Vídeo promocional Mujeres Descosidas

jueves, 20 de abril de 2017

LA BIEN PAGÁ

“Ná te pido, ná me llevo. Entre esas paredes dejo sepultás penas y alegrías que te dao y me diste. Bien pagá, bien pagá, bien pagá mujé…” Así se siente vuestra Lola desde ayer cuando en Alcalá de Henares se reconoció a lo grande el humor, “un justo reconocimiento a un género que algunos erróneamente han considerado menor” porque es muy fácil hacer llorar; con mirar a mi Pepe, yo lloro. Entonces, ¿Hay mérito en ello? Pues no. Sin embargo, aquí mi persona que resurge como el ave fénix cada cinco minutos y tres cuartos, pues sí.

El escritor catalán Eduardo Mendoza dijo alto y claro “Yo creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera, y por este motivo vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo"… En una escala mínima a la suya, así me siento yo: Llena de lógica, mesura seso y juicio frente a un mundo disuasorio sin pies ni cabeza, ni por dónde hincarle el diente...

Ayer, cuando escuchaba a este hombrecillo bien plantao decir Recojo este premio con profunda gratitud y alegría, y que seguiré siendo el que siempre he sido: Eduardo Mendoza, de profesión, sus labores” me vi metida dentro de su chaqué, humilde, serena, risueña e irónica. En conclusión, siento reconocido mi arte de elevar al cuadrado mi locura desafinada frente a un Pepe cenizo,  de impoluta cordura y bien estructurada sesera pero carente del sentido desafiante del humor… Qué rebien me expreso a pesar de tener un ojo abierto, otro cerrado y la mollera durmiente; las seis de la mañana no es hora de preparar un discurso, lo sé, pero es el único momento que me siento virgen pues en un rato estaré totalmente contaminada.

Me siento la bien pagá, insisto, y hoy me iré a un congreso literario con la cabeza alta, cuarteadas las ideas como siempre y mi orgullo encendido. Cuando le conté a mi Pepe mi planning de viajes como estrella rutilante de las letras, se le iluminó la cara, me dejó con la palabra en la boca, cogió el carrito de la compra y regreso al rato.

Queridos lectores, mi casa es una pura lata. Si necesitáis unas lentejas a la riojana, unos callos a la madrileña, unas alubias estofadas, o garbanzos a lo pobre, armóndigas en salsa, yo qué sé…, llamad a Pepe, tiene de tó; se compró el súper entero de productos enlatados. Hambre en mi ausencia, no va a pasar, y encima está contento, tiene el bigote en modo despegue, así que parto tranquila a dejar la representación femenina al alcance de un Cervantes porque, en el fondo, siempre me he visto un poco mucho Quijote.
“Ná te pido, ná me llevo. Entre esas paredes dejo sepultás penas y alegrías que te dao y me diste. Bien pagá, bien pagá, bien pagá mujé…” ¿Para qué voy a esperar a que me den un nobel siendo ya cervantina de pro?… “Bien pagá, bien pagá, bien pagá mujé, mujé”

¡Buen fin de semana, amigos!

domingo, 16 de abril de 2017

ESCARLATA MADE IN SPAIN

A Dios pongo por testigo que jamás volveré a tener un ordenador como este… Escarlata Lola dixit… Estoy hasta el último pelo de la peineta que me estoy quitando; se acabó la Semana Santa y como mis dos Peluches se niegan a pasar por un altar, yo, una humilde escritora guarda la peineta y la mantilla para mejor ocasión, pero hasta la peineta de este tarugo que tengo por ordenador.

¡Es un flojo! Después de casi un mes apagado, hoy lo enciendo y ¡no hablaaaaa!, que se me ha quedado mudo. Para él cualquier excusa es buena; las actualizaciones las borda, se puede pasar más de 24 horas actualizándose y tú crees que cuando vuelve de la sauna suya va a estar niquelado, pues no. Hace dos meses, le dio por negarse a que entrara el Wifi en él. Otras veces mis ficheros y ficheritos no se abren y, las que más, se queda sin fuelle y ni patrás ni palante ¡Un flojo, mi arma, mu flojo!

Y si pesara poco pero pesa como si se comiera todos los días tres pollos por lo menos. Mi Pepe se niega a cargar con él y llevarle al médico de ordenadores y sucedáneos. El médico informático se niega a venir a casa si no es mediante una suma de euros por delante. Total, el ordenador y yo hacemos aguas. Ahora cuando me otorguen el nobel, me da igual en qué versión: ciencias, matemáticas, literatura…, me compro un ordenador. Pero hasta que llegue el nobel con este trasto me entierran.

No creáis, he mirado en el calendario mis próximos eventos a ver si en alguno colaba y pedía de regalo un ordenador, pero me ha pillado Pepe y me ha preguntado “¿Cuál de las partes del no es no, no entiendes?” Le iba a replicar que ninguna pero le vi el bigote boca abajo y me callé, no es cuestión de tentar al diablo.

Pero yo es que necesito el ordenador, como el cocinero el cuchillo de partir tomates, puñetas. No sé imaginar sin este trasto. Una cosa es que tome notitas en mi libretilla, pero mis densos culebrones, como un buen puchero de patatas guisadas, lo hago con “er flojo”, sin él, no soy nadie ¡Puerca miseria! Porque no tiene cuello si no, le estrangulaba, hala.
¡Qué desagradable es mi Pepe! El otro día va y me regala un plato con la foto de Perro… Qué más le daría a él que en vez de un plato fuera formato ordenador. Encima, ahora que estoy alcanzando la fama de escritora que hasta un par de vecinas me han dicho esta mañana mientras colgaba los calcetines de Pepe “He leído tu nueva novela. No he entendido nada pero me ha gustado mucho” Se me han caído tres calcetines al patio del impacto.

En fin voy a hacer la cena a mi Pepe. ¿Veis? Este no falla, exacto como un reloj “Gordita, tengo hambre”…Ay qué difícil es llevar doble vida, entre fogones, plumeros, un marido de bigote cambiante e inventar la vida a base de letras...E un flojo, mi arma, mu pero mu flojo, ahora se ha puesto a actualizarse y no está para nadie. Anda que si me fuera yo a actualizar, no volvía, como el que se fue a por tabaco.

sábado, 8 de abril de 2017

EN EL COCHE DE MI PEPE, PIPIPI

Quemé el último cartucho que me quedaba; eso sí, lo aproveché bien aprovechado. A partir de ahora ya será igual, mi Pepe jamás se volverá a fiar de mí pa ná; él se lo pierde porque vivir a mi lado es un duro riesgo, ahora la sensación de estar  junto a mí presintiendo que te precipitas al vacío sin remedio tiene su aquel, eh.

Nos fuimos de viaje. Pepe siempre pensando que si mi cabeza está despejada y tranquila, el primero que gana es él, así que me llevó a pasear por la bella Galicia después de la presentación en Valladolid de mis Mujeres descosidas. ¡Qué tres días más intensos con este hombre! ¡Qué jardín de sensaciones de lo más variopintas! Un mano a mano después de treinta y dos años juntos es fuerte de narices. Más, si entre los dos surge una tercera persona a la cual mi Pepe invocaba a cada minuto. Sí, es alemana, para mí que es nazi pero eso a Pepe no se lo he dicho. Se llama Martita y su tono de voz es algo así como que presientes que haces lo que ella dice o te vas a tomar café. Vive eternamente en el coche, es su lugar de residencia. Tú te montas en el cochecito de mi santo y él lo primero que hace es encender el tontón y decir “Martita queremos ir a…” Y la susodicha se pone manos a la masa. A mí que me quieran manejar no me gusta, ya sabéis que soy espíritu libre, pero al principio del viaje la dejé que nos llevara a la izquierda, a la derecha, a hacer giros en forma de U, a que saliéramos en la tercera salida y luego inmediatamente siga recto 15 km… ¡Allá Pepe y su Martita! Yo me puse a cantar y tan contenta. Venga, cantad conmigo “El viajar es un placer que nos suele suceder. En el auto de mi Pepe nos iremos a pasear ¡Vamos de paseo pipipi, en un coche feo pipipi, pero no me importa pipipi porque llevo torta pipipi…”

Después de cuatro horas de viaje, llegamos a nuestro destino con hambre, mucha hambre. Encerramos a Martita en un parking y me puse yo a mandar; era mi momentazo. Pensé y me dije “Demuestra que tú eres buena, mejor que la nazi” Con creces lo demostré. Le llevé a una linda terracita y mi Pepe solo comía pan y venga pan “¿Pepe, no comes comida?” “Prefiero pasar hambre antes de que me envenenen” “¿No te gustan las navajas, Pepe?” “Están muertas desde la guerra civil, gordita” Y mientras se terminaba un mendrugo de pan detrás de otro aún añadió “Gordita, mira a esa mujer. Ha venido a Galicia a comer pizza. Seguro que el día que vaya a Nápoles comerá percebes” Y su hambre se diluyó en pan mientras el mío en la guerra civil, y aquí estoy; mi Pepe es un negativo desde que despierta hasta que se desintegra. Hasta si le pido “Pepe hazme una foto” Y va y me contesta “¿Otra? Pero si tienes la misma cara de hace 5 minutos” No me hago con este hombre.

