martes, 14 de noviembre de 2017

LOLA LA FARMACIAS

Estoy más chuga que los Chunguitos… Si me dicen que me voy a convertir en un arsenal de pastillas sin ser pastillera, no me lo creo, pero la realidad o la edad, yo qué sé cuál, me hacen tener cuerpo y cara de pastillas de colores, redondas unas veces, alargadas, otras, ¡puerca miseria, leñe!

Para comenzar el día y en ayunas me zampo la dosis del tiroides. Al ratito, ingiero la de la tensión. Al otro rato, si el lumbago no hace pellas y decide quedarse conmigo, un ibuprofeno. Ya en sesión de tarde, un poquito de pastilla para el colesterol y para cerrar el día glorioso, la súper pastilla para que mis nervios descansen.
¿En qué se ha quedado vuestra Lola? En una farmacia, coña. Pero lo más tomate es que mi Pepe se ha convertido en un espía y cuenta las pastillas y si sobra alguna, tenemos el tomate montado.

Menos mal que mi esencia aún sigue intacta, es decir, tanta pastilla no altera el producto que engendré con trabajo, tesón y humor, y en que la vida me ha convertido. Gracias a Dios y aunque camine a ratos torcida, otras, con el rostro contraído, no me quejo. Porque no puede haber algo más desagradable que encontrarte con alguien y ese alguien comience a desgranar con pelos y señales los males enfermizos que la acosan… ¡Noooo, un cuerno de vaca! Yo callada tampoco, antes muerta que muda y hablando del tiempo que es muy socorrido.

¿Veis? Eso es una enseñanza de mi Pepe, el jamás se queja. Claro, que de no quejarse, casi se me muere y los niños y yo diciendo “Hoy a papá se le fue la mano con el güisqui” Pobrecito mío y lo que le pasaba es que tenía tan alta la temperatura corporal que su mente, tan equilibrada siempre, se había desmadrado y decía unas tonterías de tal calibre que los tres nos sentamos a darle palique para que siguiera haciéndonos reír hasta que sus ojillos, cada vez más chiquitos, se pusieron a modo de la niña del exorcista y, leñe, ¡qué susto! Los tres nos pusimos a aporrear la puerta del vecino que es médico.

Así que no hay que dar la brasa al prójimo, pero si te ves mal o si alguien te encuentra diciendo más tonterías de lo normal, dar aviso rápido a alguien que entienda. Y lo de entender lo digo por la gente que sabe, médicos, enfermeras, auxiliares o algo así, y no a un amigo, vecino, conocido o familiar, que su especialidad sea medicarse porque sí. Porque yo una vez, me sentí experta y me tomé una pastilla y me quedé al otro lado casi veinticuatro horas, eso sí, sin dejar de decir tonterías. Desde entonces las pastillas las miro con muchísima prevención y sin consulta médica, no me trago una pastilla ahí me muera.

Y pensando, recapitulando, ¡y mi Pepe que no se toma ni una pastilla! Está como un toro… ¿Veis? No os fieis de las apariencias, estas engañan pues yo tan luminosa siempre y Pepe tan gris siempre y la que usa pilas para iluminar soy yo y no él… ¡Puerca miseria!

domingo, 12 de noviembre de 2017

LOS METROS CUADRADOS DE LOLA

Vamos a ver, vamos a ver si me centro porque mi cabeza es un cuadrado de muchos cuadrados. Desde luego,  antes de que amanezca mi Pepe y me pregunte la pregunta de todos los días “Lola, ¿qué ha pasado mientras dormíamos?” Y hoy no tengo respuestas a no ser que me la invente que también lo puedo hacer, eh. Le digo que en el Machupichu ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad y ya está. Claro que él entonces me preguntará “¿Gordita, de qué año has leído la prensa, del 1983 o el 2017?” Y ya me pilla y ya la tenemos montada desde que amanecemos hasta que nos desintegramos allá por las doce de la noche.

Y todo esto me pasa por querer saber más de la cuenta cuando sé a ciencia cierta que con neurona y media que poseo por mucho que apriete para que quepa más sabiduría, no cabe y si no cabe, no cabe.
El caso de la cuestión es que me metí a leer una noticia sobre una manifestación porque últimamente es lo que hacemos. Nos preguntamos “Hoy, ¿Qué podemos hacer?” Miramos la cartelera y leemos “Manifestación por derecho a manifestarse”, por ejemplo, y vamos y nos manifestamos al grito todos a una.

Bien, pues en esta ocasión me metí a leer la letra pequeña cuando lo normal es que me quede con las letras gordas de la cabecera y pase a la siguiente noticia sin despeinarme pues ya me levanto yo suficientemente despeinada. Pues no, decido saber más sobre la susodicha “Manifa” y me encuentro con el periodista que enreda palabras como si estuviera deshaciendo un ovillo y convirtiéndolo en un trabalenguas.

El periodista indagaba cómo se mide una manifestación y sin más cortapisas comienza a medir los metros cuadrados por donde discurre las hordas reivindicativas, ¡mucho tomate sin escalfar, amigos!... Yo creo que el hombrecillo este se perdió en los 100.000 metros cuadrados que se sacó de no sé dónde y luego los convirtió en la suma de 45.000 metros cuadrados de por aquí más, por allá 10.000 y de más allá, otros tantos… Resumiendo, acabó diciendo que cientos de miles de personas y yo que me había quedado estancada en un metro cuadrado y luego en otro hasta ahogarme en medio metro cuadrado y cuando ha aparecido mi Pepe le he dicho sin más preámbulos “Pepe hoy el notición es el chotis” Le he amarrado los brazos y en el medio metro cuadrado en el que se halla mi neurona y media nos hemos puesto a bailar.

Por supuesto, he desviado mi mirada de la suya, no quería leer su pensamiento, ¿pa qué?

lunes, 6 de noviembre de 2017

LO QUE NO LA PASE A LOLA...

¡Muy tomate! A mi Pepe le ha dado un ataque de cuernos. De verdad, no lo entiendo, cada vez desconecto más del alma hombruna, no la sigo.

Y todo porque llega a mi despacho, bueno, a cualquier cosa se llama despacho; dejémoslo en una mesa camilla y una librería donde coloco mis chismes, mis vírgenes, Cd, equipo de música libros, revistas, apuntes, diccionarios… vamos que no la falte de ná a mi imaginación. Total que me pregunta en tono raro tirando a muy desagradable “Oye, ¿ese quién es?” Miro a donde apunta su dedo gordo y veo la foto del macizo y contesto inocentemente “¡Ah, ese! Es el tipo del que me estoy enamorando perdidamente” Ha salido como alma que lleva el diablo; no lo entiendo.

Al rato vuelve y me pregunta con el bigotillo a la altura de las zapatillas “¿Es que ya no me quieres?”He desviado los ojos de la pantalla del ordenador, ¡ay qué lástima me ha dado, Ozú! Y le he dicho rotunda “Más que al cielo, las nubes, el sol y las estrellas”… Es lo que la digo a mi tía Loli cada vez que hablamos y manifestamos el amor de la una a la otra, y va y me pregunta con cara de tomate pocho “¿Entonces por qué te enamoras de ese?” Me ha sentado mal porque lo ha dicho con tono despectivo, eh, claro que yo le he contestado que se ha ido a tomar vientos secos porque mojados como no llueve pues… “Pepe es que ahora soy Claudia y él es Mateo”

¡Qué lástima! Le ha venido grande que me haya reconvertido de banquera a escritora, con lo a gustito que estaba con su mujer financiera y no una mujer colgada permanentemente de una nube… En fin es lo que hay, ahora el macizo está… de cine, de cinemascope.

