jueves, 22 de junio de 2017

MY BUGUI

¡Qué feliz estoy, amigos y amigas, vecinos y vecinas, enemigos y enemigas, niños y niñas, padres y madres, cuñados y cuñadas, médicos y médicas, suegros y suegras, listos y listas!... Por dios, qué cansino esto de estar nombrando sexos y más sexos para no excluir a nadie, ¿La RAE sabe de estas nuevas modas? En mis tiempos esto era más sencillo, más simple.

¿Me estaré quedando obsoleta o simplemente tonta de remate por seguir las costumbres de hogaño? Yo qué sé y hace mucho calor para pensar en cosas sin seso.

Bueno, como os decía amigos, voy a resumir sexos, no os ofendáis, estoy muy feliz. Llegó el verano, llegué al pueblo, dejé de limpiar y vuelvo a ser conductora ocasional.

Mi Pepe hace muchos años me regaló un cochecito…, el más feo que despachaban en el mercado, hasta el color azul desteñido es feo pero me siento la reina de la carretera. No corre, casi no da aire pero le funcionan las ventanillas, sin embargo es maravilloso, mi fiel escudero. Se hace chico, se hace grande, vamos que se abaten los sillones si es que no se atascan, siempre sucio y siempre esperándome en la puerta de casa. Me trae, me lleva, me avisa si tiene hambre, no protesta, no me lleva la contraria, no discute y, ¡qué música se oye!, eso sí, solo una frecuencia, la antena pasó a mejor vida.

Decidme, ¿qué más puedo pedir? Más de uno pensará dónde va esa con ese cascajo; quienes hablan así no saben que pertenezco al club de los sin complejos. Si hasta enseñó a mis Peluches a conducir. Claro, Peluche mayor ahora prefiere ir andando antes que montarse en mi bugui,  ¡ay cuánto tonto y tonta sueltos y sueltas sin saber que lo son! El mundo es infinito si pierdes los reparos, esas vergüenzas que acomplejan y no aportan.

Peluche pequeño el otro día me lo trajo de Madrid. Llegó sudando, tardó por encima de la media estándar y nada más que posó su mirada furibunda en su madre dijo “Odio venir con tu mercadillo, madre” Todo porque venía como…, pues sí, parecía que en cualquier cuneta de la autovía pararía y pondría un mercadillo de plantas, libros, aceites de Sierra Magina, un par de abrigos por si hace frío, unas cazuelas que aquí no tengo…, cosillas útiles para cualquier ama de casa histérica de estar donde esté pero estar rodeada de sus chismes.

Y mi bugui vino deslizándose por la autovía a velocidad de crucero por la derecha para no incordiar la potencia de los buguis de verdad o de otras clases sociales automovilísticas.
Voy ahora mismo a dar un beso a mi Pepe por tanta felicidad, y después sacaré el abanico; este calor no hay quien lo aguante, y pensar que tengo que bajar a Valladolid con esta caló en el bugui con ventanillas abiertas para que entre más calor se me derriten las malas ideas.

¡Qué dignidad tiene mi bugui!

sábado, 17 de junio de 2017

ME LLAMO LOLA…su nacimiento

Queridos amigos, muchos de vosotros me habéis preguntado el cómo y el porqué de mi blog ME LLAMO LOLA y aquí os dejo su historia. Real como la vida misma, eso sí, nació en la realidad y se elevó a la ficción aprendiendo a reírme de mí misma…

¡Ay que sofoco! Creí que perdía el autobús; he dado una carrera con las bolsas de la comida y el portafolios de tal calibre que tropecé y el zapato se me ha roto, pero he llegado a mi meta. El conductor me ha mirado de forma extraña y lo comprendo, pero ha de entender que a las nueve treinta de la noche encontrar una mujer sana y pulcra es harto difícil; despeinada, con manchas de café en la blusa, con el rímel corrido, ojerosa, con olor a sudor, más después de haber corrido los cien metros lisos cuesta arriba, con la mano izquierda sujetando no sé cuantas bolsas y con la otra, un zapato roto y el bono-bus, ah y el móvil pues es original pero no raro.
A esas horas no me miro al espejo, estoy convencida de que me deprimiría más, y he de llegar a casa con un mínimo sano juicio para hacer una de las labores más ingratas en la sociedad actual: ser madre de dos adolescentes; eso es como tocar el infierno, ver a Lucifer por duplicado y desear volver a correr, esta vez, los doscientos metros en busca del autobús. Porque he de contar que desde que salgo de mi casa, estoy corriendo tras ese animal de cuatro ruedas. El hijo de perra creo que se mofa ante mis narices. Yo, corriendo como una poseída y ¡zas!, él pasa solemne, ceremonioso, deslizándose por la calzada como si fuera una pista de patinaje y aquí la susodicha tirada como una colilla a esperar media hora para que pase el siguiente, ¡cómo si a mí me sobrara el tiempo!