Bueno, a lo que os estaba contando…Nos volvemos a montar en el coche y la Martita se piensa que aquello es Alemania: autopistas y autopistas. Pues no, era Galicia. Terminamos Martita y yo como la niña del exorcista; nuestras cabezas giraron y giraron. La alemana se volvió loca. Yo, casi.

Fue como un viaje al centro de la tierra sin ascensor. Tó pa bajo, tó parriba y vuelta a bajar. Giramos sobre nosotros mismos, no os exagero si digo trescientas veces. Nos vimos todos los concellos, todos, toditos. Para remate, Pepe, ya harto de vueltas y revueltas, y como Martita ya estaba en tránsito a la locura, se puso a mirar el mapa. Un mapa, fijaros de qué año sería que no venía pintado Benidorm, ya os digo todo, pero como mi Pepe dice que todos los mapas son iguales pues para qué va a gastar dinero; es un espíritu practico y ahorrativo.
Al notarle tan atribulado, desquiciado, fuera de sí, le dije “Filliño, fíate de mí, yo te llevo” Y en su desesperación más desesperada se fío y seguimos girando tres horas más. En el fondo, como Pepe paraba en cada concello a preguntar pues ya de paso bebíamos una uva godello de la Ribeira sacra muy rica… Poco más y llegamos a gatas al monasterio.
Cuando recobró su ser y recordó, me dijo “Gordita se acabó, nunca más me fiaré de ti” Eso sí, con la alemana no se atrevió a hablarla como a mí.

Yo, el día de la madre, le regalo a mi Pepe un mapa y un perfume. ¡Qué olor a vaca traemos!

lunes, 27 de marzo de 2017

¡AY DE MÍ ÁNGEL DE AMOR!

Tabardillos, arrebatos y ahora esto; el dentista. Éramos pocos y se tuvo que acordar de mí y llamarme. Y lo peor es que fui. Me sentó en el sillón de matar y me dejé.
Me miro a oscuras para no asustarme y veo que el lado izquierdo está violeta, formato globo a medio hinchar. En ná, azulgrana. Claro, como no podía hablar, no le pude decir que yo era del Atlético de Madrid y no del Barcelona.

¿Desesperada? No, solo rabiosa, pero como casi no puedo abrir la boca… Creo que los pabellones auditivos de mi Pepe descansan felices. Ahora que se preparen para cuando mis cuerdas vocales se expansionen y se expresen. Mientras, en silencio y en dolor. Bueno, dolor ninguno. No voy ahora a dramatizar, pero ese silencio constante me mata, así que he decidido escribir, al menos me expresaré de alguna manera y forma.

Pepe dice que si no puedo soportar el silencio, que me calle… ¡Tiene un humor inglés este hombre! Claro que el otro día dijo a los amigos que vivía de la literatura y yo no le contesté; tonta de mí. Todo porque en un momento de intimidad le conté muy orgullosa que había cobrado mis primeros beneficios de mi novela Sevilla…Gymnopédies; estaba que me salía de contenta. Muy mal hecho. Hay cosas que me tengo que callar, pero como no soporto el silencio, antes muerta que muda, largo todo y así me va; soy la perfecta bocazas. Me tenía que haber callado e irme a mi estilista, el chino del barrio, y haberlo invertido. O mejor aún: habérmelo gastado en una juerga con mis amigas. Claro que las hubiera puesto en un compromiso pues al final ellas hubieran tenido que poner dinero pues mis beneficios son minúsculos, pequeños. Pequeños hoy, pero el tiempo dirá. Dirá si me quedo en el anonimato o, o, o, o, o, o…

El caso es que me estaba lamentado, porque quejarse hay que quejarse, ya lo dice un refrán que el que no llora no mama, cuando me suena el móvil. Descuelgo y digo “Iga” (la D no me salía por la hinchazón bucal) y me contestan “Soy el tío Pepito, te quería hacer una consulta como escritora…” Yo que oigo que alguien de la familia me toma en serio con eso de ser escritora, mi ego se infló de tal manera que me fui yo y el ego al suelo; me caí del sillón. No sé qué hice, como estoy un poco empanada y las pastillas del dentista para frenar el dolor me dejan ralentizada…, yo qué sé, el caso es que aterricé.
¿Qué contesté a mi tío Pepito desde el suelo? Yo qué sé, el caso es que a los diez minutos estaba en casa…, mi tío Pepito.
Quería que le escribiera algo sobre la Virgen para recitarlo en su parroquia. En fin, estaba yo cómo para Vírgenes y Magdalenas pero para uno que me toma en serio pues no le iba a decir que no.
¡Qué empanada, ni la gallega! Mi imaginación es poderosa, pero es que hoy ha desbarrado hasta límites insospechados. El caso es que tío Pepito estaba emocionado recitando lo que su sobrina había escrito hasta que llegó el gafe de mi Pepe y tío Pepito le da a leer mi poema.
El bigote de mi cenizo esposo comienza a subir y a bajar como los ascensores y cuando termina de leer, me mira y me pregunta “Gordita, ¿Qué hace tu nueva novela, Mujeres descosidas, delante del calvario?”

¡Leches! Es que este hombre mío roba el lirismo hasta a una caja de cerillas.

jueves, 23 de marzo de 2017

¿CON O SIN? ESA ES LA CUESTIÓN

Mi consejo es rotundo: si vas a salir al mundo y necesitas gafas, póntelas a no ser que no quieras ver. Recuerdo el 16 de marzo… Estaba tan nerviosa que no podía estar con mi Pepe, pues era mirarle, aún sin gafas, y se me subía todo el cuerpo a la garganta. Así que decidí aquella mañana irme de casa, lejos de  este hombre cuya mirada era tan lastimera como la del perro. Con las prisas de la huida, solo miré en el monedero a ver si llevaba dinero. Normalmente salgo con dos euros, ¿pa qué más? Como haya más, vuelvo sin ello y, aún así, hay veces que vuelvo empeñada pues como pase por la puerta de mi estilista, el chino del barrio, él me fía.

Con los nervios, no me acordé de las gafas, sí abrí el monedero, como os decía, y había diez euros, ¡una fortuna!, pues ahí los dejé largándonos a todo mecha de casa mis nervios y yo, incluso rodeando el negocio de mi estilista para no caer en sus redes. ¡Craso error! Pues en el momento que te desvías de la ruta, te metes en el corazón del lujo madrileño. Iba resoplando cuando mis ojos, o lo que llevo debajo de la frente después de las cejas formato ojos, se toparon con un escaparate  monísimo. Me paro, observo, digiero y me quedo prendada de un modelito cuyo precio era la locura de las nenas 7,30 euros. Cuando me di cuenta, estaba en el probador mirando mí torneada figura, ideal de la muerte, feo que lo diga, pero es la verdad. Aquel vestido me sentaba fetén. Me lo quito, me visto, salgo y voy a caja. Pongo el vestidito en el mostrador, abro mi monedero y saco el monedero. Lo abro y pongo mis diez euros. Noto cara de sorpresa en la dependienta. Bueno, sorpresa no sino más bien altivez y desprecio, quizá sí. Como veo que no se mueve, la animo a que me cobre y va la tía y me dice con la voz gangosa de los pijos “Señora, son 730 euros”

Noté a mi rostro efervescente como tirando a grana en preludio de tarde torera. Salí de allí al estilo Curro Romero cuando el toro decía que le había mirado mal. Claro, al llegar a la esquina me di cuenta que llevaba el monedero en la mano abierto y sin los diez euros. Me tragué el orgullo y volví a por mi dinero. Allí, en el mostrador reposaban repudiados mis dineros. Arramplé con ellos y me fui tarifando a casa, era mucho mejor ver la mirada lastimera de mi Pepe que para eso no necesito gafas; hasta la huelo a kilómetros de distancia.