jueves, 2 de noviembre de 2017

LOLA Y EL MATRIMONIO

¡Qué lioso es el matrimonio! Cómo para casarse una, dos y hasta veintisiete veces, acumulando enseres de unos y de otros, discutiendo de tribunal en tribunal por lo que es mío y es tuyo, por custodias compartidas o no, por reclamaciones por todo lo que se mueve… ¡Una y no más, Santo Tomás! Como dicen en mi tierra.
Yo, si volviera a vivir, sería una anarquista del matrimonio, vamos, que no me volvería a casar y, ojo, estoy felizmente casada y para más inri me he casado dos veces con el mismo. Una como pardilla y otra como inconsciente y aquí estoy con mi Pepe, cada día más florido y hermoso, aguantándonos el uno al otro y el otro al uno. Somos compañeros, somos amantes, somos amigos, somos padres, somos como Zipi y Zape. Si uno ve rojo, el otro lo ve verde, si uno dice sí, el otro dice no, pero, aunque nuestros caminos se disparan, a veces pienso que no somos nada el uno sin el otro. Vamos, que somos una simbiosis o un puré mezclado en la batidora donde se han juntado dos elementos volviéndose indisolubles.
¡Manda decibelios! Solo pensar que puedo ser tan plasta como mi Pepe altera mis pocas neuronas. Claro que a Pepe solo pensar, con lo cuadriculado que es, que su vida sea un sin saber, donde el instinto primario prevalezca sobre el instinto secundario, por lo menos le tiene que sobresaltar y herir como mínimo su inteligencia, ¡pobrecillo! Así se le está quedando el gesto, tiene una cara pena…
Yo voy y vengo, hago y deshago y cuando regreso ahí está mi Pepe preguntándome “¿Eres feliz, te lo has pasado bien?” Y esto me desarma, me enamora. Su generosidad me apabulla y termino diciéndome “Lola eres una bruja”
Un remordimiento se atrinchera en el estómago que, por lo menos, en diez minutos está dejándome sin ganas de comer. Luego, cuando me vienen las ganas de comerme un par de huevos fritos con chorizo, los más bonitos y jugosos se los doy a él y, no conforme con eso, me invade la ternura de tal manera que le beso la calva hasta que le dejo sin los dos pelos que tenía.
Sí, la realidad es que Pepe es mi otro yo y me fastidia, por eso quiero ser en la otra vida anarquista del matrimonio. Claro que los hados pueden determinar que, en vez de persona, sea un conejo, entonces no sé cómo lo haré.
Mientras tanto a veces soy Pepa y otras la loca Lola que distorsiona lo que pilla al pasar.
¿Cambiaría a mi Pepe por un macizo? Creo que no porque soy agnóstica de esos hombres irresistibles por los que estás babeando todo el día y la incertidumbre te come tu persona siendo un juguete deshojando la margarita a todas horas con “Un me quiere, no me quiere… Me la pegara con queso o con mortadela” No, la fidelidad de mi Pepe es mi equilibrio

¡Vamos, lo que me faltaba! Que mi Pepe encima de cenizo fuera un infiel…

martes, 24 de octubre de 2017

LA HISTORIA JAMÁS CONTADA DE LOS TOMATES DE CAMBIL

Me he despertado modo mariposa; no asiento mi pomposo trasero ni así me ahorquen. Cualquier cosita me viene bien con tal de no hacer lo que he de hacer. Nunca me ha gustado la esclavitud y hoy me siento esclava de mis compromisos y no quiero. Necesito, necesito…Hacer lo que me dé la gana. Pues ni eso porque en la puerta me está esperando la censura; mi Pepe.
¡Es el hombre más tomate que ha transitado por la faz terrestre! Lástima que esto de la literatura solo da para engrandecer el ego porque dar dinero, no da que si no, a estas alturas le había comprado un terrenito para cultivar tomates. Que no sabe qué hacer, se da un paseo y compra tomates. Que está aburrido, se come un tomate. Que está más aburrido de lo normal, me da clases de las distintas variantes del tomate. Su vida se resume a un puro tomate ¡Muy tomate, amigos!
Varias veces me he enfadado con él por este asunto. Qué cara llevará de necesidad de tomate que le timan según le ven. Da igual que entre en frutería paquistaní, chilena o española; viene con los peores tomates del mercado y encima ¡Qué precios! Ni una hipoteca mensualizada te cuesta lo que le cuestan a él un triste kilo de tomates. Digo lo de triste porque su bolsillo viene vacío y los tomates llegan hechos polvo, no resisten ni una ensalada.
Su obcecación es pensar que como el sabor tomatero no existe pues es hallar el que sabe, y por más que le cuento que los tomates dejaron de ser tomates en cuanto la mano del hombre los industrializó, no lo entiende. Él busca tomate con sabor como el que buscó Ítaca. Y yo le dejo sortear su búsqueda infructuosa así, mientras me deja en paz y yo puedo dedicarme a rebuscar en las musarañas de mi imaginación alguna historia que contar que al fin logre acercarme a la fama. Fama que se me resiste, se me niega y yo erre que erre, cómo mi Pepe y sus tomates. En el fondo dos que duermen juntos terminan parecidos; esos somos mi Pepe y yo.
Sin embargo, ayer aprovechando una salida mía compré unos poquitos tomates a un precio irresistible y cuando los estaba colocando en la nevera se abre la puerta de la calle y aparece Pepe con una cara de satisfacción como la que me puso el día en que me comunicó que de momento no se podía casar conmigo porque llevaban a su empresa una máquina y él era el único que la podía poner en marcha. Claro que su cara de convencimiento satisfactorio ese día le duró un escaso medio minuto y terminó casándose conmigo, mis chismes y mi perro un 27 de abril como estaba convenido y estipulado.
Pero ayer era distinto, su satisfacción le hacía elevar su bigote casi hasta las cejas. De momento permanecí muda, silente, en standby, hasta escuchar lo que su garganta me iba a comunicar sin necesidad de preguntar “Gordita, te presento a los famosos tomates de Cambil” Los expuso encima de la mesa como si fuera rubíes. Yo los miraba escéptica y un tanto mosca pues la pinta era buena, mucho mejor que los míos de suculenta ofertita, así que le propuse que hiciéramos una cata tomatera. En el fondo de mi ser femenino yo lo que quería era demostrarle que ninguno, ni el suyo ni el mío, sabían y encima los míos eran muchísimo más baratos que los suyos. Aceptó de buen grado manteniendo su bigote por las nubes, hecho que me iba mosqueando por momentos.
Puse la mesa, nos sentamos y comenzó la cata. Yo bajaba la mirada cada vez más mientras los trozos de tomate de mi Pepe iban cayendo uno a uno en mi estómago siempre agradecido hasta que mis ojos se estrellaron contra el plato y no tuve más remedio que reconocer la evidencia.
-En las estribaciones de Sierra Mágina se halla un pueblo tan blanco como la espuma de mar-sentencié.
-Y eso, ¿qué tiene que ver con mis tomates, Lola?
-Todo, absolutamente todo, Pepe. Los orígenes de esos tomates que nos acabamos de zampar, mi ilustre, sabiondo y obsesivo, don Pepe, se los debemos a mis abuelos Vidal e Isabel  oriundos de Cambil que aclarando sus gargantas con  Risol o Aguacerbá se comían un apetitoso carnerete, típico de allí. Eran más pobres que las ratas pero en su patio plantaron tomates y tan sabrosos que comenzó su fama a crecer como reguero del pólvora por la región ya que estaban convencido que su sabor se debía a la tierra. ¿Qué, qué me dices?
-Pues que te estás inventando una historia más. Deja de ser escritora por un rato, anda, hazme el favor. De todos es conocida  tu alocada y portentosa imaginación, Lola.
-Muy bien no me hagas caso pero ahora mismo voy a sacar dos billetes de tren para Jaén, más dos billetes de autobús que nos lleven de Jaén a Cambil…, a mi madre y a mí.
-¿Tú madre, dices?, ¿mi suegra?
-Sí, majete, mi madre, alias tu suegra. Mi madre es de allí pero como nunca te ha interesado mis orígenes pues…
-Lola, la primera noticia. Perdóname.
Me dio lástima ver a mi Pepe compungido pero por primera vez estaba a punto de darle en las narices. ¡Harta de su sabiduría estoy!  Tanto que sabe, me malicio que de Madrid para abajo no tiene ni idea. Bueno y…, vamos a dejarlo.
En un periquete he sacado los billetes, he organizado el viaje sin dejar abrir la boca a Pepe porque si la abre, seguro que no vamos. Aunque lo más difícil ha sido convencer a mi pobre madre que desde hace tiempo vive en una residencia. Ella dice que vive en Benidorm y, ¿quién soy yo para llevar la contraria a mi madre? Voy todos los días a discutir un rato con ella. Ejercicio que bordamos las dos. La doctora nos pide que la hagamos recordar, hablar, lo que sea con tal de que aterrice de “los paraísos fiscales” en los que guarda con celo su memoria, pero es que hoy creo que he liado demasiado a su cabeza. Nada más verme he aprovechado para decirle que estaba pensando en rellenarme, como la reina, con ácido hialurónico que venden en Cambil y, de paso, visitar el pueblo de mis antepasados. Tierras de rebeldes, moros y cristianos. Su mirada cainita me ha taladrado y después de sopesar sus palabras me ha dicho “Menos pensar en ti, egoísta, y mejor dáselo a tus hijos que falta les hace” Despepitada he abierto el móvil a buscar una foto de mis hijos y les he visto tan guapos como era yo a su edad. En cambio yo he encontrado de mí misma un selfies que ni con el nivel de belleza al máximo se me quitaban las arrugas, así que me he vuelto hacia mi madre y la he contestado “Digo a Peluche Mayor que le voy a rellenar del relleno  hialurónico y me manda a cascar nueces, mamá. No te digo si se lo menciono a Peluche Pequeño con ese carácter jovial que posee. Me manda a las islas Caimán de un bufido”… Se ha quedado callada y a continuación “¿Cuánto cuesta rellenarles de ácido? Dímelo en pesetas y ahora mismo llamo al banco. Con mil pesetas tienen hasta para sacar el billete de autobús, ¿te parece?” No me he dado por vencida y la he comenzado a hablar de la fauna de Sierra Mágina. Del jabalí,  del halcón peregrino, de la cabra montesa y…, mi madre que oye la palabra cabra y se arma de nuevo el lío porque se acuerda del cabritillo que compró mi abuelo cuando era pequeña, tan blanquito, tan gracioso y que mi abuelo asesino para comérselo ¡Pobrecita!, lloraba sin consuelo hasta que se me ocurrió nombrar la palabra mágica que todas sus penas cura: el nombre de mi Peluche Mayor. Entonces, de sus ojos que casi no ven, de su rictus hosco, emergió una luz maravillosa indescriptible y va y me dice “¿Por qué no dices a Peluche que se meta a cura? Viven muy bien y nos vamos los tres a Cambil a enseñar la palabra del Señor” Según hablaba me estaba imaginando a mi Peluche Mayor con sotana saltando y corriendo como las cabras por los montes diciendo a sus ovejas “Ríete, mañana te puede faltar un diente”

En fin, he dicho que me llevaba a mi madre a Cambil y aquí estamos los tres. Claro, mi madre no hace más que preguntar en qué pueblo estamos…

domingo, 15 de octubre de 2017

CUESTIÓN DE BUÑUELOS...