En esto, me estoy ya empezando a estresar -aunque mi estrés empieza mucho antes… ya lo contaré más adelante- cuando el móvil suena; me dan ganas de tirarlo a la vía y que un coche lo estruje entre el asfalto y las ruedas. Descuelgo, doy una mala contestación y cuelgo. En fin, ya llega otro cuatro ruedas, me subo, me peleo con una señora que se quiere colar y quitarme el asiento… “¡Y una mierda señora!, estaba yo mucho antes que usted” la digo como una verdulera a punto de comerme a la buena mujer.
Reposo mis posaderas y suspiro, ¡diez minutos de descanso!... Ah pero no, me equivoco, el hijo puta del móvil vuelve a sonar y como estoy de mejor ánimo, contesto; es mi jefe que su afán es darme por el culo desde que me intuye hasta que me desintegro al final del día.
Mi vida laboral es un puto fichero: que si fichero para esto, que subcarpeta de fichero para lo otro, que si ficherito para… vamos, que estoy pensando en hacer un esfuerzo ímprobo por mi parte, porque el Excel se me da mal y el Access ni os cuento, pero la ocasión lo merece, y haría un fichero para guardar a mi jefe y no volverlo a abrir y, otro, para depositar a mis dos adolescentes; éste lo abriría dentro de ocho o diez años, ¿creéis que es el tiempo suficiente?
El caso es que me quito, no sé de dónde, un rato todos los días y aprendo a hacer ficheros para tener todo, todito muy ordenado. Pero es que ahora que me acuerdo, ese gilipollas que tengo por jefe me llama y me dice: “¿Te dio tiempo a terminar mi mega fichero, preciosa?” No le he colgado, pero he puesto el mute y, como una loca en medio del autobús, he chillado “¡Que te jodan a ti y a tus ficheritos!” Después, he respirado hondo y, como si se tratara de la mujer más equilibrada del mundo le he dicho: “No pude, el programa Taylor se espatarró y la gente no podía trabajar, así que me dediqué a darles formación” cuelgo y me siento cansada e infeliz. ¿En qué se resume mi vida?, ¿en correr detrás de un autobús todo el día en vez de ir tras de un cubano macizo, eh?, ¿en que mi capacidad profesional se reduce en aprender a hacer ficheros?, ¿en desarrollar mi imaginación para poder sobrellevar a dos chicos de catorce y diecisiete años que no se aguantan ni a sí mismos?… no me digáis que no es triste.

Hablando de este tema, ¿vosotros tenéis hijos en esa edad tan maravillosa? Yo recuerdo que mi padre me daba una leche, y me dejaba como nueva. Vamos, a duras penas osaba a respirar sin hacer ruido en una semana, pero ahora no, no hijos no, estáis muy equivocados. La situación es otra: ellos no te piden permiso, lo has de pedir tú…, como os lo cuento.
Pongo un ejemplo: me encanta recibir noticias de los amigos que viven fuera, y nos carteamos vía e-mail. Entonces yo tengo que decir al monstruo de turno “Fulanito, si eres amable -jamás lo son, os informo de la primera realidad cruda-, ¿me podrías dejar el ordenador? Y me contesta “No tenía que hacer otra cosa. No me dejas meterme en Internet hasta que a ti te da la gana llegar a casa -ya os he contado que si no llego a casa antes es porque me estoy realizado con los ficheritos y por el placer que me produce que me den por el culo- así que ahora te fastidias mamá” -otro que tiene la sana intención de joderme, con lo feliz que sería siendo virgen, casta y pura-, así que me tengo que resignar a levantarme a las seis de la mañana cuando los angelitos están aún dormidos para contestar a los e-mail de mis amigos, pero mi dicha dura poco porque a las siete aparece un tío más grande que un castillo abrazado a su mascota de peluche, ¡manda huevos lo que hay que ver a esas horas!... Ellos son mayores y autodidactas, saben todo, pero de pronto la niñez llama a sus puertas y no se pueden resistir.
El susodicho angelito me pide que no sea egoísta y le atienda porque tiene un gran problema. Como os podéis imaginar, tiro el ordenador y pongo toda mi atención -la que soy capaz a las siete de la mañana-, me quito las legañas de los ojos y le miro profundamente -antes, me limpio los oídos para que nada distorsione el sonido- y espero expectante la confesión”Mami, estoy obsesionado, no me lo puedo quitar de la cabeza y sé que me vas a decir que no pero es que sueño con ello” “¿Qué te martiriza hijo?”- pregunto inocentemente- “Mira, Mami, he visto unos calzoncillos de Kalvin Klein divinos. Son muy caros, pero merecen la pena que te esfuerces en comprármelos. He pensado que dejes de comprar filetes durante dos semanas y, con lo que te ahorras, puedes comprarlos… Podemos comer mientras macarrones”… ¡Qué generoso el niño! Seremos en vez de los García, la familia Macarrón.
A duras penas me repongo del duro impacto que me ha producido la inquietud de mi primogénito cuando me ataca de nuevo -noto que sus confesiones despiertan a mi estrés muy de mañana- y me dice: “Mami, ya sé que tú de elegancia y de vestir bien, no tienes ni idea, el buen gusto te lo negó Dios -esta afirmación me jode, no por mi mal gusto, sino por meter a Dios en la pasarela Cibeles que de un momento a otro se va a convertir mi casa… Si no… atentos, ya veréis- Pero es que Mami, estoy indeciso, ¿qué me favorece más, el pantalón azul con la camisa pistacho o con la verde musgo? Espera, no seas impaciente -me está amenazando- me pongo ambas cosas y opinas”… Entonces comienza un desfile de modelos con tal rapidez, que no asimilo el vestuario.
Por el rabillo del ojo miro el reloj que se acercan sus manecillas a las ocho; la tarifa plana de Internet se acaba y… yo sin contestar los e-mail.

El reloj marca la hora mágica y la joya de mi niño sale disparado o llegará tarde a clase. Los angelitos cantan El Aleluya de Hendel que me suena a música celestial ¡Al fin, sola! Me digo cuando una voz ronca, aguardentosa y desafinada me dice a la oreja “Buenos días, Madre” doy un salto del susto y me vuelvo. Qué tonta soy por crearme falsas esperanza; se me había olvidado el melenudo, mi benjamín. Los pelos le caen lacios por la cara, parece el anticristo; este espécimen es muy rarito pero buen chico.
Todas las mañanas desayunamos juntos y me cuenta sus cosas; yo encantada de que hable aunque os soy sincera, la mitad de las cosas no entiendo su significado, pero yo dejo que hable y pregunto para que sepa que todo él me interesa. Mis preguntas no le hacen gracia porque opina que soy un poco retrasada; normal que lo piense, si no entiendo lo que me dice, mis preguntas deben sonar a chino porque no sé ni lo que digo.

