el momento estelar se lo llevaron por igual un hombre y una mujer. El varón hablaba de su abuela con orgullo y frenesí, hasta ahí todo normal. Pero, de pronto, se puso a llorar, pero llorar con hipo y todo y la presentadora que, por cierto, para mí había desconectado y el programa se movía con el piloto automático, en un momento como decía se activó para consolar al varón sesentero y preguntarle que si hacía poco se había muerto la abuela. Mi sorpresa fue mayúscula ¡Hacía 20 años! Ya la tuvo que querer, pero mucho, mucho, pues añoraba de ella lo bien planchado que iba siempre, lo bien que comía cuando la abuela vivía y que ahora no era lo mismo, ni de coña lo mismo.

Cuando descubrí el pastel de este buen hombre, traté de apagar la radio pues yo misma lloraba de pena, pena de mí misma, pero en ese momento dieron línea al lío más lioso que he oído jamás, y ahí me quedé enredada.
En esta ocasión era una mujer que reclamaba que la devolvieran el primo de su primo por parte de madre que la habían robado los hermanos del primo de su primo porque pensaban que además de una aberración amorosa por ser primos terceros o quintos, ahí me perdí con tanto primo revuelto, pues ella lo que quería, según los hermanos del primo de su primo,  era su dinero. Lo que no sabían los primos del primo de su primo es que el primo raptado, todo supuestamente, eh, es que no tenía donde caerse muerto y que, gracias a ella, le había hecho un seguro de defunción por si se moría. En esto, desperté a Pepe para pedirle que llamara a sus antiguos compañeros de la funeraria a ver si con los datos que yo le aportaba, era verdad lo que la mujer contaba del primo de su primo del primo tercero.

Pepe, ante tanto codazo, se incorporó, encendió la luz, me miró furibundo y sentenció “Mañana mismo te encierro”

Estoy en casa de una prima de mis primas. Temo que Pepe cumpla su amenaza y es verano y me gusta ir a la piscina con mis amigas.