Perro se acaba de subir a la mesa, ha desenvuelto cuidadosamente la bandeja de buñuelos, obsequio de mi amantísimo Pepe, y se los ha comido uno a uno sin degustar, así como tragándose bolas de crema; doce perdigonazos entre pecho y espalda. Luego ha venido a mí relamiéndose con los hocicos engatusados de azúcar. Me he mosqueado pues su pienso no lleva copitos de nieve por lo que me he levantado y Perro me seguía ingenuo de él. Se pensaría que le iba a aplaudir con las orejas y le he dejado el culo como un mapamundi.

Claro, antes de salir huyendo como los malhechores, me ha mirado sin comprender mi ataque de nervios al borde de la histeria. Incluso, justo esta mañana, había guardado mi jerga musical de oprobios que últimamente gasto y me sentía tan feliz liberada de palabras malsonantes. Total, las he desempolvado y vuelta a empezar hasta que he oído a una vecina decir a voz en grito “Vaya boca de camionera que gasta la del 5ª A” Justo en el momento que iba a decir como colofón a mi cabreo buñolero “Vete a tomar por c…”, mi frase predilecta de un mes para acá, pero no pude rematarla por la vecina cotilla. De todas maneras, ¿qué culpa tienen los camioneros de mi mal café? Es meter a extraños en mi ensalada, qué manía tiene la gente de meterse donde nadie le llama…

Y es que el asunto de los buñuelos en mi casa trae cola. Mi Peluche mayor nació precipitadamente a los siete meses por un atracón de veintisiete buñuelos ¡Qué malita me puse, madre! Claro el niño muy esmirriado fue a parar a una incubadora y cuando me llevaron a verle me emocioné muchísimo; tenía carita de buñuelo de crema sin rellenar.
Os podéis imaginar que estuve un tiempo sin ser capaz de probar un buñuelo, se me revolvían las tripas solo con ver su aspecto aceitoso rezumando azúcar, pero como todo en mí se olvida, un buen día pasé por una confitería y me compré docena y media y me fui al parque a comérmelos, ¡estaban de muerte súbita! Eso sí, cuando llegué a casa vi las estrellas rodar por la taza del wáter.
Ahora soy más prudente, me tomo cuatro o cinco, o media docena y el resto lo dejo para dentro un rato. Y es lo que me ha pasado esta mañana, de nada me ha servido la prudencia sino para acabar en las tripas de Perro. Pepe se me acercó rápidamente al oír mis tensos alaridos y, ¡qué tufo despedía mi santo Pepe, madre mía!

Olía a naftalina, lo que me faltaba, sin buñuelos y con un marido empolvado de mata polillas. Sí, ya sé que así mi Pepe me dura más  aislado de bichos malignos y que no necesita echarse colonia, con el aroma a mata bichos tiene suficiente.
Pobrecillo, si en el fondo le entiendo pues es un puro agujero; en su armario hay un nido polillero que no hay tu tía exterminar. Claro que el otro día llegó con dos agujeros en el vaquero y me decía “Haz algo, Lola, las pérfidas polillas hasta se meriendan mis vaqueros” Miré los agujeros que más que orificios eran dos socavones de gran envergadura, ¡qué mal le sentaban los pantalones, madre!, parecía todo él una butifarra hasta que caí en la cuenta “Pepe llevas los vaqueros fashion de Peluche”

Se los hice quitar, bueno, se tuvo que tumbar en la cama y yo ir tirando de las dos patas, era imposible quitárselos, la butifarra no cedía. Al final terminó el vaquero con socavones por todo su cuerpo. Ahora como venga Peluche a decirme algo tengo muy claro lo que le voy a contestar “Págame los buñuelos que tu perro se ha zampado” Sin duda esta frase será mortífera y se irá como se fue su perro, con cara de incomprensión entendiendo todo.

sábado, 7 de octubre de 2017

LA MOMIA FOSILIZADA

“A ver Lola, céntrate que hoy es un día grande” Me he dicho con poca convicción, no por lo de grande, que lo es, sino por lo de centrarse, cosa tan inusual en mí que cuando lo voy a utilizar, se me ha olvidado desde la última que lo hice.
Pepe me ha encontrado sacando la caja de herramientas y me ha dicho “¿Todo eso te vas a echar en la cara? Vas a parecer una momia fosilizada, Lola” No me he enfadado porque le entiendo. Si a la que no entiendo es a mí y aquí estoy con los rulos puestos desde las seis de la mañana. Tengo ya un dolor de cabeza de abrigo. Por mí ya me quitaría la cabeza entera e iría sin cabeza a la boda. Claro que también me quitaría las piernas que no me gustan y los brazos que parecen dos muslitos de pollo desfibrilados, y la barriguita que nadie la llamó y ahí se aposentó. Ah y los juanetes y las arrugas… Bueno como siga quitándome chismes, lo mejor es que mande a mi espíritu  que hará buen papel y ya está.
Me he comprado un cucurucho para la cabeza. Tiene de todo en un mínimo espacio: tul, lazos, plumas…, antes muerta que sencilla. Porque yo eso de menos es más como que me parece soso y el caso es que empiezo sin nada pero luego lo estropeo. Comienzo con la faja reductora, un vestido, zapatos y, cuando llego a ese punto, me digo “Nena, muy sosa” Entonces comienzo con la fase de árbol de navidad. Abro cajones, cajoncitos, cajas y cajitas y, ¡hala! Todo para encima de mi cuerpo. Bueno, ha habido veces que he salido más baja. Soy bajita pero, claro, al echarme tanto para el cuerpo, el mismo cuerpo comienza a vencerse por el peso de las condecoraciones.
Pero esta vez no; voy a ir minimalista. Lo haré por la madre de la novia que es sobria, por mis hijos que sientan a su madre por una vez una mujer normal y por mi Pepe que sufre mucho conmigo cuando vamos de boda porque o no puedo andar porque me hacen daño los zapatos o porque voy a andar y pierdo un zapato ya que me los he comprado grandes para que no me hagan daño y, claro, los pierdo, y ya veis a mi Pepe gateando en busca del zapato de Cenicienta. Sufre, sufre una enormidad este hombre mío que va de traje gris, a tono con su ánimo y tal vez al llevar colgado de su brazo un árbol de navidad con luces de colores, él, el pobre, se apaga más.
Pero hoy, a Dios pongo por testigo de que jamás volveré a ser repollo… El caso que meter a Dios en esta ensalada de minimalismo como que no, ya bastante arto está de nosotros y de sus emisarios terrenales que se meten  donde nadie los llama y luego se quejan que se quedan sin rebaño y que en la declaración de la renta no se pone la X en su casilla. No.

Yo hoy, yo hoy, yo hoy…, yo qué sé cómo me pondré si cambio cada minuto y medio de idea aunque lo importante es que grite alto y claro ¡Viva Los novios, viva España!... Ah, no. Lo de viva España es en otro sitio. Ayyyyyyyy… Si aún hoy canto Asturias patria querida y mi Pepe se esfuma.

martes, 26 de septiembre de 2017

ESTAMOS DE LOS NERVIOS

Yo tenía una conejita. Era como una bolita de algodón blanca toda ella; ahora tiene mechas rosas, ¡puerca miseria, he perdido los nervios! A mi Pepe se le ha caído encima de la jaula una cazuela de bonito con tomate. Juro que no le he matado porque me iban a meter en la cárcel y tengo muchos asuntos pendientes aquí fuera que, si no, le maaaato.