Y… llegó la hora torera, no las cinco. La mía era las siete treinta de la tarde. Poneros en situación. Yo, de fresatomate, con los ojos desvirtuados de mi Pepe clavados en la nuca. Se hace el silencio y las miradas expectantes del personal clavadas como banderillas en mi humilde persona. A todo esto, a mi editor no se le ocurrió ponerme el pasodoble “Bajo tu palio, un rosario”, me lo tuve que tatarear yo solita con lo mal que canto, coña.
Sin embargo, recibí una señal interna, esa de que os he hablado muchas veces aunque nunca os la haya pasado a desarrollar, mejor que no lo haya hecho pues valoro mucho vuestros sesos centrados. Bueno, el caso que recibo la señal y siento como me transformo en la Curra Romera mítica de tardes excelsas.

¡Cómo hablé, cómo me sentí en mi propio jugo de bien!... Flores, aplausos, yo sin ver, claro. A las gafas las había dado vacaciones, no veía un carajo, ni siquiera los ojos taciturnos de mi Pepe.
Conclusión: al principio manifestaba rotunda que no se puede ir sin gafas. Ahora manifiesto, igual de rotunda, que hay momentos que es mejor no ver.

¿Con o sin? Esa es la cuestión. Yo triunfé sin ellas. Ahora, os aseguro que si me las llego a haber puesto y lo primero que veo en el coso es a mi Pepe, salgo corriendo con o sin pasodoble. ¿Por qué digo esto? Porque habían pasado tres días y mi Pepe seguía con cara de precipicio, de abismo. Es tan tímido para ciertas cosas que el riesgo no es para él sino para una chiflada como yo que en su día interiorizó el eslogan de San Agustín del S IV en el que manifiesta que es licito, incluso obligatorio, hacer una locura al año… Y yo, mis queridos lectores, desde que despierto hasta que me desintegro por la noche estoy haciendo locuras.

¡Buen fin de semana!

miércoles, 15 de marzo de 2017

¡VIVA EL TABARDILLO, LERÉ!

¿A vosotros os ha dado alguna vez un tabardillo? A mí tantos que no tengo dedos para contarlos. Sin embargo se me pasaban rápidamente con un buchito de cazalla, pero hoy no tenía y he bajado a las catacumbas de mi Pepe y he encontrado algo mejor que la cazalla. Él no sabe que yo sé dónde esconde los vinos y bebidas virtuosas, ¡Ay, señor, señor, qué simples son estos hombres…, a veces! ¿A quién se le ocurre esconder cosas debajo de la cama? Pues a mi Pepe. Muy ordenadas pero debajo de la cama y una que limpia casi todos los días pues…, pasa el polvo a los tesoros de su santo. Es su necrópolis personal alcoholizada.
Había una botella muy bonita con una etiqueta muy rimbombante con una banda como la que llevan los reyes cuando reciben visitas de prosapia y pensé que me estaba esperando a mí. Así que la tomé prestada, la metí en el congelador y seguí haciendo el capullo mientras se enfriaba; se me olvidó, sí. Mi vida es tan intensa que voy a tener que pedir un pequeño aumento de horas. ¿No piden subidas de sueldos? Pues yo de horas.
Para calmar la ansiedad, el miedo escénico, me he puesto a bailar un poco flamenquito delante de un espejo. Total, estaba sola con Perro y este no critica nada de lo que hago. Se limita a cerrar los ojos. Sí, ya lo sé, para no verme. El caso es que he puesto mucho sentimiento “Tengo menos gracia que las avispas”, así que he dado la vuelta al espejo. Cuando me he cansado de taconear, bueno no me he cansado, es que ha subido la vecina de abajo a decirme que estaba tratando de hacer un yoga relajado. Como soy civilizada, pues…
Entonces, he pasado al segundo acto y me he dedicado a recitar la presentación de Mujeres descosidas. Había tanto silencio en la casa que me zumbaban los oídos, así que he puesto un pasodoble ¡Santa Críspula, Santa Leocadia y Santa Rufina!, si es que me he visto. Sí, me he visto en medio de un coso taurino a punto de iniciar la faena. Eso sí, no he visto claro si yo era el toro o la torera, pero uno de los dos, segurísimo. Me ha dado tal tabardillo que al no acordarme de tomar un buchito de virtuosismo de mi Pepe, he quitado el pasodoble y he pasado directamente al tercer acto; poner una lavadora. Acto que como bien sabréis ni inspira, ni calma, ni ná. Te deja insípida. Tan desabrida y desaborida, que he deseado que llegara mi Pepe para iniciar un diálogo, aunque fuera un diálogo sesudo, me daba igual, el caso era hablar y expresarme.
Pero los nervios hacen a la memoria quebradiza y se me olvidó que cuando mi Pepe inicia un speech de los suyos, solo habla él, se contesta él, se reflexiona él, todo él y, ¿qué espacio queda para mis íntimas y personales manifestaciones? Pues irme a la calle a pegar la hebra con el primero que me quiera escuchar.
Llegó Pepe, me miró, me acarició, me reconfortó…, y si todo hubiera quedado ahí pues, ¡Qué bonito! Pues no, vamos que no. Se vio en la obligación de ponerse en mi piel pero sin dejar de ser lo que él es; una mente cuadriculada y así, de esa guisa se vaticinan rayos y centellas.
“Gordita, déjame que lea tu presentación” Y yo como una cordera de pascua florida, voy y se la entrego… No había finalizado el segundo renglón y ya me estaba sacando taras. Tantas, que me había convertido en una mujer descosida, miraras por donde miraras.
¡Qué angustia, por dios! Cuando me fui a la cama, me dormí rápido, pero volví a soñar con el pasodoble y yo en medio del coso sin saber si era toro y torera. Me desperté sudorosa, me levanté no sé cómo, me fui dándome contra las paredes-esto es lo normal siempre-, llegué a la cocina, el perro me seguía, me miraba con esa mirada descabalada que tiene, me senté en la silla de pensar, seguía sudando, miré a los azulejos, retrocedí la mirada y…, de pronto lo vi.
Allí estaba silencioso, sin moverse, sin pestañear…El congelador. Entonces me acordé y grité ¡La botella! Qué grito daría que me desperté del todo y corrí a cerrar la puerta de la cocina para no despertar a mi Pepe, fijaros…
Las manos me temblaban mientras abría la puertita del congelador y mi subconsciente gemía “Muñeca otra vez la has armado”… Pero no, la botella no había estallado. Eso sí, su líquido estaba espeso de narices.
Miré la hora, cuatro y diez de la mañana. Hora estupenda para abrir la botella de etiqueta con banda de prosapia. En un momento X me pillé leyendo sin gafas “Champagne Munn” y pensando a la vez “Qué ramalazo afrancesado posee mi Pepe” y pasé al acto de apertura… El liquidillo espeso cayó al suelo y Perro se apresuró a limpiar el suelo para no dejar huellas visibles; se relamió y me miró.
Estaba claro que aquella mirada de perro lastimero me indicaba que diera un paso al frente y mojara mi garganta con un buchito de Champagne Munn con banda de prosapia.
¡Espeso pero riquísimo! Qué queréis que os diga, muy rico. Cuando comencé a ver a Perro por duplicado, decidí cerrar el día yéndome a la cama.
He dormido divinamente; Perro, también. Claro, nada más despertar he corrido a la cocina, he abierto la nevera para comprobar que la botella dormía el sueño de los justos. La he escondido debajo de la escarola, la lechuga y los pimientos. La verdad, no creo que ahí la encuentre Pepe…, como no cocina, no creo que le dé por darme un speech sobre la escarola al pimiento morrón…, digo, pues mi Pepe es imprevisible.