Hay silencio; no me atrevo a moverme, temo que los hados malignos que me persiguen llamen de nuevo a mi puerta. Necesito un poco de sosiego para hallar un mínimo equilibrio emocional y poder encarar el día.

Se me había olvidado deciros, pero creo que ya os habréis dado cuenta, de que soy muy mal hablada; digo palabrotas constantemente ¡Joder, entendedme! Me sienta genial decirlas. Siento como si mi impotencia se viera compensada al decir de una manera rotunda “Tía puta, cabrón, etc”
A mi marido le pone de los nervios oírme hablar así. Dice que no es de personas educadas, ni es femenino, pero a mí a estas alturas, me importa un carajo ser educada y menos, ser femenina… ¿Para qué me sirve ser mujer?, ¿para ser una puta pringada toda la vida? Estoy hasta el moño de todo y de todos pero, claro, luego pienso en este hombre con el que me casé hace tantos años que ya ni me acuerdo, y me da pena… ¡Es tan bueno! Ejerce de hombre, ya sabéis, de los que explotan a las mujeres pero de manera sutil y delicada y, para colmo, se me ha quedado últimamente impotente, no de pene, que quede claro, sino emocionalmente.
Al pobre le ha jodido una tía gorda en el trabajo y, en casa, la sección juvenil le ha metido una goleada mejor que la del Real Madrid. Lo de los monstruos compartidos le he dicho que no se preocupe pues yo me encargo personalmente de ellos… ¡Qué mal miento Dios!
Pero el asunto de la gorda, no sé por dónde atacar. Me ha enseñado su foto y, cuando la he visto, he pensado -no dicho- ¡Date por jodido! Las mujeres somos víctimas, pero la que sale torcida, ¡coño, coño, coño!“

Ring, ring…” el cabrón de mi jefe me da por culo hasta en mi casa; esto no se puede consentir. Ahora mismo tiro los teléfonos por la ventana…, mira que lo sabía. Me decía a mi misma: “Muñeca hoy es un buen día, sonríe, seguro que viene alguien y lo jode”

Por cierto, no os he dicho que me llamo Dolores, pero llamadme Lola; tiene más personalidad, carisma, como que suena a mujer segura y equilibrada, que sabe lo que ha de hacer en cada momento sin que se le mueva una pestaña de su sitio. Esa soy yo aunque ni yo misma me lo crea.

lunes, 5 de junio de 2017

QUE SE MUERAN LOS FEOS

¡Me encanta ponerme fea! Bueno no; lo que me gusta es ponerme horrorosa. Me sienta genial. Costumbre que había abandona por años de insistencia de mi amiga Mari Pili; me decía de todo menos bonita y yo, ¡más leña al mono! Cuánto más me lo decía, era como un revulsivo contra la belleza. Pero me cansé y decidí hacerla feliz y salir decente al menos a la calle.
Sin embargo, la cabra termina tirando al monte siempre, siempre y hoy…, fea de narices. Me he encontrado a dos vecinas muy cariñosas que me han preguntado que si me encontraba bien y yo he contestado que divinamente. No obstante han afirmado que lo de la literatura no acababa de sentarme al cuerpo. Qué bordes, ¿no?
Todo el mundo tenía que ser como mi Pepe que cuánto más fea, más guapa me encuentra, y el día que me pongo mona me dice de qué voy. Claro que mi Peluche mayor el otro día afirmó que la pintura de indio a mi cara no me favorecía… Ahora que me estoy dando cuenta, ¿no será que estoy permanentemente horrorosa y cuando me adecento como que rechazan mi belleza suprema? No sé, me da igual.

¿Queréis imitarme? Os advierto que es facilísimo. A poco que no hagas ya estás sublimemente fea. Porque cuando eres joven, cualquier cosita como si no hay cosita, estás siempre muy linda pero, ¡ay amiga!, entra en una edad y verás. Tanto que aconsejo mirarse al espejo los días impares y con eso si quitas a mayores un día o dos, mejor qué mejor.

Yo, edad no tengo. Decidí borrarla del DNI y del pasaporte y del libro de familia y de la partida de nacimiento y la partida bautismal. Pero el cuerpo va por libre y ya puede una ser relimpia, quitar cualquier huella que te delate que… o te inflas los morros, te quitas papada, te rellenas las orejas, quitas los ojos o lo que hay a tu alrededor dejándote la cara que no te pareces ni a tu prima la de Puerto Rico o… Claro para eso hay que tener dinero y en este momento la cartera la tengo anoréxica, y lo poco que me queda prefiero invertirlo en risas con mis amigos delante de una copa., qué queréis que os diga, un amigo vale la pena más que una belleza ficticia.

La belleza está dentro y si eres mañoso y la entrenas te verán más bonita que un San Luís- por cierto no sé si San Luis era guapo, eh. Es un dicho castellano.
Pues sí, hoy era de esos días en que mirarme al espejo me daba la risa. Un pantalón de lunares, una camisita de franela de cuadros, una flor sujetando al pelo, un mechón suelto perdido y a su caer. Blanca como el pan candeal. Ojerosa, de esto mucho, muchito. Un bolso verde aprovechando que iba de azul y cuadros fucsias y unas deportivas de invierno con calcetines de rayas también de invierno aprovechando que hoy han bajado las temperaturas y hacen solo 30 grados; tan calentita que iba yo.