Mi amiga Estefanía sin embargo no perdió jamás los nervios. Tenía un novio con sus hermanas, cuñadas y madre incluidas en el lote de Rufino, el novio. Estuvieron saliendo más de diez años. Ella se lo jugó todo por él. Digo todo porque se fue a vivir con Rufino en pecado y ella católica, apostólica y romana, su director espiritual le negó la confesión por vivir en infracción religiosa. Lo arregló rápidamente pues se buscó otro confesor más aperturista, más de hoy. No así halló el perdón de su suegra, cuñadas y hermanas del novio, pues para ese elenco de mujeres Estefanía era una puta.  Ellas no sabían que Estefanía quería casarse, no así Rufino que no creía en el matrimonio y Estefanía por amor renunció a los sagrados sacramentos. Vivían separados, ella en la ciudad y él en el pueblo juntándose los fines de semana en el nidito de amor establecido en el pueblo que era más barato que en la ciudad. Más de 480 fines de semana, Estefanía sintió las lenguas pueblerinas clavadas en su yugular, pero con amor, pan y cebolla, todo te lo pasas por el forro. Sin embargo, más de 480 fines de semana comiendo y cenando cordero porque era lo que más le gustaba a Rufino, mi pobre amiga no pudo con tanto corderillo, temía terminar balando, y él no quiso renunciar a su sana costumbre, así que hicieron cacharros y cada uno por un lado para gusto y felicidad de suegra, cuñadas y hermanas que nunca vieron con buenos ojos a la novia. Y mi amiga no perdió los nervios por suceso tan luctuoso.

El otro día me lo contó entre lágrimas e hipo y la verdad es que pensé que este mundo está un poco de los nervios pues un corderito no merece romper un amor eterno, aunque fuera un amor pecaminoso, encima con lo bien que me caían las ovejas; me he llevado un fiasco. Claro que el otro día a la vuelta de unos grandes almacenes, iba yo muy cargada y decidí coger el autobús. Me subo y un hombre muy amable me cedió el asiento; yo no lo dudé, me senté. ¡Menuda la que armé! Una voz siniestra me ataca por el cogote y me dice:
-Señora, ¿cómo se deja insultar de esta manera?
- ¡Qué me dices, hija! Dime quién ha sido que le parto la cara-saltó yo sofocada sin más meditación que las palabras de la chica del flequillo plumado que me acogotaba por detrás mientras una bolsa se me cae del regazo y un bote de tomate y otro de aceitunas comienzan a rodar por el autobús.
-El hombre que la acaba de dejar el asiento, ¡qué insulto para una mujer, ¡qué forma de machismo más irreverente! Cómo si una mujer necesitara del asiento de un hombre…- aquí mi cabeza reaccionó.
-Mira hija, además de llevar un corte de pelo que segurísimo te lo ha hecho un enemigo, tú eres tonta del culo. Confundes la educación la generosidad con tus complejos psicosociales- después me volví a atender a un muchacho que me daba mi bote de tomate y el de aceitunas y yo encima le daba las gracias apresuradamente no fuera a ser que la del flequillo plumado me volviera a montar el pollo porque en vez de gatear yo por el autobús en busca de mis botes, había sido un muchacho generoso y educado el que había ayudado a una persona fuera del sexo y condición que fuera.

¿Estamos o no de los nervios? Ahora, yo hoy estoy de los nervios. No tengo comida y sí hambre. Que mi Pepe no coma, me importa un pimiento, pero yooooo, y encima una conejita con mechas color fresita.

martes, 19 de septiembre de 2017

MUSHA TELA PA CORTINAS

¡Mucha tela pa cortinas! Me acabo de dar cuenta que he hecho la comida con el bolso puesto… Sí, colgado al hombro, antes muerta que sencilla y creo que me han quedado sosas las patatas. Eso no creo que haya sido por el bolso aunque vete tú a saber tal cómo está el panorama, cualquier cosa.
¡Mucha tela pa cortinas! Esto lo dice mi prima Blanca cada vez que hay algo exotérico, pero es que últimamente necesito cientos de metros porque la realidad es mucho para mi cuerpo; esoterismo puro. Claro que mi opinión no vale porque está bifurcada por mi Pepe. Cada vez que me pongo a escuchar una noticia rocambolesca por televisión, radio o periódico es Pepe quien me la cuenta. Se pone en medio de la noticia y yo con lo cual vete tú a saber, a no ser que me entre el insomnio como esta noche y entonces me entero de todo porque Pepe duerme, pero da igual porque cuando despierta y se lo voy a contar, me adivina el pensamiento y solo me deja decir la introducción. El resto es él y solo él. Sí, es un hombre con mucha opinión, tanta, que hay veces que se la cuenta al perro y así está el pobre perro, anestesiado.
Solo me queda este terreno para expresarme sin sufrir la invasión pepera, el papel en blanco. Digo y digo y al final sin haber dicho nada me siento como más mujer. Si es que me tenía que haber dedicado a la política, pero me dio pereza porque ahí tienes que estar diciendo sandeces todo el rato y yo tengo mis tiempos de coherencia, pequeños, pero los justos para que mi equilibrio no esté demasiado desequilibrado.
De verdad donde me hubiera realizado es siendo periodista. Mucho, mucho, mucho. ¿Os imagináis yo dando noticias? ¡La bomba! Tengo la manía de leer una noticia en distintas versiones, ¡cómo cambia el asunto! Y si yo estuviera en la nómina periodística, ni os cuento; cualquier reflejo de la realidad se alejaría instantáneamente porque hoy en día cuando mi Pepe me deja leer el periódico me es difícil discernir dónde está la frontera del hecho en sí y el de la opinión del periodista. Como que noto ahí un batiburrillo tipo cotilleo y ahí justamente vuestra Lola daría el Do de pecho porque como cada día entiendo menos a la humanidad pues es lo que os decía…, mucha tela pa cortinas.
Tal vez también hubiera hecho un excelso papel siendo portera de una comunidad de vecinos, no muy grade, eh, ¡la bomba! Pues soy muy despistada y para ciertas cosas no presto atención y escucho sesgadamente, con lo cual entre los líos de portería y cuando me pusiera a barrer por las escaleras, mezclaría el chime de la del tercero con la del quinto; total, electrolisis.
Mis Peluches no me cuentan nada porque dicen que lo casco todo. Pepe dice que me invento lo que no existe. Otros dicen que soy una lianta. Los de más allá que soy una metepatas… Total, voy a ser producto de la opinión de los demás y no de mí misma, con lo maja que soy yo y lo incomprendida que me siento…
Necesito una profesión ya, un trabajo rotundo en el que me respete alguien, aunque sea en Murcia o en donde sea, pero que alguien me tome en serio, coña, si es que ni yo misma me lo tomo, ¿qué voy a pedir a los demás?

Ya sé, se me acaba de encender la bombilla… Blaaaaaaaanca, trae tela para cortinas, pero mucha, eh. Voy a ser escritora… ¡Canelita en rama!

viernes, 1 de septiembre de 2017

DEFINITIVAMENTE SÍ, DEFINITIVAMENTE NO

Definitivamente soy gilipollas. Sin duda hay una amplia variedad y categorías de seres humanos; la mía, Gi-li-po-llas. Ahora, creo que siempre lo supe o al menos cada día cuando me metía en la cama me decía “Lola, como opositora a la categoría de gilipollas no tienes precio” Y con mi tesón y constancia, hoy constato que lo soy.
¿Me deprime? Pues tampoco porque sé que lo soy. Peor son los que van por la vida pensando que son la crema de las cremas y la nata de las natas y la realidad es que son gilipollas ignorantes en estado puro; yo, no. Desde hoy voy con otra visión más abierta, aunque más cerrada. Es decir, cuando venga un propio o una propia a tomarme el pelo porque cree tener derecho a hacerlo, dado que parece que solo unos pocos tienen derechos, el resto simplemente miramos porque somos los gilipollas de turno, sin dar tregua le mandaré a tomar café. Sin despeinarme, eh, que me cuesta mucho peinarme, como para que venga uno o una a revolverme la cabellera.
Porque yo era buena gente, eh; ahora soy mala y encantada de serlo, ¡qué narices! Y, además, no me voy a callar nada porque así nos va, por callarnos. Tengo indigestión de tanto que tengo sin expresar por ese maldito “Qué dirán” con el que me educó mi madre. Y, claro, no decir, no hacer, pues ahora, gorda como un trullo; pues se ha acabado.
¡Qué educación más ridícula, más cerril y obsesiva, la de antes!
 La de ahora, van directamente sin educar, no todos, ojo, pero mogollón, sí.
Yo nací en los finales de la era de caderas estrechas en la que todo era pura apariencia, secretismo y voces susurrantes. El respeto a los padres existía, pero en muchos casos era el miedo a que te pusiera tu padre la cara del revés si te salías de la línea trazada. Recuerdo que faltaban quince horas para casarme y mi madre me puso el rostro al bies porque había llegado dos horas más tarde de la hora convenida. Me dijo, antes de darme la chuleta, “Lola, ¿qué quieres, que la vecindad diga y piense que la hija del 5ºA es una perdida?” … Después, la chuletilla de rigor. Y lo más fuerte es que pesaba tanto el pensar que el decir, valían lo mismo en aquella sociedad mía; ni pecar de pensamientos, hijos.
Y así salí al mundo, estigmada. Oír, ver, y callar. ¿Resultados? Gorda como un trullo y Gilipollas.
Una cosa es ser discreto, prudente, respetuoso y otra muy distinta decir sí a todo y tragar con todo, ¡y un cuerno de elefante! Definitivamente me declaro en rebeldía; rebelde hasta los mítines que me suelta mi Pepe que me tiene los oídos aburridos y yo callo y callo y venga a engordar; pues no porque va a empezar la temporada de otoño y no me va a valer la ropa de tan inflada que está mi cabeza de memeces y sandeces propias y externas. Bastante tengo yo con aguantar mis tonterías como para aguantar las de otros, ¡y un cuerno de elefante! Definitivamente no.
Esa mala educación que pulula transversalmente por la sociedad desde niños a mayores. Esa agresividad verbal con que te diriges al que osa llevarte la contraria. Esos políticos de tres al cuarto que solo se ocupan de que su trasero esté calentito y encima se dedican a calentar a las masas; pues no, definitivamente no. Eso de robar lo que es mío y encima callarme, pero ¿soy gilipollas? Pues sí, definitivamente sí.
Eso de comulgar con ruedas de molino a sabiendas que me están vendiendo una moto sin ruedas, ¿acaso soy gilipollas? Pues sí, definitivamente sí.
Y eso de matar por una idea o porque se te ha ido la pinza y estrangulas o haces picadillo al de turno y yo me quedo apaisada, ¿eso no es ser gilipollas? Pues sí, definitivamente sí.
En fin, como que voy a callar… Para qué me pondré a pensar si siempre termino igual, más perdida que un oso en una nevera.