Conclusión: mañana, Dios mediante, jueves 16 de marzo, y antes de comenzar la faena, unos cuántos buchitos de Champagne Munn y lidiaré…, bueno ya contaré. Aún me falta definir si soy toro o torera.

domingo, 12 de marzo de 2017

EL TELÉFONO DE MI PEPE

Mi Pepe tiene un teléfono inteligente; cómo él, claro. Tú le pones la calle a dónde quieres ir y antes de que termines de escribir, el telefonillo prodigioso te ubica dónde estás (solo le faltó decir “Salgan de la habitación 216”) y a dónde vas; andando o en coche. A vuelo motor, no. Todo maravilloso y estupendo si no fuera porque antes de salir del hotel ya nos habíamos perdido. Yo me fío de mi santo esposo más que nada porque si no me pongo gafas no veo, y las letras de su móvil son para vistas agudas. Mi suegra siempre me decía la infinidad de suerte que había tenido con su hijo pues a los tres años hablaba igual de bien que Castelar, además era muy alto (talla estándar, no nos engañemos pero no era cosa que a la buena mujer la fuera yo a decir, una recién llegada, que su hijo era normalito de tamaño) y, rizando el rizo, veía más que la media. Yo, como lo de la vista no ha sido mi fuerte pues tan contenta que estaba de tener mi lazarillo vallisoletano. Así que con el asunto del guía telefónico me dejé llevar por Pepe; ya os digo, en una revuelta de un pasillo del hotel habíamos vuelto loco al móvil. Hasta que me di cuenta, y sin ver que eso sí que tiene mérito, que si la flecha te mandaba a la izquierda, Pepe se iba para el lado contrario. Por una vez fui prudente y no le dije “Pepe eres tonto”, lo pensé pero en mudo.
En fin, tanta era su emoción que le preguntaba el camino hasta para ir al baño. A dios gracias, descubrió algo aún todavía más heavy que le trastocó por completo y olvidamos preguntar al móvil más direcciones. se sentía Cristóbal Colón y todo lo que hacía con el teléfono, su obsesión, era no dejar rastro. Sí, su aparato tiene un chisme que borra huellas o es muy limpio, no sé qué pensar. Por si acaso, yo me sentaba frente a Pepe, no a su lado, no fuera a ser que me borrara a mí también.
El entusiasmo por su aparato era extensible a la cámara de fotos. Una que se siente como los japoneses cuando sale de casa, pues todo el rato diciéndole “Pepe hazme una foto aquí, allá, donde sea, pero retrátame” y el hombre con buena voluntad lo hacía pero no tenía cogido el tranquillo y, entonces, o mi gesto se demudaba de esperar o el sol de aburrimiento también de esperar, se largaba. Eso sí, no sé cómo apretaba el botón, el caso es que salían ráfagas y ráfagas de la misma foto. Para complacerme me preguntaba “Gordita, ¿cuál quieres que te mande?” Al principio las miraba sin gafas y veía la misma cara de panoli en versión seiscientas veces. Luego me puse las gafas y fue peor  ver seiscientas veces mi careto. Ojos que no ven, corazón que no siente, chicos. La cámara de mi Pepe es tan buena que saca todo, hasta lo que no existe aún; deprimente.

En fin, ya estamos en casa, sanos y salvos, y eso que a la media hora de llegar a Sevilla casi me caigo de una banqueta. Todo porque me tomé sin darme cuenta, eh, mientras la felicidad me embargaba y el jamó se aposentaba en mi agradecido estómago, tres “buchitos” de manzanilla; cuando me fui a bajar de la banqueta vi no uno sino tres Pepes, y me precipité al vacío. No preguntéis el porqué, pa qué…

lunes, 6 de marzo de 2017

LA MOSCA

No es justo que me levante a escribir cuando aún no se ha encendido el sol y venga una mosca a tocarme las narices. Sí, un insecto diminuto en vías de crecer y llegar a ser mosca cojonera.
Al principio pensé que al tener la ventana abierta por ahí se colaba, así que la cerré. Luego recapacité y quizá fuera mi Pepe en versión mosquito vigilante pero fui a la cama y dormía como un angelito. Más tarde me decidí a limpiar la habitación como una marujona de pro; pues tampoco, todo estaba como los chorros. Y ya me harté y la dejé por imposible pensando que se cansaría pero, ¡qué va!, menudas confianzas está cogiendo la moza.
Esta mañana se ha ahogado en mi vaso de café…, pero resucita. Mañana la tengo dándome los buenos días. Si hay días que la mato, la asesino contra la pantalla del ordenador y al rato se ha levantado como Lázaro.
Se lo he contado a Pepe y el hombre se ha quedado esperando para nada. Primero porque Pepe necesita gafas o tener unos ojos que no ven pero ven como los míos. Y luego es que Pepe se presenta a ver a la puñetera mosca a la una de la tarde y a esa hora no está; tal vez duerma la siesta, esté comiendo o yo qué sé.
Lo que me ofende es que mi Pepe me haya preguntado ¿Segura que es una mosca? A lo que yo le he respondido “Sí, Pepe, un elefante no es, no cabe en la habitación”
El sábado, para rizar el rizo, vino con una amiga. No sé si vendrían de copas o qué, el caso que se pusieron a revolotear en la pantalla del ordenador y, como es muy sensible, se volvió medio loca…, la pantalla. Las dos moscas como si con ellas no iba mi enfado. Una terminó ahogada en el vaso de agua; ni café quería. La viva allí se quedó tan fresca, menuda amiga que no llora por su amigo muerto.
La verdad es que os cuento lo de la mosca como os podía contar que hoy he comido macarrones. No tengo nada excitante que contaros a no ser que estoy de los nervios con el parto de mi novela. Y tristezas, calamidades, angustias, retortijones, nadie quiere escuchar y lo entiendo, por eso no lo cuento. Aunque sabed que estoy fatal.
Bueno se me olvidaba contaros que la otra noche estaba tan no sé cómo que decidí hacer un pase de modelos a mi Pepe; el perro se apuntó rápidamente, pensaría que entre pase y pase, habría galletitas. El caso es que no se enteró de nada…El perro no, sino Pepe.
Y que conste que voluntad puso para darme su opinión, pero no atinaba. Creo que lo flasheé al pobre; cada uno da de sí lo que queda.
-Eso que te estás poniendo, ¿para qué es? Es un trapo muy raro, ¿no?
-Pepe es para la presentación de la novela. Y no es un trapo. Es una especie de vestido, chilaba o camiseta suelta larga, al gusto.
-¡Ah!... ¿Tienes más cosas para enseñarme?
-Síiii… ¿Esto qué te parece?
-Y eso, ¿qué quiere ser?
-¡Por dios, Pepe! Esto es…, es una especie de pantalón ancho a modo de falda o así.
-¡Ah!... ¿Y lo has pagado todo lo que me estás enseñando?
-¿Cómo no lo voy a pagar, Pepe? ¡Qué cosas tienes!
-Pero, ¿te devuelven el dinero? Y ahora que me acuerdo, ¿no me dijiste que necesitabas un pijama?
Bueno, pues eso. Lo devolveré, me devolverán el dinero y me compraré un pijama. Sé que a la mosca la gustará verme con atuendo nuevo.

¿Os he dicho que estoy fatal? Pero no me quejo, eh… Fatal, fatal.

martes, 28 de febrero de 2017

ALGO HUELE MAL

La Santa Inquisición se cebó con mis pimientos. Ahora, no me lo explico. La última vez que los miré estaban coloraditos, gorditos, jugositos… Me despisto y ¡Zas!, no me lo explico. Si tenía la puerta de la calle cerrada, las ventanas cerradas, el perro dormido, mi Pepe jugando a las bolas, la coneja comiendo pienso y yo…, pues en Babia preparando la presentación de Mujeres descosidas hasta que me llegó un tufillo, al principio agradable pero luego, luego olía a quemado hasta en el portal. En esta ocasión no perdí los nervios, ¿pa qué si no estaba Pepe? Si llega a estar pues sí. Chillo, maldigo y Pepe acude pero sin él, ¿pa qué? Gastar nervios pa ná. 
Así que me arremangué, sin prisas, eh, abrí ventanas para que el humo se marchase a tomar vientos y en vez de enterrar cristianamente a mis pimientos en la basura, recogí sus cenizas, las expuse en la terraza un buen rato y cuando la humareda se despejó, y con suerte de que la alarma no se disparase porque ahí sí que hubiera tenido un gravísimo problema, ¿por qué? Pues muy sencillo: los de la agencia de seguridad al detectar humo hasta debajo del cuello de su solapa, hubieran llamado a mi Pepe que en ese momento, como he contado, estaría dale que te pego con las bolas y de la mala leche que se hubiera puesto al recibir la llamada de los agentes antihumos, hubiera dejado tuerto de un bolazo al primero que se hubiera puesto a tiro. Vamos, un dramón, porque mi Pepe no tiene seguro contratado contra bolazos inciertos. Mal hecho porque de mí no se debe fiar bajo ningún prisma. Es que la armo a la primera de cambio. En fin, esta vez me he librado del chorreo, así que tranquilamente observé a mis pimientos calcinados y como los nervios los tenía en el trastero esperando a Pepe, pues encontré posibilidades a mis pimientitos negritos, más negritos que una noche de apagón en Manhattan. Me puse las gafas de otear de cerca, cogí el bisturí en formato cuchillo y con paciencia, paciencia, pues he llenado una tarterita. 
De la alegría al observar mi proeza me he puesto a decir “Milagro, Milagro” y suena la puerta, abro. Era mi vecina que al oírme ha pensado que estaba sufriendo un pinzamiento de cabeza, y como yo soy buena vecina y cada dos por tres la estoy salvando de sus trances pues se ha visto obligada hoy a salvarme a mí… Me consuela mucho esta buena mujer, está bastante peor que yo, pero muy mucho más que yo, eh. Sin embargo todo aquel que la trata no puede dejar de pensar lo buena gente que es. Y digo yo, ¿a la gente la pasará lo mismo conmigo cuando me trate o se quedarán prendados solamente de mi chifladura? 
Se lo comentaba a mi prima Mari Espe el otro día porque hay una rama familiar cuyos genes encencerrados nos los han traspasado a unos cuantos y, claro, ya nos podían haber dejado otra herencia aunque tuviéramos que pagar un poquillo a hacienda, ¿no os parece?