De verdad que me he encontrado genial y encima me he reído de mi misma. ¿Qué más quiero?
Tal vez por eso no esté de acuerdo con la canción “Que se mueran los feos”… Vamos, con lo sacrificado que es estar monilla.
¡Viva los horrorosos!

… ¡Qué paridas escribo! Aunque os advierto que a los escritores nos sienta genial de vez en cuando ver que nuestras letras son…

miércoles, 31 de mayo de 2017

CAMINO DEL ROCÍO

Está claro, nací para la alegría, para la expresión sustantiva y de paso para la charanga. Es oír una comparsa y, aunque esté atada a una silla, mi espíritu sale danzando y al cuerpo que le den, ¡hala, a por otra cosa mariposa!
Cuento esto porque tengo una pena muy gorda y negra. Hoy tendría que estar comenzando el camino del Rocío con mi prima Blanca que es otra que está zumbadísima, tal vez porque por compartimos sangre, digo yo, yo qué sé… El caso que ella se larga y aquí la presente se queda.
Sin embargo he decidido ser positiva porque lo que es, es, y es tontería sufrir para nada. Así que me acabo de colocar el clavel en la cresta, colgado al cuello la medalla  rociera de Triana y puesto la salve. Perro me mira no comprendiendo que a estas horas tempranas su ama confunda realidad con ficción; he tratado de explicárselo, pero lo único que he conseguido es que echara las orejas para atrás en dirección del viento. En fin, es lo que hay…
En estos casos me gustaría tener el don de la ubicuidad y desdoblarme y estar en cincuenta sitios, pero Dios solo me concedió el don imaginativo de un escritor por lo que hoy lo uso para mi autodefensa ante la frustración de no poder vivir en directo y quedarme la ficción para que en ella haga lo que me dé la real gana.

¿Qué me atrae del Rocío? Todo porque nada conozco. Iba a ser mi primera vez y ya se sabe que “esa primera vez” se mitifica y se guarda en las estanterías de la memoria para cuando te dé la nostalgia subas y mires aquel momento excelso que una vez viviste. A lo mejor resultó ser una castaña, no nos engañemos pero tú lo elevaste hasta endiosarlo.
Me imaginaba, me imaginaba tanto… El polvo del camino en mis pies inquietos. El color, sí ese colorido aroma de los mil y un matices que nos regala la luz según viene, y según se va. Esos riachuelos en los que refrescar el sudor. Posar tus ojos en rostros anónimos y prendarte de sus gestos. Beber el fervor de otros aunque tú no seas capaz de sentirlo. La hoguera al caer noche cerrada con sus chispas y manos al aire mientras el embrujo de una guitarra arrolla tus sentidos. La feminidad mal consentida de las mujeres luciendo sus trajes de flamenca… Tantos matices por vivir y sentir que…

A la vida la pides, claro que hay que pedirla, ahora sí, luego ella te dará o no, esa es la cuestión. Y luego tu priorizarás, así hace la gente sensata y, yo, por una vez en la vida lo he sido.
“¿Rocío o escritora?” Me preguntó la insolente de la conciencia y ganó ella, la que cada mañana se pone a soñar para vosotros, los lectores.
¡Puerca miseria! Ahora mismo me planto el traje de flamenca y me pongo a poner lavadoras… Es cierto, los escritores somos mortales y hacemos lo que todo el mundo hace: discutir, ir a la comprar, remendar los calcetines de tu Pepe, poner verde a la vecina, palpar la vida en todas sus vertientes…, esas cosillas de la maravillosa rutina diaria.

Dios te salve María, 
del Rocío señora, 
luna, sol, norte y guía, 
y pastora celestial. 

2 
Dios te salve María, 
todo el pueblo te adora, 
y repite a porfía, 
como tu no hay otra igual. 

ESTRIBILLO 
Olé, olé, olé, olé, olé, 
olé, olé, olé, olé, olé, 
olé, olé, olé, olé,olé, 
olé, olé, olé, olé, 
al Rocío yo quiero volver, 
a rezarle a la Virgen con fe 
con un... 
(BIS) 

3 
Dios te salve María, 
manantial de dulzura, 
a tus pies noche y día, 
te venimos a rezar. 

4 
Dios te salve María, 
un rosal de hermosura, 
eres tú, madre mía, 
de pureza virginal. 

ESTRIBILLO
Ay Virgencita del chiringuito más próximo llévame al Rocío, leñe…

martes, 23 de mayo de 2017

RISA PERFECTA

Mi boca no es mía, está poseída por las manos de mi dentista. Es como si tuviera dentro metralla o hierros; aún está por descifrar.

Mi Peluche mayor se define por una risa perfecta y en esto que yo estaba cazando moscas y se me ocurrió mirarme al espejo-cada vez que lo hago, drama al canto- y mis dientes no eran dientes, o sí, pero no los de mi Peluche.

Más bien me recordaban a los de uno de los personajes de mi tercera novela, a Lucrecio… Este es un burro muy simpático que lo primero que ves o lees de él, son sus dos inmensos paletos; pues así yo. Tal vez me hubiera inspirado en mis dientes sin yo saberlo para desgranar el personaje de Lucrecio. Ya sabéis que los derroteros de la mente humana son muy oscuros y los míos, ni os cuento.

Total, resumiendo, yo quería tener la sonrisa perfecta de mi Peluche y me puse manos a la obra. Fui al dentista y me convertí en la mujer tornillo en sus manos hacendosas. Me puso, me quito, me volvió a poner hasta ayer que culminó su primero vigésima construcción mecano en mi boca. Me he despertado sin labios, lo mío son morros.

Desde ayer no como. Entre los alambres se me mete lo que intento meter y es una odisea en el espacio bucal, así que se me han quitado las ganas de sólidos y practico líquidos, pero pocos también.