¿De qué estoy hablando? Yo qué sé. Se ha encendido el ordenador y se ha abierto Word y para que no estuviera tan pálido pues he escrito.

martes, 22 de agosto de 2017

LOLA PATRIÓTICA

¡Viva España! ¡Viva los españoles!... Ay, qué a gusto me he quedado y no me he puesto el himno nacional porque podría despertar a mi Pepe y me manda a mí y a las soflamas nacionalistas a tomar café a Alpedrete que si no…
Cuando llega mayo y abro “La Lola”, la casita que hicieron mis padres para cuando se jubilaran, lo primero que hago es coger la escalera e irme a la farola. Una vez allí izo la bandera de España que en días de viento ondea con esa gracia que solo los españoles tenemos y saluda jocosa a todos los coches y camiones que pasan por la autovía. El izar mi banderita española lo hago cuando Pepe se va a comprar el pan pues él no es de exteriorizar sino de guardar; así está de gordo.
Pero es que Pepe no entiende que yo necesito exponer mis fobias, mis filias, vamos, compartir lo bueno y lo malo porque, ¿qué es la vida sin compartir? Un erial y hay que demostrar a todo el que me quiera ver y escuchar que la unidad con los amigos, hijos, familia y demás enseres, debe ser igual del derecho que del revés. Todos a una como Fuente Ovejuna. Para que me entendáis más llanamente, es como si a mi Pepe le pongo pantalones y camisa limpios y le dejo los calzoncillos sucios, pues en un momento dado huele, vamos que es un timo de limpieza que parece, pero no es.
Así entiendo el término unidad como entiendo que soy española, aunque mi Pepe siempre añade “Tú eres de San Juan de la Maguana, República Dominicana” “Sí, allí nací por equivocación, mermado, y soy Panchita y a mucha honra, pero me siento española y además gallega, murciana, vasca, asturiana, maña, catalana, de Albacete, de León y Castilla la Nueva, ah y extremeña porque todas ellas me acogieron, me educaron y me dieron de tó pa que ná me faltara” Y me quedo más ancha que larga. A mí me va a venir este vallisoletano de pro a disgregar y diseccionar, ¡y un cuerno de jabalí! Soy España y de los españoles…, he dicho.
Sí, hoy me toca arenga y perorata patriótica porque me siento ninguneada y cuidadín, cuidadín, con tocar los ovarios a Lola que empieza a soltar exabruptos mal sonantes y mamporros y no para, y eso no quiero porque soy una mujer de bien, con la cabeza un poquillo descabalada, pero con la sonrisa como bandera y que vengan los unos y los otros a borrar mi buen humor y conciliadora compostura, lo tienen clarinete. Vamos que soy una Agustina de Aragón en plan casero y como alguien ose atacar a uno de los míos me tiro en plancha encima de él o de ella y aviso que caen encima 120 kilos más los que anduve a gatas.
No soporto a esos mermados que les dan un micrófono y bastón de mando y ¡hala! A soltar por su boca lo que les viene en gana. Libertad hay, pero si ofender ni separar, ni oprimir ni matar. Así que una vez reunidos todos, vamos a firmar que por derecho y de revés somos los mismos, permaneciendo unidos por un bien común y aquellos que son felices separando, diciendo sandeces, por mí que lo sigan haciendo, pero en el zoo o en el circo, les doy a elegir.
¡Viva España, Viva los españoles!

Ay, madre, cuando lea esto mi Pepe, me manda a Alpedrete.

jueves, 10 de agosto de 2017

¡MADRE, MADRE MÍA!

¡Madre, madre, cuánto zumbado anda suelto! Creía que era yo y un par más, pero qué va, hay cientos, hasta debajo de las baldosas si me apuráis. Claro que no me extraña si lo analizo en día par que es cuando pienso.

Todo se debe al cambio climático que perjudica seriamente a la gente. Primero somos irresponsables y muy guarros, y matamos a la tierra con la porquería que desechamos porque, no nos engañemos, somos un cúmulo de basura y suciedad que no respetamos ni a nuestras cocinas, y como la tierra enferma y no produce aire bueno, pues nosotros respiramos la mala leche del globo terráqueo y, por tanto, también enfermamos… ¡Cómo me explico cuando pienso, madre mía!

Yo antes me regía por el termómetro de mi Pepe. Si llevaba veintiséis jerséis puestos, guantes, bufanda, pues sabía que estaba en invierno. Que se quitaba tres jerséis, pues era primavera. Que se ponía las katiuskas con seis jerséis, pues otoño. Pero ahora he perdido el control de la estación y la temperatura. Ayer, por ejemplo, vino a darme los buenos días en bañador y veinticuatro horas después me despierta con pijama, bufanda y calcetines a rayas. Claro, si estoy en día par pues mis neuronas me contestan “Lola, día de barlovento”, pero si es día impar que mis neuronas descansan, pues nada más levantarme sin pensar, creo que he dormido tanto que ya estoy por lo menos en un otoño sin katiuskas.

Y ya ni contar lo que sucede en la radio. Todo el mundo se va y dejan a otros que no conozco y no contentos con eso, la programación varía, pero varía por unos derroteros preocupantes pues dejan el micro abierto a todo aquel que quiera manifestarse; solo falto yo para soltar mi espeich veraniego. Si hasta mi radio ella sola se ha cambiado de frecuencia,
¡Madre, madre mía, qué cosas cuenta la gente! Mucho tiene que pesar su soledad de verano o necesitan su minuto de gloria famosa. No os exagero, la otra noche el momento estelar se lo llevaron por igual un hombre y una mujer. El varón hablaba de su abuela con orgullo y frenesí, hasta ahí todo normal. Pero, de pronto, se puso a llorar, pero llorar con hipo y todo y la presentadora que, por cierto, para mí había desconectado y el programa se movía con el piloto automático, en un momento como decía se activó para consolar al varón sesentero y preguntarle que si hacía poco se había muerto la abuela. Mi sorpresa fue mayúscula ¡Hacía 20 años! Ya la tuvo que querer, pero mucho, mucho, pues añoraba de ella lo bien planchado que iba siempre, lo bien que comía cuando la abuela vivía y que ahora no era lo mismo, ni de coña lo mismo.

Cuando descubrí el pastel de este buen hombre, traté de apagar la radio pues yo misma lloraba de pena, pena de mí misma, pero en ese momento dieron línea al lío más lioso que he oído jamás, y ahí me quedé enredada.
En esta ocasión era una mujer que reclamaba que la devolvieran el primo de su primo por parte de madre que la habían robado los hermanos del primo de su primo porque pensaban que además de una aberración amorosa por ser primos terceros o quintos, ahí me perdí con tanto primo revuelto, pues ella lo que quería, según los hermanos del primo de su primo,  era su dinero. Lo que no sabían los primos del primo de su primo es que el primo raptado, todo supuestamente, eh, es que no tenía donde caerse muerto y que, gracias a ella, le había hecho un seguro de defunción por si se moría. En esto, desperté a Pepe para pedirle que llamara a sus antiguos compañeros de la funeraria a ver si con los datos que yo le aportaba, era verdad lo que la mujer contaba del primo de su primo del primo tercero.

Pepe, ante tanto codazo, se incorporó, encendió la luz, me miró furibundo y sentenció “Mañana mismo te encierro”

Estoy en casa de una prima de mis primas. Temo que Pepe cumpla su amenaza y es verano y me gusta ir a la piscina con mis amigas.

viernes, 28 de julio de 2017

LOLA NO TIENES EDAD

Ayer tuve “un día “horribilis” de esos que no quieres que empiecen y si comienzan pues que terminen rápido; largo como una ristra de chorizos.
Dentista, agujetas y echar gasolina al coche, A simple vista parecen tonterías, que lo son, pero todo tiene su edad, aunque la mía sea inconfundible según mi madre “Hija desde los 16 años no has evolucionado”, pues con la aseveración de mi madre no tengo edad para muchas cosas.