¡Uy! Os dejo acaba de llegar Pepe y dice que huele raro, le voy a decir que ha sido el perro o la coneja, bueno ya veré… ¡Adiós!

viernes, 24 de febrero de 2017

LAS PENAS SE MATAN CON ALBONDIGAS

Cuando terminé de hablar con las paredes, me di cuenta que no soy nadie sin mi Pepe.  Nadie me replica, nadie me contradice, nadie me enseña. Vamos, me aburro como una ostra, me falta vidilla, la sal de mis horas. Así que nuestros reencuentros son lo más. Lo de menos es que al minuto y medio yo ya estoy en la posición de salida que no es otra que la de enfadada. Claro que lo más tremendo para mí y suerte para Pepe es que me enfado tanto que cuando voy a recapitular los agravios ejecutados por mí Pepe, no sé por cuál enfado he de darme por ofendida, se me ha olvidado. Lo más inteligente sería un enfado globalizado pero como mi desmemoria es global, mi supuesta globalización es un fiasco, insisto, para suerte de Pepe.
Y es que esta semana he estado sola hasta que apareció mi Pepe en posición de caballero medieval a rescatar a su dama ¡Qué semana, mamma mía! Si no llegan a ser por “las armóndigas” de mi prima Mari Espe, me suicido en el lavabo. ¡Qué armóndigas más ricas! Nos las comimos todas que si no, la pido una cazuelilla pa ahogar mis penas en su salsa con una hogaza de pan. No he dicho más disparates porque no me ha dado tiempo y como no estaba Pepe para recriminar mi vocabulario pues ancha es Castilla, pero ni eso me ha consolado. Está visto que cuando algo se tuerce, no hay que engañarnos; la situación es susceptible de empeorar y mucho, eh. Pero cuando la situación parecía próxima a enderezarse y mi cabeza emerger a un nuevo mundo como Colón, llegó el fontanero y me remató.
Yo pensaba que como mi Pepe no había más que él en su especie, ni reproducciones, ni copias, ni na. Sin embargo apareció el fontanero de nombre Cristóbal ¡Qué Cristo sin el bal! Solo digo que era mi Pepe en versión triple. Me dejó tartaja.
“Señora esto es una bomba de relojería, de un momento a otro estalla” Yo achicaba aguas con la escoba mientras él me ahoga en desastres naturales. Por culpa del local de mi madre, Valladolid se vería obligado a ir en barca para comprar el pan… Igualito que mi Pepe cuando se pone a enumerar los cataclismos que pueden llegar a suceder si… Menos mal que “ese si…” casi nunca se da, a dios gracias. Pero el fontanero, insisto, en versión triple, igualito que si te tomas un dry Martini triple, actitud que aunque fueran horas de no estar puestas las calles vallisoletanas aún, debí hacerlo y tomarme un par de ellos para no soportar conscientemente al tal Cristóbal.
Me libro del fontanero, una vez que le pago por contarme las catástrofes porque otra cosa no hizo y llega a mi vida “otro propio” de corte distinto con resultados similares y mi Pepe sin aparecer. El fulano se pone a mirar las paredes, los techos, a poner cara de asco, si me apuráis sentí hasta su desprecio en mi ánimo ahogado previamente por Cristóbal. Mi cabeza ya solo daba de sí para decirme “Escúpele, dale una patada en los güevos” pero me contuve más que nada porque me empezaba a bloquear y encima ya estaba tartaja y cada vez que el fulano me hablaba yo parecía potencialmente idiota con un par de pedruscos en la boca que impedían que le dijera “Vete a la mierda”
Al fin se largó por dónde había venido, a dios gracias, y llega un buen hombre, por fin, a mi vida. Me arregla la puerta, le pago, se va y…la puerta que no cierra, que sigue rota. Mentalmente me puse a llorar aunque lágrimas no salían, bastante ahogada estaba yo de agua como para que mi cuerpo se pusiera también a expeler agua.
 Y llegó mi Pepe montado en su rocín negro maldiciendo porque no encontraba hueco para aparcarlo. A mí a esas alturas, me importaba un pepino que los mil caballos negros de Pepe fueran a ser multados por un propio vallisoletano cuyo objetivo es engordar las arcas municipales a costa de los rocines y sus conductores. A mí lo que me importaba es que mi Pepe ya estaba junto a mí calentándome la oreja y diciéndome “tranquila, todo se arreglara”… Claro, luego añadía lo mal que había hecho las cosas, yo, él no porque no estaba.

¡Ay si no llegan a ser por las arbondigas de mi prima Mari Espe, qué hubiera sido de mí!
Por cierto y hablando de  los beneficios de las albondigas, en mi novela MUJERES DESCOSIDAS, el plato estrella de la novela son las albondigas, ¿qué coincidencias, verdad?

viernes, 17 de febrero de 2017

DESPERTANDO CON MI PEPE

¿Para qué me habré despertado a la vez que mi Pepe, madre mía? Lo mío es despertar a oscuras y dándome contra los muebles. Al segundo café comienzo a ser un algo imprevisible. Sin embargo hoy tenía tanto sueño que me he despertado con la trompeta de Pepe. Sí, su despertador reproduce la misma cancioncilla que sonaba cuando hizo la mili en Zamora. Estás dormido profundamente, balanceándote en una nube de algodón, seguramente estaría cantando “Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña y como veía que  resistía fue a llamar a otro elefante…”Y de pronto la trompetilla ¡Tururutururiiiiii! te incorporas igual que un muñeco de goma. Abres los ojos, no sé para qué pues no ven, simplemente están desorbitados y la trompetilla ¡Turururiiiiiitururiiii! Y tu abdomen balanceándose para atrás y para adelante. Lo bueno que como estás en estado de “cuerpo goma con resorte” no te caes. De repente en mi oído izquierdo escucho una voz cantar “Quinto levanta, tira de la manta, Quinto levanta, tira del colchón que viene el sargento con el cinturón”… Era mi Pepe, sí, mi Pepe aunque suene increíble, era él de cuerpo presente.
Cuando ha terminado de cantar me ha mirado y me ha dicho “Nunca has sido mía “Claro en mi estado catatónico recién despertada al estilo cuartel lo último que mi mente podía pensar  es que me despabilaba con un libre pensador de Valladolid al estilo Voltaire, Strauss o Thomas Paine ¡Vamos a ver, un poquito de por favor! Total que con ese nivelazo con el que amanecía mi Pepe yo no podía quedarme atrás, dentro de los límites a los que mi cabeza se ve acotada por su limitación natural claro. Así que le miro, le miro sin ver porque mis sesos se resistían a despertar y si mis sesos no funcionan el resto de mi cuerpo no funciona, ni manos, ni pies, ni ojos, nada, bueno, como cualquier mortal que tenga sesos pues si no tiene, no es mortal sino un fiambre o simple muerto por falta de sesos. ¿Me seguís? Qué suerte porque yo llevo un rato perdida. En fin, a lo que iba… Y soy capaz de articular alguna que otra palabra y le contesto “No soy ni de mí misma así que fíjate cómo voy a ser tuya, Pepe” Aquí enmudezco porque no me acuerdo de lo que acabo de decir y como no me acuerdo pues le digo “Tienes que interiorizar que soy un ser ecléctico, Pepe” Dije esto como podía haber dicho que era un pez volador, pero es que lo asombroso es que me empezó a mirar de una forma amable, nada triste ni dormida que, aunque con su cresta sin peinar, lo que yo hubiera dicho que yo no me acordaba, a él le había satisfizo.
Seis cafés hasta que he logrado acordarme  de lo que he dicho de mí misma. Cuando me he acordado, he perdido el trasero en ir a por el diccionario de la RAE y saber qué era ecléctico y leo “Adjetivo masculino y femenino: que en su manera de pensar o de actuar adopta una posición intermedia o indefinida, sin oponerse a ninguna de las posiciones posibles
Me he quedado mirando al diccionario no entendiendo o entendiendo que soy ente conciliador, yo qué sé. Sin embargo me gusta más ser ecléctica en versión de obra y pensamiento “Que trata de reunir, procurando conciliarlos, valores, ideas, tendencias, etc., de sistemas diverso”Vamos una versión de mujer licuadora que mezcla tó y a ver qué sale.
¡Ay, no sé! Me he puesto dolor de cabeza yo sola eligiendo el eclecticismo que quiero ser, si persona o pensamiento… Si cuando digo que mi mejor estado es encefalograma plano…, y todo por querer estar a la altura de mi Pepe.
 ¡Virgencita del Chiringuito más próximo, déjame como estaba, bajita y feliz!