¿Dónde fue a parar mi sonrisa de burra feliz y sin complejos, eh? He pensado hacerme unas cortinillas que se enganchen en las orejas para si me vuelven las ganas de reír pues que no se me vean los alambras de mujer mecano.

Me he creado un muro de lamentaciones lamentosas en que he pegado una nota escrita con letras grandes que se pueda leer sin necesidad de gafas en la que dice “Muñeca eres vieja”… No, no, tranquilos, esa frase que aparentemente suena perturbadora, lapidaria, destructiva y derrotista, me estimula porque me hace recordar que ahora que se me está reblandeciendo todo, la edad no perdona, la sesera no, esa vino de fábrica sin posible modificación, pues si todo mi ser está blandito pues las mandíbulas también y, si están tipo chicle, es de esperar que con los hierros que el dentista me ha puesto tarden poco en domesticar mi dentadura, y esta vuelva a sus ser y en nada luzca risa perfecta como mi Peluche.

¿Os han convencido mis explicaciones? A mí no mucho, pero no me queda otra que sacar leche de un botijo. Según mi Pepe mis dientes son tan brutos como yo y será imposible domesticarlos. Él lleva tratando de hacerse conmigo 30 años y no ha conseguido resultados satisfactorios.

Anda que si pasan 30 años sin comer, sin reírme y encima con el mecano puesto… ¡Puerca miseria!

domingo, 21 de mayo de 2017

STOP

¿Conocéis a alguien que cinco minutos antes de que termine una película que la está fascinando, apague la tele y se vaya a dormir? No la busquéis, no os gastéis, la tenéis delante de vuestros ojos. Y no contenta con eso, voy muy seria, siento cátedra y afirmo sin que se me muevan las pestañas que, por cierto, ya ni con el rímel se me ven ”Qué gente más rara hay en este planeta” Y me quedo tan fresca. ¡Qué fácil es hablar y qué difícil es tener la garganta muda!

Pero, como os he contado alguna vez, primero actúo y luego pienso pues… Así tengo a mi Pepe cada vez más calvo de tanto pensar por mí.

El otro día reflexionando sobre mí misma delante de un espejo casi me saco un ojo. No porque me enfadara conmigo, eso nunca lo hago, como mucho me digo “Ay alma de cántaro” y con eso ya me he perdonado hasta la siguiente vez. Casi me saqué un ojo por la falta de experiencia y como estaba tan concentrada pensando pues…

Prácticamente nunca me pinto, solo en grandes ocasiones que se cuentan con los dedos de una mano. Entonces de una vez a otra, se me han olvidado los pasos, ¿me seguís? Pues bien, el día de marras me estaba quitando los botes de pintura que me había volcado en la cara horas atrás y llegó la parte de despintar los ojos, justo en el momento en que me preguntaba “Niña, con lo maja que estás con la cara lavada, ¿por qué te empeñas en ponerte como un payaso?” En esto entra mi Pepe y comienza una disertación de cómo fregar las sartenes. Yo, aparco mi pensamiento sesudo para concentrarme en mi Pepe y tanto friega y friega que casi me quedo con el ojo en la mano y tuerta de por vida.

Claro, para lo que hay que ver… Pero la rabia que me da es que no aprendo, no aprendo nada de nada. Todo el mundo parece saber más que tú que, sin duda, sabrán, pero es que se pasan la vida dándote lecciones y tachándote de imperfecta que lo sé que lo soy, pero me aburren tanta insistencia y me pregunto, ¿por qué no me olvidan un rato y se miran a ellos otro rato? ¡Ah! Es más estupendo sacar las taras de los demás que las propias. Pues no, hoy estoy rebelde. Vive y deja vivir.

A mis años, nunca es tarde. Más difícil, sí, pero no imposible. Así que me he hecho un cartel mental que versa “STOP”
Stop para los sabiondos, STOP para los perfectos, STOP para los insufribles y, de paso, STOP para mí misma, a ver si soy capaz de ver una película entera sin decir qué raros son los demás, cuando la primera chiflada, y a mucha honra, soy yo.

Lo bueno y breve, dos veces bueno. Así que, ¡hasta otro día, amigos!

sábado, 13 de mayo de 2017

DE AMOR Y VICEVERSA

¡Qué bonito es el amor! Ayer descubrí, a destiempo, claro, como siempre, que nací para organizadora de eventos nupciales. Sin duda todo el mundo se querría casar para que yo les organizara la boda, habría procreación y España no sería un país de viejos, pero como me dice mi Pepe “Dios te colocó en este mundo y se le olvidó programarte” Y mirad que pongo buena voluntad, eh, pero no hay manera, todas mis proyecciones las falta algo: los pies, otras veces la cabeza, y en la mayoría de las ocasiones el cuerpo entero.

Ayer estuve de boda fina, de las que no las falta de nada, ni siquiera el amor, ¡más bonito todo! Yo saqué el catalejo y no perdí detalle. En esto que estaba haciendo un barrido para catalogar a la invitada más elegante hasta la más descolocada visualmente, cuando me encontré a dos especímenes dignos de película de la gran pantalla en cinemascope. Muy discretos ellos, muy bien vestidos con pinganillo en oreja, una sonrisa que sin ser estridente, estaba en el tamaño y lugar adecuado. Sus ojos no necesitaban catalejos como los míos; veían todo y más, si me apuras hasta las enaguas de la novia que, por cierto, eran divinas: Convirtieron a los invitados primero en los perfectos colegiales que obedecen a todo y segundo, en los perfectos Julias Roberts de la película Pretty woman: nos hacían la pelota, nuestros deseos se hacían realidad antes de terminarlos de formular… Yo pedí un par de platos de jamón y una botella de vino blanco fresquito. ¡Fui la envidia de las mesitas puestas en el jardín! Además, en la finquita donde se realizó el evento fino, de los finos de toda la vida, había hasta estanque con cisnes. No patos, cisnes desplegando su vuelo acrobático para posarse después en las aguas mansas… Por supuesto sonó el himno de Paquito el chocolatero; ya os digo, no faltó de ná.