Me desperté sin saber dónde estaba, solo sabía que mi cuerpo no respondía a mis órdenes. Era un dolor de arriba abajo sin pausa. Poco a poco fui recapitulando. La cama era la mía, el Perro que dormía en el suelo, el mío. Las cortinas de la ventana, por cierto, las tengo que lavar, también mías… Todo en orden, pero, ¿por qué mi cuerpo no era el que es normalmente? Y mis neuronas me contestaron rápidamente “La farola de Críspula” Y me acordé, claro que me acordé que mi amiga me invitó a tomar vino mientras veíamos una puesta de sol. Me apoyé en la farola extasiada viendo el adiós solar. Mi amiga me rellenaba constantemente el vaso y yo bebía y bebía como los peces en el río. El sol se fue, pero no la farola a la que me agarré con pasión diciendo a Críspula “Cada día tengo el cuerpo más elástico” Y es que mi cuerpo, al ritmo de la música, era goma de mascar. Se estiraba, se encogía, se contorneaba… También recuerdo los ojos de mi Pepe ¡espantados!, pero es Pepe y cualquier cosita que se salga de la norma pues le rompe los esquemas, sin embargo, yo, mujer de goma, esa noche era bailarina de farola, si hasta mi cintura era casi una peonza, Claro, cuando desperté del todo toda yo magullada me di cuenta que ni goma ni leches sino la mujer estatua sin poder moverse.

Y lo malo es que tenía que ir al dentista a que me apretara los tornillos. Tardé en montarme en el coche ni se sabe, todo mi cuerpo hacía ruido; creo que los huesos estaban fuera de su lugar de procedencia.

Pero, ay amigos, enciendo el bugui y apenas tiene gasolina. Voy a la gasolinera, atestada de gente, a mí que me entra la paranoia al ver tanto árabe echando gasolina y mi imaginación calenturienta echando leña al mono, Total, salgo huyendo a otra gasolinera. Llego, nadie me echa gasolina, no me hacen caso, me dicen que me la eche yo, yo digo que no sé. Sí, me da miedo y como me da miedo no he aprendido a echar gasolina al coche. Resumiendo, suelto un espich para nada porque nadie me escuchó, pero esta moda de autoservicio no me gusta, además de quitar puestos de trabajo, leñe. Total, me vuelvo a subir al coche, sin gasolina, claro. Estoy entrando en la siguiente gasolinera y mi bugui que se para. Vamos que se paró del todo. Ahí di pena y empujaron el coche y me echaron gasolina y me sonrieron y me dieron conversación y yo tan contenta. Pues como debería ser el mundo, un intercambio de efluvios positivo.

Llegué tarde al dentista y el hombre para rentabilizar mi retraso, me apretó y me apretó los tornillos, venga a apretar hasta dejarme dos tallas menos la boca. ¡Qué dolor!
Volví a casa contrahecha. Un día horribilis en que Pepe me miró al pasar junto a él y sentenció “Lola, no tienes edad”

¿Acaso le había pedido su opinión? Qué manía tiene la gente de decir verdades a destiempo y sin pedírselas, leñe.

viernes, 21 de julio de 2017

FLOJA, MU FLOJA

¿Os sentís bien? A mí este calor me ha dejado los sesos planos. No es que los hubiera tenido gordos alguna vez, pero ahora ni responden; da igual días pares que impares, mi sesera no funciona. Me niego a pensar que ha muerto pues rápidamente mi Pepe me la entierra. Sí, haría un buen velatorio pues su ánimo borda estos momentos, pero mis sesos tienen seso para rato, estoy convencida. Tanto que creo que lo que le pasa a mi sesera es que está floja, vaga, perezosa, remolona, gandula, haragana, holgazana, indolente, ociosa…, ya no me sé más adjetivos, pero como nuestro acervo castellano es tan rico y gratis, importantísimo lo de gratis, pues lo utilizo.

Estoy pensando que, si a los vagos hubiera que poner cara, dejo mi foto para que me pinten. Fijaros que hasta las palabras las tengo tan vagas que no hay forma de ponerlas letra. Pero mi deber es contaros algo, aunque me lo invente, aunque la invención está en barbecho también. Si hasta abrir los ojos me cuesta; me tengo que poner despertador y lo voy a dejar de hacer porque un día le estrello contra la pared, lo rompo y me tengo que comprar otro y mi economía bajo mínimos se deteriora.
Ahora que me acuerdo y hablando de economía, ¡qué mes de julio más desastroso!... Veis, hasta la memoria está vaga que ni se acuerda que debo dinero a media humanidad. Cualquier día a la cárcel tenéis que ir a leerme.

Se me rompió la nevera, el coche, el ordenador… y la lavadora no lava. Un desastre de mes. A Pepe le han salido canas de tanta desgracia junta y a mí no sé, pues me tiño el pelo, pero temo que hasta las canas están vagas como toda yo.
Así que mi Pepe y yo hemos resuelto el tema comprando a plazos; la semana que viene la lavadora. Porque lavar, lava, pero la ropa sigue saliendo toda ella con las lámparas con las que entró. Fijaros que con lo dialogante que soy que hasta hablo con los políticos, pues ayer hablé con la lavadora.
-A ver, ¿qué, puños, te pasa? ¿Necesitas lejía, otro detergente, ojo, que esté en oferta, eh? ¿Más agua, más tiempo? Qué, contéstame…

Pues que no me contesta. Una borde y a mí, estos seres por muy inanimados que sean, que no dicen nada, me parecen, cómo poco, unos maleducados. Pepe me escucha estos diálogos sordos y no hace más que menear la cabeza y aún me enciende más. Él puede ser un soso, pero yo soy muy resalá y hablo con todo el mundo. Con los que más dialogo es con mis chismes; me encanta porque no me llevan para nada la contraria ni me interrumpen y mi Pepe, siempre. Claro, es con el que menos hablo, ¿para qué? Sí siempre tiene razón por ese cabezón que tiene tan perfectamente amueblado… Prefiero mi cabecita mal alineada pero superviviente a cualquier tempestad.

En fin, pues eso. Vaga, entrampada y llena de lámparas está Lola. Ahora, siempre que llueve, escampa y sale el sol, además.

sábado, 8 de julio de 2017

CERRADO POR DESCANSO

En unos días volveré. Disfrutad de la vida y nunca olvidéis reír.

lunes, 3 de julio de 2017

A LA RICA REBAJA, OIGA…

¡Ay, quién me ha visto y quién me ve, ay! Ya no soy la que era, he perdido una parte esencial de mí. Recuerdo que la palabra “Rebaja” me enloquecía de tal manera que era poseída como la niña del Exorcista; de aquella mujer queda el dejar las tiendas como si ha pasado un huracán. Las dejo niqueladas pues donde veo un montón, lo destrozo. Las prendas se caen al suelo y yo las recojo, claro que las recojo, no las dejo tiradas, pero las amontono de tal manera que no sabes si es una tienda o que pasó el tsunami de Lola. Ya las perchas ni os cuento. Según las miro, se caen  solas.
Pero este año, ay este año. He vuelto a casa después de trabajos forzados durante cuatro horas, con una sartén para freír los huevos de mi Pepe y que les salgan puntillas muy a su gusto, una toalla playera aprovechando que no voy a la playa y un pijama que es tan ideal que no lo voy a utilizar para ir a la cama. Allí no lo ve ni Pepe, así que me vestiré de ir a la cama para salir a la calle; ideal, ideal, ya os digo, y no suelo mentir a no ser que me vea forzada por causas extremas. Entonces miento, miento, miento sin control, pero mentiras piadosas porque soy muy capillitas, eh.
En fin, será la edad, esa que no pronuncio por ser secreto de estado, que por fin ha venido a poner algo de juicio en mi cabeza alocada.
En las rebajas a lo largo de mi dilatada vida he pasado por varios estadios. En el primero me compraba de todo aunque fuera absurdo y lo peor es que me quedaba con ello. Vamos que era una manirrota en estado lacerante. La segunda etapa, estando igual de chiflada por las rebajas, ya me especialicé en comprar y devolver pero a una rapidez inimaginable; había veces que no llegaba a salir de la tienda y ya estaba en la cola para devolverlo, o me lo compraba en Murcia y lo devolvía en Oviedo. También me especialicé en comprarme en sucesivas veces la misma prenda con la misma talla y color y, por supuesto, volverla a devolver, menos una vez que se me olvidó devolverla a su enésima vez devuelta y terminé comprándome otra igual y al año siguiente ver dos prendas gemelas en el cajón. ¡Una vergüenza con mayúsculas! Venga decidlo, la verdad ofende, pero como ya he interiorizado aquella etapa, la asumo como uno más de mis errores.
Porque no nos hagamos los santos, eh. Aquí todos erramos, nos confundimos y si hay suerte, rectificamos.
Yo, rectificar, no he rectificado. He mutado a otro ser que ve sentido en otras cosas de la vida y no perder el tiempo en algo que ni necesitas ni te aporta nada a tu existencia.
Con esto que os digo no saquéis falsas conclusiones, no por favor. Uno nace y muere en la misma sintonía en la que vivió y yo soy feliz tropezando y regenerándome o mutando, pero eso no quiere decir que el juicio me haya poseído, no. El juicio no es para mí sino para los que están a mi lado para que me den un toque de vez en cuando y me pregunten “Pero dónde vas alma de cántaro” Entonces yo paro y, y, y…, algo hago pero no sé el qué.
Por ejemplo hoy he despertado en plena mutación. Anoche mi Pepe me echó en cara que era un desastre como ama de casa; tenía la despensa presa de inanición. Me faltaban los elementos más elementales.
No he dormido mutando a otro ser. Y cuando la luz del alba  ha inundo todo mi ser, la clarividencia ha llegado a mis sesos. A partir de hoy que sea Pepe el que se ocupe de la despensa.
¿A que cuando quiero pienso con juicio?