jueves, 16 de febrero de 2017

LA VIDA ES SUEÑO

¡Qué sueño más estupendo he tenido y qué lástima cómo ha acabado! Me he acordado de él mientras iba en el autobús. Rápidamente he sacado mi libreta, objeto que no debe faltar a todo escritor que pretenda ser algo en el fabuloso mundo de los sueños escritos. Mis libretas son de los chinos, nada glamurosas pero baratas. A veces escribo a salto de mata y cuando voy a transcribir no entiendo ni jota con lo cual me tengo que inventar algo sobre lo ya inventado; riesgo que corro con frecuencia, pero asumo con total sencillez que no me entiendo a mí misma ni en letra. Bueno, a lo que iba… Saco la libreta me pongo a tomar apuntes de mi maravilloso sueño y era tan histriónico que me empecé a reír yo sola y cuando me río muy de seguido, la risa es acompañada por el llanto, lágrimas alegres corretean por mi rostro. Hecho que a mi madre nunca le ha gustado, me dice que la gente al verme va a pensar que estoy loca y yo la contesto que mejor que se dé cuenta antes que después y así no se lleva a engaño sobre mi estupenda persona que soy. Cómo ve que su comentario no me afecta, me ataca por el lado físico “Mírate al espejo ¡Anda que no tienes arrugas! Y eso es por tanto reírte, gesticular, tomar el sol, mala alimentación, falta de agua…”Vamos un sinfín de desastres naturales ve mi madre que paso un par de días peinándome a oscuras y, claro, salgo a la calle con la ralla torcida. En fin, cosas de mía Mamma, pero no dejo de reírme, sin embargo lo que me ha pasado en el bus me ha, me ha, me ha puesto del revés, repámpanos. Me lo estaba pasando yo tan bien conmigo misma mismamente y de repente una voz me pregunta “Señora, ¿se encuentra usted bien?” Una lágrima que bailaba chachachá, se ha quedado parada en medio de mi moflete izquierdo. Agradezco infinito que un extraño se preocupe por un desconocido pero de ahí a llamarme señoraaaaa, hay un trecho. ¿Pero es que la gente no mira? ¿Pero es que la gente no ve en mí una niña? Me dan ganas de chillar “Soy una niñaaaaa” Claro, inmediatamente vienen a mi memoria esa que nunca se acuerda de nada las palabras cenizas de mi madre. Me he tenido que bajar del bus y subir la cuesta andando, no entiendo como Madrid tiene tanto sube y baja, bueno, como Lisboa, y al acordarme de Lisboa me he animado, me he animado sobremanera pues mi carácter es como un ascensor, sube y baja continuamente, igual que Lisboa la bella; Resumiendo, yo igual de bella.
¡Me voy por los cerros de Úbeda! Lo siento. Ya sé que estáis esperando que os cuente mi sueño estupendo pero entendedme, que me llamaran señora ha sido como un antes y un después, igual que mi sueño.
¡Ay mi sueño! Qué bonito… Estaba espléndidamente decorada, yo. A mis pies una sala abarrotá de gentío mirándome embelesado, escuchando mis palabras sin seso... Acaba de decir mis últimas palabras sobre mi novela “Mujeres descosidas” (triunfantes, que jamás falte el optimismo, más vale que sobre y no que falte. Lo decía mi abuela desde que vivió la guerra y no encontró lentejas en tó Valladolid) cuando la sala se pone en pie y una tormenta de aplausos inunda mis tímpanos. Mi ego ya no estaba allí, de lo elevado que se había elevado se encontraba cerca de planeta Plutón por lo menos y, de repente, se oye un sonido. A continuación entra una banda de músicos, por lo menos serían, veinte o treinta (más vale que sobre y no falte… acordaros de mi abuela Daniela y sus lentejas)
Y, y, ¿diréis? Pues se ponen a tocar “Paquito el chocolatero” Bueno, bueno… Bueno no sé lo que vi primero si al enjuto de mi Pepe huyendo de la sala o la policía dando porrazos por desorden público, el orden de los factores no altera el producto.

¡Puerca miseria! Es que ni en sueños puedo dibujar jocoso y cachondo a mi Pepe…No me hago con este hombre, eh.

viernes, 10 de febrero de 2017

SAN VALENTÍN

¡Muy fuerte, pero muy! Acabo de leer que en los supermercados celebran San Valentín. Mi Pepe siempre tiene un detallito conmigo; no cree ni en Valentín ni en San, todo hay que decirlo, pero él sabe que está emparentado con una consumista de pro y con tal de tal, celebra hasta el día del palillo prodigioso si es que llegara a existir. Entonces, claro, yo me veo obligada a tener también un detalle con él. No siempre lo tengo, todo hay que decirlo. Primero porque su austeridad es tan austera que jamás necesita nada. Sin embargo este año estoy blandita y como mi Pepe no tiene dientes que se los están poniendo pues está triste por añorar unos dientes donde hincar el diente ¡cómo me explico! igualito que un libro cerrado y con candado. Bueno el caso que en el San Valentín del súper he visto tomates raf a 2,49€ y tomates para salsa a 0,89€ y como Pepe su vida socio consumista gira en torno al tomate, pues le voy a regalar un par de kilos, pero los de salsa, porque sin dientes que no tiene será mejor la salsita para su inexistente dentadura. Por menos de dos euros he quedado como la reina del mambo en una noche de pasión roja y mi bolsillo no se ha resentido.
El caso es que yo le iba a pedir a mi rumboso Pepe de regalo de “Sin San Valentín también te quiero” una joya pero me da no sé qué, qué sé yo que el chico se gaste una pequeña fortuna y lo mío no llegue a dos euros, así que me he puesto a pensar aprovechando que es día par y otra obsesión de mi Pepe son los calzoncillos y los calcetines. ¡Qué desajuste emocional sufre cuando no los encuentra! Piensa que se los han robado. Ya le digo yo “Alma de cántaro quién te los va a robar si parecen de cura célibe restringido y estreñido”, pero el sufre cuando abre el cajón y no los ve. Pero es que acabo de leer una noticia inquietante. Más del 23% de la población masculina les importan un carajo llevar calzoncillos o calcetines rotos… Y yo, en mis sesos planos, me pregunto, ¿qué opinarán las féminas/felinos que se topen con ese 23% en una noche de pasión, desenfreno y lujuria cuando vean los dedillos de los pies al viento o esos agujerillos inoportunos en los calzoncillos? A mí porque nadie me va a preguntar pero el primer consejo ahorro/económico que daría es que sin luz todos los gatos son pardos. Pero ¡ojo! mi Pepe lleva todo cosido y bien atado…Sí, regalar unos calzoncillos no es nada romántico, pero mi Pepe tampoco lo es.
Claro que a continuación he leído otra noticia aún más espeluznante. El 41% de la población masculina prefieren a las treintañeras/os para una noche de pasión, lujuria y desenfreno; al resto que las den canutillos de las monjas. Ni las/los de treinta para abajo ni las/los de cuarenta para arriba tienen nada que hacer. Las unas/unos porque aún no se han descubierto así mismas/os y las otras/otros porque su lívido se encachirula. Total, es lo que hay.
…Pues estoy pensando que ni tomates ni calzoncillos ¡Anda que le ondulen! A ver, yo pasé antes de ayer de la treintena como quien dice con lo cual a mi me va a desechar, ¿no? Pues ya está.