En cada plato antes de comenzar pusieron una cajita de una ONG y dentro había una nariz de payaso. Me la puse al instante sin mirar la mirada felina de mi Pepe que me observaba desde el otro extremo de la mesa, claro.

Un poco incómoda estaba, no os voy a engañar. Encima de mi cabeza llevaba una especie de paellera, la más grande que encontré por un precio asequible que, por supuesto, me la proporcionó mi estilista de cabecera, el chino del barrio. Si a eso añado la nariz de payaso, pues unas veces me ahogaba por respiración intermitente y otras mi paellera salía a tomar vientos por un codazo impertinente o por el camarero despistado de turno.
Pero quizá lo que me preocupó más es que dentro de mi descerebrado cerebro, a fuego tengo que la discreción y prudencia han de estar siempre en primera línea de fuego. Y es que cuando íbamos a entrar al comedor vino una linda camarera de cofia y delantal impolutos y me ofreció lo que yo supuse que podía ser Sushi. A mí no me gusta pero yo vi las manos de la gente que lo cogía y yo hice lo mismo por eso de donde fueres haz lo que vieres. Pues bien, me lo metí en la boca, ¡craso error!, no era sushi sino toallitas para limpiarse las manos. Discretamente me lo saqué de la boca; no me ha reñido Pepe, así es que no lo vio. No sabía mal, una especie de limón con un poco de espumilla.
¡Lo qué bailé, lo qué salté! Hoy no me puedo levantar, el fin de semana me dejó fatal, pero eso es otra historia…


PD. En otra vida, recordadme que haga estudios para eventos nupciales; me encanta. Pepe está predestinado para eventos funerarios. Lo borda: la palabra justa, el consuelo necesario, cara de plañidero, la conversación indicada para el momento y el alabo al muerto con todas sus virtudes. ¿Veis? Para ese oficio no sirvo… Yo he nacido para los amores de la gran pantalla.

domingo, 30 de abril de 2017

SEVILLANAS EXPRÉS

Me meto yo solita, sin ayuda de nadie, eh, en cada fregao, y es que dónde no hay, como es mi caso, pedirme seso es tontería, ¡ay madre, qué lastimita de mí!
Mi Pepe me dice que las cosas se piensan antes de hacerlas; yo empiezo por el final y acabo por el principio. Vamos, pienso cuando ya está todo el pescado vendido.
Me voy a mi Sevilla y olé a la feria, no la conozco. Hace muchos años que llevo queriendo ir y no voy, pero este año han sonado las sevillanas y me decidí hace dos días. Pepe apoya mi decisión, eso me tranquiliza y me asusta a la vez... Yo suelta de flamenca puede ser muy tomate, ¿no?. Él no me acompaña pues como tenemos al zoo al completo-perro, conejo, pez y tortuga- y no tenemos alma cándida que se quede con ellos pues se queda Pepe.
Hoy, a las siete de la mañana, recién levantada con mi mente virgen, se me ocurre que para no hacer el ridículo más de lo debido conociéndome como soy, pues sería conveniente aprender unos pases de sevillanas, para salir del atolladero, no más, una sevillanas exprés. Y con las mismas me he puesto a ver videos. A estas horas de la tarde, tengo los ojos a lunares y las manos agarrotadas como al principio; cero avance.
Las manos se me hacen un rebujo, que no rebujito y las piernas las pierdo. El tronco se queda en su sitio, pero la pierna derecha que en un momento dado la subo, y ahí se queda a modo de salto con pértiga.
¿Lo mejor? Que me quedara sentadita dando palmas, pero es que ni las palmas se acompasan. Y si yo no tomara el rebujito pues estupendamente en la silla, Pero el problema viene cuando dos rebujitos se cosen a mi ánimo festivalero, entonces me da igual ocho que ochenta y ocho. Salgo a la pista y como si la fiebre del sábado noche me hubiera poseído pero en andalú, para que nos entendamos.
Pepe nada dice. Esta mañana le he mandado al chino a que me comprara una flor; ha venido con dos. Me ha mirado con pena y me ha entregado la bolsa. Cuando la he abierto casi me caigo de espaldas, ¡qué pinta china tiene la flor!
Pero no me he desanimado y he pasado al plan B que consistía en el acicalamiento para no parecer una guiri en la feria de abril. He visto todo tipo de videos y me duele la cabeza. He perdido el norte, el sur, el este y voy a ver si pierdo el oeste sin que pierda el poco juicio que me queda.
Me he dicho “Sé tú misma que salero no te falta”, pero es que después de tanto video me siento contaminada, como si tuviera sobredosis de información atascada en la cabeza.
He bajado del altillo mi vestido colorado, me lo he puesto, me he plantado el jardín botánico chino en la cresta, me he pintado como dicen que hay que ir a la feria “Con mirada felina” y, cuando he mirado el resultado en el espejo, me ha dado tal ataque de risa, se me han saltado las lágrimas, se me ha corrido la mirada de pantera y he manchado el vestidito de lunares.
¡Tanto pa ná! Bueno pasaré al plan C que consiste en que me quedan aún dos días y como cambio de opinión cada dos minutos, lo mejor es dejarme sorprender por mí misma. Hay que ser prácticos,  si soy consciente que lo mío es muy tomate, pues de tomate voy a la feria.