¡Hasta otra, amigos!

jueves, 29 de junio de 2017

MI PEPE Y LAS NOTICIAS

Lo peor que te puede pasar, o lo mejor nunca se sabe, es tratar de ver o escuchar las noticias con mi Pepe porque ni oyes ni escuchas ni entiendes ni te enteras. Bueno, me he expresado incorrectamente porque oigo y veo pero a mi Pepe, ¡qué martirio!

Su cara se transforma, su bigote vuela haciendo piruetas cuánto más incongruente es la noticia. El periodista comienza a hablar y escucho una voz en hoc pegada a mi oreja que me va traduciendo la noticia. Vamos, como si el periodista hablara en chino mandarín y yo, una mermada en entendimientos, necesitara de su Pepe para que me tradujera la noticia.
Yo subo el volumen de la radio o de la televisión a ver si se da por aludido, y lo terrible es que él eleva su voz que, ¡menudos matices tiene! Reflexiva, encolerizada, pausada, precipitada y vuestra Lola termina no queriendo saber del mundo, ¡ahí que le den! Porque vigilo mi cordura, amigos, por saber de su fragilidad y no quiero que se distorsione por la malaleche que a mi Pepe le pone el mundo contractual.

Cuando era joven, esto mismo lo sufrí con mi padre, un radical de narices. No se andaba por las ramas. Apagaba la radio o la televisión y ahí me quedaba yo pasmada y con la boca abierta.
Cuando mi padre se fue con San Pedro a jugar al parchís-lo que más le gustaba a mi padre además de hablar como una locomotora- le sucedió mi madre que permanecía muda durante horas pero su voz resurgía como la primavera y sus margaritas con las noticias. Ella no comentaba lo que sucedía aquí o allá, no. Hablaba de las cosas más variopintas y tú, de aburrimiento, apagabas la radio o la televisión para que el dolor de cabeza no naciera en tu mollera.

El más listo de la familia es mi Peluche mayor; ha heredado algunos genes de su padre. Cuando comienzan las noticias apaga la televisión y dice en un tono concluyente “Vamos a disfrutar de la familia” Y efectivamente, disfrutamos los unos de los otros en continuo debatir sobre lo divino y humano, discutiendo por todo, tirándonos de los pelos, echándonos en cara quizá que hace tres años me escupiste un huevo frito que te hice con todo mi cariño, y mi Pepe dándonos una disertación que no tiene ni principio ni fin y que nadie hace caso, ni siquiera el perro… Para que luego digan que no hay diálogo en las familias ¡Alquilo a mi Peluche por horas!

Así que cuando me levanto todos los días a esas horas en que ni el alba ni está ni se la espera, leo la prensa. Como estoy dormida pues estupendo porque me entero de la mitad y de la otra mitad no la comprendo. Claro que mejor, analizándolo fríamente, estos tiempos convulsos son una mierda y perdonad que me exprese con este oprobio, pero es la palabra que más se ajusta al estado actual de las cosas y las personas.

Con lo cual, tal vez entre unos y otros, cada vez esté más desinformada pero para leer memeces, mejor despertar con un poema de Salinas, por ejemplo, que me prepara el carácter para el resto del día y para bien porque para violentos, mi Pepe, que se despierta con las noticias y corre detrás de mí para que escuche su versión que es la buena, según él, claro. O si me ve escribiendo, se sienta a mi lado a recitarme que Trump, Montoro o la mona chita se han tirado por un terraplén.

¡Buen fin de semana, amigos! Ah, iros a disfrutar y si necesitáis saber cómo está el mundo, llamad a mi Pepe, ya veréis que prontos deseáis desconectar.

jueves, 22 de junio de 2017

MY BUGUI

¡Qué feliz estoy, amigos y amigas, vecinos y vecinas, enemigos y enemigas, niños y niñas, padres y madres, cuñados y cuñadas, médicos y médicas, suegros y suegras, listos y listas!... Por dios, qué cansino esto de estar nombrando sexos y más sexos para no excluir a nadie, ¿La RAE sabe de estas nuevas modas? En mis tiempos esto era más sencillo, más simple.

¿Me estaré quedando obsoleta o simplemente tonta de remate por seguir las costumbres de hogaño? Yo qué sé y hace mucho calor para pensar en cosas sin seso.

Bueno, como os decía amigos, voy a resumir sexos, no os ofendáis, estoy muy feliz. Llegó el verano, llegué al pueblo, dejé de limpiar y vuelvo a ser conductora ocasional.

Mi Pepe hace muchos años me regaló un cochecito…, el más feo que despachaban en el mercado, hasta el color azul desteñido es feo pero me siento la reina de la carretera. No corre, casi no da aire pero le funcionan las ventanillas, sin embargo es maravilloso, mi fiel escudero. Se hace chico, se hace grande, vamos que se abaten los sillones si es que no se atascan, siempre sucio y siempre esperándome en la puerta de casa. Me trae, me lleva, me avisa si tiene hambre, no protesta, no me lleva la contraria, no discute y, ¡qué música se oye!, eso sí, solo una frecuencia, la antena pasó a mejor vida.

Decidme, ¿qué más puedo pedir? Más de uno pensará dónde va esa con ese cascajo; quienes hablan así no saben que pertenezco al club de los sin complejos. Si hasta enseñó a mis Peluches a conducir. Claro, Peluche mayor ahora prefiere ir andando antes que montarse en mi bugui,  ¡ay cuánto tonto y tonta sueltos y sueltas sin saber que lo son! El mundo es infinito si pierdes los reparos, esas vergüenzas que acomplejan y no aportan.

Peluche pequeño el otro día me lo trajo de Madrid. Llegó sudando, tardó por encima de la media estándar y nada más que posó su mirada furibunda en su madre dijo “Odio venir con tu mercadillo, madre” Todo porque venía como…, pues sí, parecía que en cualquier cuneta de la autovía pararía y pondría un mercadillo de plantas, libros, aceites de Sierra Magina, un par de abrigos por si hace frío, unas cazuelas que aquí no tengo…, cosillas útiles para cualquier ama de casa histérica de estar donde esté pero estar rodeada de sus chismes.

Y mi bugui vino deslizándose por la autovía a velocidad de crucero por la derecha para no incordiar la potencia de los buguis de verdad o de otras clases sociales automovilísticas.
Voy ahora mismo a dar un beso a mi Pepe por tanta felicidad, y después sacaré el abanico; este calor no hay quien lo aguante, y pensar que tengo que bajar a Valladolid con esta caló en el bugui con ventanillas abiertas para que entre más calor se me derriten las malas ideas.

¡Qué dignidad tiene mi bugui!

sábado, 17 de junio de 2017

ME LLAMO LOLA…su nacimiento

Queridos amigos, muchos de vosotros me habéis preguntado el cómo y el porqué de mi blog ME LLAMO LOLA y aquí os dejo su historia. Real como la vida misma, eso sí, nació en la realidad y se elevó a la ficción aprendiendo a reírme de mí misma…

¡Ay que sofoco! Creí que perdía el autobús; he dado una carrera con las bolsas de la comida y el portafolios de tal calibre que tropecé y el zapato se me ha roto, pero he llegado a mi meta. El conductor me ha mirado de forma extraña y lo comprendo, pero ha de entender que a las nueve treinta de la noche encontrar una mujer sana y pulcra es harto difícil; despeinada, con manchas de café en la blusa, con el rímel corrido, ojerosa, con olor a sudor, más después de haber corrido los cien metros lisos cuesta arriba, con la mano izquierda sujetando no sé cuantas bolsas y con la otra, un zapato roto y el bono-bus, ah y el móvil pues es original pero no raro.
A esas horas no me miro al espejo, estoy convencida de que me deprimiría más, y he de llegar a casa con un mínimo sano juicio para hacer una de las labores más ingratas en la sociedad actual: ser madre de dos adolescentes; eso es como tocar el infierno, ver a Lucifer por duplicado y desear volver a correr, esta vez, los doscientos metros en busca del autobús. Porque he de contar que desde que salgo de mi casa, estoy corriendo tras ese animal de cuatro ruedas. El hijo de perra creo que se mofa ante mis narices. Yo, corriendo como una poseída y ¡zas!, él pasa solemne, ceremonioso, deslizándose por la calzada como si fuera una pista de patinaje y aquí la susodicha tirada como una colilla a esperar media hora para que pase el siguiente, ¡cómo si a mí me sobrara el tiempo!