Ahora, yo pido mi regalo, anda que lo pido. Buena soy yo…

miércoles, 8 de febrero de 2017

DE MADRE A HIJA Y VICEVERSA

¿Veis cómo no puedo ponerme seria? Piensan que estoy triste. Ya le dije a mi Pepe “Miarma, no puedo estar todo el día al estilo Jardiel Poncela. En algún momento me tengo que centrar y hacer por ejemplo una tortilla de patata” La verdad es que con mi explicación se quedó mucho más in que aut, se dio la media vuelta y no dijo ni Pamplona, adiós gracias, porque medio minuto juntos es un ir y venir de palabras que nunca confluyen, agotador. Para eso ya tengo a mi madre que, según ella, siempre estoy dando motivos para que el mundo se levante contra mí. A veces se me olvida que mi madre de vez en cuando regresa de sus paraísos fiscales dispuesta a presentarme batalla y yo que entro al trapo solo con mirarme pues se monta. Claro que la doctora me dice que hago bien, que he de darla motivos para que piense, recuerde y hable…, y anda qué lo hago y sin yo querer muchas veces. Sin verme ya me presiente y antes de que abra la puerta, ella ya está sacando el capote.

El otro día por más que la llamaba, era imposible que regresara de sus paraísos fiscales, pero en un momento X me vio, momento que aproveché (erróneamente) para decirla que estaba pensando en rellenarme como la reina con ácido hialurónico. Su mirada cainita me taladró y después de sopesar sus palabras me dijo “Menos pensar en ti, egoísta, y mejor dáselo a tus hijos que falta les hace” Despepitada abrí el móvil a buscar una foto de mis dos Peluches y les vi ideales, en cambio yo encontré de mí misma un selfie que ni con el nivel de belleza al máximo se me quitaban las arrugas, así que me volví a mi madre y la contesté “Digo a Peluche mayor que le voy a rellenar del relleno  hialurónico y me manda a cascar nueces, mamá. No te digo si se lo menciono a Peluche pequeño con ese carácter jovial que posee. Me manda a las islas Caimán de un bufido”… Se queda callada y a continuación “¿Cuánto cuesta rellenarles de ácido? Dímelo en pesetas y ahora mismo llamo al banco”… Ese día salí con los sesos disecados y triste porque me cuesta reconocer a la madre de rompe y rasga que fue, pero se me pasa, eh. Al día siguiente volví como nueva y dispuesta a plantar cara al combate. Ese día decidí leerla el periódico y comentar. No pasamos de la primera noticia, ni en el congreso se arma la que se armó en la habitación de mi madre. Leo “El Congreso votará el jueves si reforma el Código Civil para que las mascotas sean consideradas seres «sintientes», en lugar de cosas, como ocurre desde el siglo XIX. Ya se han recogido 243.000 firmas” Mi madre que aterriza y se acuerda del corderito lechal que compró mi abuelo cuando era pequeña, tan blanquito, tan gracioso y que mi abuelo asesino para comérselo ¡Pobrecita!, lloraba sin consuelo hasta que se me ocurrió nombrar la palabra mágica que todas sus penas cura: el nombre de mi Peluche mayor. Entonces, de sus ojos que casi no ven, de su rictus hosco, emerge una luz maravillosa indescriptible y va y me dice “¿Por qué no dices a Peluche que se meta a cura? Viven muy bien y nos vamos los tres a un pueblo perdido a enseñar la palabra del Señor” Según hablaba me estaba imaginando a mi Peluche mayor con sotana saltando y corriendo como las cabras por los montes diciendo a sus ovejas “Ríete, mañana te puede faltar un diente”

domingo, 5 de febrero de 2017

DE HOMBRES Y VICEVERSA… y nueva señal

¡Mi sueño hecho realidad! No me lo puedo ni de creer. Cuando toda yo pensaba que mis quimeras eran un simple fotomontaje, ¡Zas!, es cierta que existe la existencia.
Sé que prometí hablaros de las señales que recibe mi instinto de escritora, pues aquí va una de ellas ¡Muy tomate!...
¿De qué os estoy hablando? Pues del personaje masculino de mis novelas, ¡Muy fuerte! En Sevilla…Gymnopédies se llamaba Bosco, culto, erudito del arte y las letras, con leves toques de esencia a hippy chic; las auxiliares de la residencia de mi madre se enamoraron de Bosco hasta el punto que las tuve que llevar su retrato robot, como esos que hace la policía cuando busca a un asesino en serie, pues el mío en versión cañón y buena gente, claro.  Para malos, no hay más que leer los periódicos.
En Mujeres descosidas mi nuevo galán se llama Jesús, no es que sea un nombre que me ponga, pero es que en mi familia los Jesusees crecen como las setas y en tributo a ellos, en especial a mi abuelo, pues le pongo Jesús y a una de las protagonistas la llamo Daniela, como mi abuela, más que nada para que no se encele porque mi abuela era una mujer de armas tomar. Pues bien, Jesús en Mujeres Descosidas es maqui con boina calada al estilo Che, nariz aguileña, médico, y de nobles valores muy consolidados… Hasta aquí, todo normal. Mi retrato robot ha sido realizado en ambas novelas  tomando de aquí y de allá. Una voz, una sonrisa, una forma de hablar, una estatura… cualquier cosita me vale si es que me topo con un hombre y le presiento posibilidades para mis fines literarios… Hasta aquí, todo normal, insisto.
Pero héteme aquí hoy, una mañanita dominguera en ciudad de provincias con un solecito de febrero, de hielo puro y poca conciencia, voy a buscar a mi madre a la residencia para darla un paseo y la pobre se ha quedado compuesta y sin paseo. ¿Por qué? Porque mi hombre XYZ novelero estaba allíiiii; como os lo cuento. Me he puesto hasta las gafas de ver para ver , y no imaginar como siempre hago, lo que de verdad se ha de ver con unas gafas de cristales bien graduados y limpios, así qué fijaros hasta dónde llegaba mi impresión.
Me dispongo a discutir con mi madre, afición entre ambas muy arraigada, mientras la ponía el abrigo, cuando me dice “Ha venido el hijo de fulano. Un chico muy educado” Yo, que también quiero hacer gala de los dineros que se gastaron mis padres en educaciones diversas y variadas, contesto “Pues ahora me acerco a saludar” A lo que añade mi madre “No vayas porque a ti lo que te pierde es lo cotilla que eres” Mi madre, muy cariñosa siempre, pero yo arranco a andar dejando a mi madre con un brazo dentro y otro fuera del abrigo mientras el eco de su voz resonaba en mi espalda “Ven aquí, cotilla”… Demasiado tarde, mi suerte estaba echada.
¿Qué habrá pensado de mí? La cara no me la he visto, pero la he sentido, anda que la he sentido, hasta mis músculos atrofiados de no moverlos para que no me salgan más arrugas de las convenidas.
¡Qué sonrisa más blanca, madre mía! Mi cerebro navegando normalmente a velocidad de crucero, en esta ocasión se ha acordado de mí dentista y me ha dicho “Cómo no te deje esos dientes, le cortas la cabeza” Mis ojos que nunca ven, en esta ocasión con gafas de ver a todo volumen han perdido el pudor y las miles de dioptrías que  poseen desde mi tierna infancia.
A continuación, ya con los sesos disparados, me he dicho “Otra señallllllll” Sí, percibo ondas cósmicas y el que no me quiera creer que no lo haga, para eso estamos en democracia, pero yo percibo señales cada vez que lanzo una novela, puñetas, que me invitan a seguir hacia delante, claro, cerrando las orejas a los comentarios de mi Pepe que dice que los tontos cuando se acaba la linde, ellos continúan; a mí que diga misa, porque ese hombre, el hijo de Fulano y Perantana, era real, más real que la ficción, y lo más tomate es que era el protagonista sin él saberlo de Mujeres descosidas. Yo lo había descrito con todo lujo de detalles, si hasta la forma de mirarme era con la que Jesús miraba a Juana, la protagonista.

¡Ay, cuando se lo cuente a las auxiliares de la residencia, madre mía! Ese día ponen doble pañal a las ancianitas mientras hacen cola en la habitación de Fulano para que las dé una foto de su hijo… Que sí, que sí, que las mujeres somos así.