¡Ole! Y vamos a por la segunda…

jueves, 20 de abril de 2017

LA BIEN PAGÁ

“Ná te pido, ná me llevo. Entre esas paredes dejo sepultás penas y alegrías que te dao y me diste. Bien pagá, bien pagá, bien pagá mujé…” Así se siente vuestra Lola desde ayer cuando en Alcalá de Henares se reconoció a lo grande el humor, “un justo reconocimiento a un género que algunos erróneamente han considerado menor” porque es muy fácil hacer llorar; con mirar a mi Pepe, yo lloro. Entonces, ¿Hay mérito en ello? Pues no. Sin embargo, aquí mi persona que resurge como el ave fénix cada cinco minutos y tres cuartos, pues sí.

El escritor catalán Eduardo Mendoza dijo alto y claro “Yo creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera, y por este motivo vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo"… En una escala mínima a la suya, así me siento yo: Llena de lógica, mesura seso y juicio frente a un mundo disuasorio sin pies ni cabeza, ni por dónde hincarle el diente...

Ayer, cuando escuchaba a este hombrecillo bien plantao decir Recojo este premio con profunda gratitud y alegría, y que seguiré siendo el que siempre he sido: Eduardo Mendoza, de profesión, sus labores” me vi metida dentro de su chaqué, humilde, serena, risueña e irónica. En conclusión, siento reconocido mi arte de elevar al cuadrado mi locura desafinada frente a un Pepe cenizo,  de impoluta cordura y bien estructurada sesera pero carente del sentido desafiante del humor… Qué rebien me expreso a pesar de tener un ojo abierto, otro cerrado y la mollera durmiente; las seis de la mañana no es hora de preparar un discurso, lo sé, pero es el único momento que me siento virgen pues en un rato estaré totalmente contaminada.

Me siento la bien pagá, insisto, y hoy me iré a un congreso literario con la cabeza alta, cuarteadas las ideas como siempre y mi orgullo encendido. Cuando le conté a mi Pepe mi planning de viajes como estrella rutilante de las letras, se le iluminó la cara, me dejó con la palabra en la boca, cogió el carrito de la compra y regreso al rato.

Queridos lectores, mi casa es una pura lata. Si necesitáis unas lentejas a la riojana, unos callos a la madrileña, unas alubias estofadas, o garbanzos a lo pobre, armóndigas en salsa, yo qué sé…, llamad a Pepe, tiene de tó; se compró el súper entero de productos enlatados. Hambre en mi ausencia, no va a pasar, y encima está contento, tiene el bigote en modo despegue, así que parto tranquila a dejar la representación femenina al alcance de un Cervantes porque, en el fondo, siempre me he visto un poco mucho Quijote.
“Ná te pido, ná me llevo. Entre esas paredes dejo sepultás penas y alegrías que te dao y me diste. Bien pagá, bien pagá, bien pagá mujé…” ¿Para qué voy a esperar a que me den un nobel siendo ya cervantina de pro?… “Bien pagá, bien pagá, bien pagá mujé, mujé”

¡Buen fin de semana, amigos!

domingo, 16 de abril de 2017

ESCARLATA MADE IN SPAIN

A Dios pongo por testigo que jamás volveré a tener un ordenador como este… Escarlata Lola dixit… Estoy hasta el último pelo de la peineta que me estoy quitando; se acabó la Semana Santa y como mis dos Peluches se niegan a pasar por un altar, yo, una humilde escritora guarda la peineta y la mantilla para mejor ocasión, pero hasta la peineta de este tarugo que tengo por ordenador.

¡Es un flojo! Después de casi un mes apagado, hoy lo enciendo y ¡no hablaaaaa!, que se me ha quedado mudo. Para él cualquier excusa es buena; las actualizaciones las borda, se puede pasar más de 24 horas actualizándose y tú crees que cuando vuelve de la sauna suya va a estar niquelado, pues no. Hace dos meses, le dio por negarse a que entrara el Wifi en él. Otras veces mis ficheros y ficheritos no se abren y, las que más, se queda sin fuelle y ni patrás ni palante ¡Un flojo, mi arma, mu flojo!

Y si pesara poco pero pesa como si se comiera todos los días tres pollos por lo menos. Mi Pepe se niega a cargar con él y llevarle al médico de ordenadores y sucedáneos. El médico informático se niega a venir a casa si no es mediante una suma de euros por delante. Total, el ordenador y yo hacemos aguas. Ahora cuando me otorguen el nobel, me da igual en qué versión: ciencias, matemáticas, literatura…, me compro un ordenador. Pero hasta que llegue el nobel con este trasto me entierran.

No creáis, he mirado en el calendario mis próximos eventos a ver si en alguno colaba y pedía de regalo un ordenador, pero me ha pillado Pepe y me ha preguntado “¿Cuál de las partes del no es no, no entiendes?” Le iba a replicar que ninguna pero le vi el bigote boca abajo y me callé, no es cuestión de tentar al diablo.

Pero yo es que necesito el ordenador, como el cocinero el cuchillo de partir tomates, puñetas. No sé imaginar sin este trasto. Una cosa es que tome notitas en mi libretilla, pero mis densos culebrones, como un buen puchero de patatas guisadas, lo hago con “er flojo”, sin él, no soy nadie ¡Puerca miseria! Porque no tiene cuello si no, le estrangulaba, hala.
¡Qué desagradable es mi Pepe! El otro día va y me regala un plato con la foto de Perro… Qué más le daría a él que en vez de un plato fuera formato ordenador. Encima, ahora que estoy alcanzando la fama de escritora que hasta un par de vecinas me han dicho esta mañana mientras colgaba los calcetines de Pepe “He leído tu nueva novela. No he entendido nada pero me ha gustado mucho” Se me han caído tres calcetines al patio del impacto.