En esto, me estoy ya empezando a estresar -aunque mi estrés empieza mucho antes… ya lo contaré más adelante- cuando el móvil suena; me dan ganas de tirarlo a la vía y que un coche lo estruje entre el asfalto y las ruedas. Descuelgo, doy una mala contestación y cuelgo. En fin, ya llega otro cuatro ruedas, me subo, me peleo con una señora que se quiere colar y quitarme el asiento… “¡Y una mierda señora!, estaba yo mucho antes que usted” la digo como una verdulera a punto de comerme a la buena mujer.
Reposo mis posaderas y suspiro, ¡diez minutos de descanso!... Ah pero no, me equivoco, el hijo puta del móvil vuelve a sonar y como estoy de mejor ánimo, contesto; es mi jefe que su afán es darme por el culo desde que me intuye hasta que me desintegro al final del día.
Mi vida laboral es un puto fichero: que si fichero para esto, que subcarpeta de fichero para lo otro, que si ficherito para… vamos, que estoy pensando en hacer un esfuerzo ímprobo por mi parte, porque el Excel se me da mal y el Access ni os cuento, pero la ocasión lo merece, y haría un fichero para guardar a mi jefe y no volverlo a abrir y, otro, para depositar a mis dos adolescentes; éste lo abriría dentro de ocho o diez años, ¿creéis que es el tiempo suficiente?
El caso es que me quito, no sé de dónde, un rato todos los días y aprendo a hacer ficheros para tener todo, todito muy ordenado. Pero es que ahora que me acuerdo, ese gilipollas que tengo por jefe me llama y me dice: “¿Te dio tiempo a terminar mi mega fichero, preciosa?” No le he colgado, pero he puesto el mute y, como una loca en medio del autobús, he chillado “¡Que te jodan a ti y a tus ficheritos!” Después, he respirado hondo y, como si se tratara de la mujer más equilibrada del mundo le he dicho: “No pude, el programa Taylor se espatarró y la gente no podía trabajar, así que me dediqué a darles formación” cuelgo y me siento cansada e infeliz. ¿En qué se resume mi vida?, ¿en correr detrás de un autobús todo el día en vez de ir tras de un cubano macizo, eh?, ¿en que mi capacidad profesional se reduce en aprender a hacer ficheros?, ¿en desarrollar mi imaginación para poder sobrellevar a dos chicos de catorce y diecisiete años que no se aguantan ni a sí mismos?… no me digáis que no es triste.

Hablando de este tema, ¿vosotros tenéis hijos en esa edad tan maravillosa? Yo recuerdo que mi padre me daba una leche, y me dejaba como nueva. Vamos, a duras penas osaba a respirar sin hacer ruido en una semana, pero ahora no, no hijos no, estáis muy equivocados. La situación es otra: ellos no te piden permiso, lo has de pedir tú…, como os lo cuento.
Pongo un ejemplo: me encanta recibir noticias de los amigos que viven fuera, y nos carteamos vía e-mail. Entonces yo tengo que decir al monstruo de turno “Fulanito, si eres amable -jamás lo son, os informo de la primera realidad cruda-, ¿me podrías dejar el ordenador? Y me contesta “No tenía que hacer otra cosa. No me dejas meterme en Internet hasta que a ti te da la gana llegar a casa -ya os he contado que si no llego a casa antes es porque me estoy realizado con los ficheritos y por el placer que me produce que me den por el culo- así que ahora te fastidias mamá” -otro que tiene la sana intención de joderme, con lo feliz que sería siendo virgen, casta y pura-, así que me tengo que resignar a levantarme a las seis de la mañana cuando los angelitos están aún dormidos para contestar a los e-mail de mis amigos, pero mi dicha dura poco porque a las siete aparece un tío más grande que un castillo abrazado a su mascota de peluche, ¡manda huevos lo que hay que ver a esas horas!... Ellos son mayores y autodidactas, saben todo, pero de pronto la niñez llama a sus puertas y no se pueden resistir.
El susodicho angelito me pide que no sea egoísta y le atienda porque tiene un gran problema. Como os podéis imaginar, tiro el ordenador y pongo toda mi atención -la que soy capaz a las siete de la mañana-, me quito las legañas de los ojos y le miro profundamente -antes, me limpio los oídos para que nada distorsione el sonido- y espero expectante la confesión”Mami, estoy obsesionado, no me lo puedo quitar de la cabeza y sé que me vas a decir que no pero es que sueño con ello” “¿Qué te martiriza hijo?”- pregunto inocentemente- “Mira, Mami, he visto unos calzoncillos de Kalvin Klein divinos. Son muy caros, pero merecen la pena que te esfuerces en comprármelos. He pensado que dejes de comprar filetes durante dos semanas y, con lo que te ahorras, puedes comprarlos… Podemos comer mientras macarrones”… ¡Qué generoso el niño! Seremos en vez de los García, la familia Macarrón.
A duras penas me repongo del duro impacto que me ha producido la inquietud de mi primogénito cuando me ataca de nuevo -noto que sus confesiones despiertan a mi estrés muy de mañana- y me dice: “Mami, ya sé que tú de elegancia y de vestir bien, no tienes ni idea, el buen gusto te lo negó Dios -esta afirmación me jode, no por mi mal gusto, sino por meter a Dios en la pasarela Cibeles que de un momento a otro se va a convertir mi casa… Si no… atentos, ya veréis- Pero es que Mami, estoy indeciso, ¿qué me favorece más, el pantalón azul con la camisa pistacho o con la verde musgo? Espera, no seas impaciente -me está amenazando- me pongo ambas cosas y opinas”… Entonces comienza un desfile de modelos con tal rapidez, que no asimilo el vestuario.
Por el rabillo del ojo miro el reloj que se acercan sus manecillas a las ocho; la tarifa plana de Internet se acaba y… yo sin contestar los e-mail.

El reloj marca la hora mágica y la joya de mi niño sale disparado o llegará tarde a clase. Los angelitos cantan El Aleluya de Hendel que me suena a música celestial ¡Al fin, sola! Me digo cuando una voz ronca, aguardentosa y desafinada me dice a la oreja “Buenos días, Madre” doy un salto del susto y me vuelvo. Qué tonta soy por crearme falsas esperanza; se me había olvidado el melenudo, mi benjamín. Los pelos le caen lacios por la cara, parece el anticristo; este espécimen es muy rarito pero buen chico.
Todas las mañanas desayunamos juntos y me cuenta sus cosas; yo encantada de que hable aunque os soy sincera, la mitad de las cosas no entiendo su significado, pero yo dejo que hable y pregunto para que sepa que todo él me interesa. Mis preguntas no le hacen gracia porque opina que soy un poco retrasada; normal que lo piense, si no entiendo lo que me dice, mis preguntas deben sonar a chino porque no sé ni lo que digo.

Hay silencio; no me atrevo a moverme, temo que los hados malignos que me persiguen llamen de nuevo a mi puerta. Necesito un poco de sosiego para hallar un mínimo equilibrio emocional y poder encarar el día.

Se me había olvidado deciros, pero creo que ya os habréis dado cuenta, de que soy muy mal hablada; digo palabrotas constantemente ¡Joder, entendedme! Me sienta genial decirlas. Siento como si mi impotencia se viera compensada al decir de una manera rotunda “Tía puta, cabrón, etc”
A mi marido le pone de los nervios oírme hablar así. Dice que no es de personas educadas, ni es femenino, pero a mí a estas alturas, me importa un carajo ser educada y menos, ser femenina… ¿Para qué me sirve ser mujer?, ¿para ser una puta pringada toda la vida? Estoy hasta el moño de todo y de todos pero, claro, luego pienso en este hombre con el que me casé hace tantos años que ya ni me acuerdo, y me da pena… ¡Es tan bueno! Ejerce de hombre, ya sabéis, de los que explotan a las mujeres pero de manera sutil y delicada y, para colmo, se me ha quedado últimamente impotente, no de pene, que quede claro, sino emocionalmente.
Al pobre le ha jodido una tía gorda en el trabajo y, en casa, la sección juvenil le ha metido una goleada mejor que la del Real Madrid. Lo de los monstruos compartidos le he dicho que no se preocupe pues yo me encargo personalmente de ellos… ¡Qué mal miento Dios!
Pero el asunto de la gorda, no sé por dónde atacar. Me ha enseñado su foto y, cuando la he visto, he pensado -no dicho- ¡Date por jodido! Las mujeres somos víctimas, pero la que sale torcida, ¡coño, coño, coño!“

Ring, ring…” el cabrón de mi jefe me da por culo hasta en mi casa; esto no se puede consentir. Ahora mismo tiro los teléfonos por la ventana…, mira que lo sabía. Me decía a mi misma: “Muñeca hoy es un buen día, sonríe, seguro que viene alguien y lo jode”

Por cierto, no os he dicho que me llamo Dolores, pero llamadme Lola; tiene más personalidad, carisma, como que suena a mujer segura y equilibrada, que sabe lo que ha de hacer en cada momento sin que se le mueva una pestaña de su sitio. Esa soy yo aunque ni yo misma me lo crea.