INDEFINICIÓN, esa es la cuestión

¿Pantoja o Goyesca? He ahí la cuestión. Semana de encontrados sentimientos en la que he terminado, ¡adiós gracias!, preguntándome sobre si existe un fuerte, leve o ausente instinto a la mediocridad dentro de mis renglones. ¡Muy tomate la salsa engendrada en mi sesera! La sencillez que es mi constante vital, mis zapatillas de andar por la vida, se ha visto vapuleada en estos días de tanta agua y viento llevándome a la deriva emocional.
En esto estaba en mi silla de pensar, mi mejor sicoanalista, cuando sonó el teléfono y una voz pregunta “Me puedes decir qué puñetas te pasa” Era mi dulce a la par que cariñosa prima Blanca que a su vez ella también estaba sentada en su silla de pensar pensando en mí ¡Olalá!… Y yo empecé mi ciclo de quejas, incertidumbres y dudas. Ella escuchaba y apenas interrumpía mi sesión de lamentos para decir “¿Tú eres tonta?” A lo cual mi queja se elevaba a mayor dramatismo soltando un verborrea doliente y muy sentida y la prima añadiendo “Panoli, eres una panoli” Claro, todo tiene su fin, adiós gracias, y otra cosa no tendremos las mujeres, pero la diversidad de formas y colores, es el punto fuerte de toda fémina que se precie. Más, si está en el taburete de pensar, y una vez vomitados los claroscuros hablamos de los divino y humano para terminar con una sesión rápida de cocina, algún consejo sobre vestimenta, salud y belleza, poner a parir a alguien y a otra cosa mariposa.
¿Para qué va a ir, entonces, a un psicoanalista a que te sople 30 eurazos, que puedes invertir fantásticamente bien en temporada de rebajas si eres lista, paciente y con tiempo, teniendo una prima, una amiga, una hermana, con silla de pensar para adentrarse en los estercoleros mentales propios y ajenos? El mundo femenino es un jardín botánico digno de recrearse cualquier escritor. Las mujeres salimos adelante por la infinidad de recursos que tenemos. Somos fuertes, locas y valientes y, encima, capaces de meternos en un confesionario, alias silla de pensar, para blanquear con una buena lejía nuestros pensamientos.
No, no soy feminista, pero a cada uno hay que darle lo suyo y hoy vengo a hablar de las paranoias femeninas o comúnmente conocidas por pajas mentales. Y la culpa de todas mis pajas la tuvo la Pantoja… Comenzaba la semana con frio y lluvia, entonces decidí sentarme con mantita y televisor y ¡Zas! Sale la Pantoja diciendo a tó que la quisiera escuchar “Te quiero, te quiero mi vida, te quiero miarma…” “¡Leches!- dice mi subconsciente- si esa eres tú diciendo hasta las farolas, papeleras y sucedáneos, que las quieres” Tanto interioricé el te quiero de la Panto, que me fui a la cama pensando que la Pantoja me había robado mi identidad fosforescente.
Pasan los días, sigue lloviendo mientras yo me empapo de los Goyas. Es una ceremonia que me encanta, además apoyo al cine español. Eso sí, voy con un poco de retraso porque estoy en la época de Lina Morgan, Ana Belén y Alfredo Landa… Todos los años la veo mientras escupo algún exabrupto a esos actores que van de divos y son eso, simples mortales revestidos de un Valentino, Armani…, sin apoyar, encima, a la moda española ¡Anda que os den! Pero lo que más me gusta es el discurso de los premiados que se acuerdan hasta de primo de Murcia que hace años que no lo ven. Y entonces, una vez que he visionado el vestido que Lorenzo Caprile me haría en exclusiva, me pregunto “Muñeca, ¿tú qué dirías?” Y ahí me doy de bruces con la madre del cordero. Mis pajas mentales florecen como el musgo en alta montaña gritándome “Pero dónde vas con el cavas, pardilla, te crees una Elvira Lindo, una Carmen Posadas, una Almudena Grandes, pero tu reino es la mediocridad. A ti jamás te darán ni el papel que envuelve a una piruleta” Y aprovechando que el Ebro pasa por San Sebastián y ha dejado de llover, abro las compuertas de mis pantanos íntimos y personales y me pongo a llorar, a llorar hasta que se me acartona la piel por falta de agua.
Menos mal que hay por el mundo muchas primas Blancas, Maytes, amigas Isabelas… que salen a recoger los cascos rotos de tu autoestima y con paciencia y cariño te ayuden a coser y zurcir las luces y sombras de tu persona.

Somos humanos y como humanos que somos, además de vulnerables, somos los perfectos masoquistas.

jueves, 2 de febrero de 2017

VIKY Y LOLA… LOLA Y VIKY

Y de esto han pasado dos largos años…
 ¡Éramos pocos y parió la abuela!... Tranquilos, esta vez no vengo a contaros lo que he visto en la TV, aún no tengo complejo de parrilla televisiva. Mis colaboraciones hay que enfocarlas como manual de autoayuda. Es decir, si alguien piensa que solo a él y nada más que a él le pasan cosas raras, que se quite ese complejo absurdo. Simplemente tiene que leerme y automáticamente se sentirá aliviado. Os cuento…
Mi fin de semana ha sido denso, espeso, vamos que aún estoy sufriendo los estragos. El sábado 31 me levanté pues como se levanta una: despierta aunque profundamente dormida; era el cumpleaños de uno de Peluche pequeño y estaba dispuesta a agasajarle como se merecía. Sería el eje central de nuestras vidas, se sentiría el rey de la casa por un día. No pudo ser, los hados no estaban dispuestos. ¿Por qué? Hay mucho cabroncete suelto disfrazado de buen samaritano que pensó que como mi niño no tiene pareja de hecho ni de derecho, de alguna forma buscaría algo o alguien para que mi niño no sintiera la soledad ni las carencias afectivas. Y yo digo a ese amigo samaritano “A mi Peluche no le falta de ná porque no hay amor más grande que el de una madre”, pero no cuela. Año tras año el cabroncete se erige celestino y el 31 de enero ¡Cómo que se me atraganta!

Me puse a cocinar tan contenta, previamente había mirado si el niño estaba en casa y si dormía solo, todo en orden, con lo cual me puse a guisar un rico corderito con ayuda de la yaya Pichu aunque si lo llego a saber me espero, porque cuando estaba yo en el momento álgido de la cocción del corderito se levanta el homenajeado y dice “Madre tengo una sorpresa para ti” Automáticamente pensé que la criatura me había confundido con Isabel Gemio y añadió “Ahora te la traigo”… Yo muda para no meter la gamba. Además, eso de emular a la Gemio pues no me fascinaba; es una sabelotodo y yo sólo sé que antes muerta que sencilla, para todo lo demás tengo a mi Pepe que sabe de todo y más. Entonces, ¿para qué voy a gastar las pocas neuronas que tengo?
En fin, soy madre amantísima a la par que gilipollas, así que me acicalé, me santigüé y esperé novedades con el delantal de Mafalda que me da mucha seguridad. Mi sorpresa se hizo esperar, pero llegó y dijo con cara de cordero degollado “Madre, te presento a Victoria Federica, pero la puedes llamar Viky” Por un momento pensé que me traía a la nieta de la reina madre emérita y yo ya me veía en el palco de honor el día del desfile de las fuerzas armadas viendo a la legión con su cabra de turno y yo elegantemente vestida con mi delantal colorado de Mafalda, pero no. Viky era especial, ni nieta ni sobrina de reyes; mi gozo en un pozo.
La miré de una manera aprensiva. Me miró con unos ojazos zainos y a mí se me nubló la comprensión. En décimas de segundo por mi mente pasaron todo tipo de películas y eso que no era el día de los goyas. Vi a mi vecina obsesionada con los agujeros que hay en su jardín, el estupor de mis amigos cuando vayan a las veladas veraniegas a mi casa y les reciba Viky, a mi pobre Pepe, alma cándida, aguantando otra excentricidad de sus hijos… Vi de todo menos a mí misma, yo creo que había huido a las islas Caimán en busca de la fortuna de los Pujol.
Pero no, allí seguía sentada con mi estupendo delantal de Mafalda sin que Mafalda protestara porque encima de ella se estaba haciendo sus necesidades la Vicky.
Mi Peluche pequeño ya no se siente solo, únicamente amargado. Su madre acaba de dar el desayuno a Viky mientras el perro llora de amor. Sí, Perro es el único que se ha enamorado profundamente de Viky. Mi casa, amigos, ya no es una casa. No vayáis al zoo, venid al mío; un perro, un pez, una tortuga y ahora como plato estrella, una coneja. Se llama Viky.
En esta casa no hay nadie normal, ni siquiera la coneja que se deja lamer con gusto las caricias de un perro enamorado.