En fin voy a hacer la cena a mi Pepe. ¿Veis? Este no falla, exacto como un reloj “Gordita, tengo hambre”…Ay qué difícil es llevar doble vida, entre fogones, plumeros, un marido de bigote cambiante e inventar la vida a base de letras...E un flojo, mi arma, mu pero mu flojo, ahora se ha puesto a actualizarse y no está para nadie. Anda que si me fuera yo a actualizar, no volvía, como el que se fue a por tabaco.

sábado, 8 de abril de 2017

EN EL COCHE DE MI PEPE, PIPIPI

Quemé el último cartucho que me quedaba; eso sí, lo aproveché bien aprovechado. A partir de ahora ya será igual, mi Pepe jamás se volverá a fiar de mí pa ná; él se lo pierde porque vivir a mi lado es un duro riesgo, ahora la sensación de estar  junto a mí presintiendo que te precipitas al vacío sin remedio tiene su aquel, eh.

Nos fuimos de viaje. Pepe siempre pensando que si mi cabeza está despejada y tranquila, el primero que gana es él, así que me llevó a pasear por la bella Galicia después de la presentación en Valladolid de mis Mujeres descosidas. ¡Qué tres días más intensos con este hombre! ¡Qué jardín de sensaciones de lo más variopintas! Un mano a mano después de treinta y dos años juntos es fuerte de narices. Más, si entre los dos surge una tercera persona a la cual mi Pepe invocaba a cada minuto. Sí, es alemana, para mí que es nazi pero eso a Pepe no se lo he dicho. Se llama Martita y su tono de voz es algo así como que presientes que haces lo que ella dice o te vas a tomar café. Vive eternamente en el coche, es su lugar de residencia. Tú te montas en el cochecito de mi santo y él lo primero que hace es encender el tontón y decir “Martita queremos ir a…” Y la susodicha se pone manos a la masa. A mí que me quieran manejar no me gusta, ya sabéis que soy espíritu libre, pero al principio del viaje la dejé que nos llevara a la izquierda, a la derecha, a hacer giros en forma de U, a que saliéramos en la tercera salida y luego inmediatamente siga recto 15 km… ¡Allá Pepe y su Martita! Yo me puse a cantar y tan contenta. Venga, cantad conmigo “El viajar es un placer que nos suele suceder. En el auto de mi Pepe nos iremos a pasear ¡Vamos de paseo pipipi, en un coche feo pipipi, pero no me importa pipipi porque llevo torta pipipi…”

Después de cuatro horas de viaje, llegamos a nuestro destino con hambre, mucha hambre. Encerramos a Martita en un parking y me puse yo a mandar; era mi momentazo. Pensé y me dije “Demuestra que tú eres buena, mejor que la nazi” Con creces lo demostré. Le llevé a una linda terracita y mi Pepe solo comía pan y venga pan “¿Pepe, no comes comida?” “Prefiero pasar hambre antes de que me envenenen” “¿No te gustan las navajas, Pepe?” “Están muertas desde la guerra civil, gordita” Y mientras se terminaba un mendrugo de pan detrás de otro aún añadió “Gordita, mira a esa mujer. Ha venido a Galicia a comer pizza. Seguro que el día que vaya a Nápoles comerá percebes” Y su hambre se diluyó en pan mientras el mío en la guerra civil, y aquí estoy; mi Pepe es un negativo desde que despierta hasta que se desintegra. Hasta si le pido “Pepe hazme una foto” Y va y me contesta “¿Otra? Pero si tienes la misma cara de hace 5 minutos” No me hago con este hombre.

Bueno, a lo que os estaba contando…Nos volvemos a montar en el coche y la Martita se piensa que aquello es Alemania: autopistas y autopistas. Pues no, era Galicia. Terminamos Martita y yo como la niña del exorcista; nuestras cabezas giraron y giraron. La alemana se volvió loca. Yo, casi.

Fue como un viaje al centro de la tierra sin ascensor. Tó pa bajo, tó parriba y vuelta a bajar. Giramos sobre nosotros mismos, no os exagero si digo trescientas veces. Nos vimos todos los concellos, todos, toditos. Para remate, Pepe, ya harto de vueltas y revueltas, y como Martita ya estaba en tránsito a la locura, se puso a mirar el mapa. Un mapa, fijaros de qué año sería que no venía pintado Benidorm, ya os digo todo, pero como mi Pepe dice que todos los mapas son iguales pues para qué va a gastar dinero; es un espíritu practico y ahorrativo.
Al notarle tan atribulado, desquiciado, fuera de sí, le dije “Filliño, fíate de mí, yo te llevo” Y en su desesperación más desesperada se fío y seguimos girando tres horas más. En el fondo, como Pepe paraba en cada concello a preguntar pues ya de paso bebíamos una uva godello de la Ribeira sacra muy rica… Poco más y llegamos a gatas al monasterio.
Cuando recobró su ser y recordó, me dijo “Gordita se acabó, nunca más me fiaré de ti” Eso sí, con la alemana no se atrevió a hablarla como a mí.

Yo, el día de la madre, le regalo a mi Pepe un mapa y un perfume. ¡Qué olor a vaca traemos!

lunes, 27 de marzo de 2017

¡AY DE MÍ ÁNGEL DE AMOR!

Tabardillos, arrebatos y ahora esto; el dentista. Éramos pocos y se tuvo que acordar de mí y llamarme. Y lo peor es que fui. Me sentó en el sillón de matar y me dejé.
Me miro a oscuras para no asustarme y veo que el lado izquierdo está violeta, formato globo a medio hinchar. En ná, azulgrana. Claro, como no podía hablar, no le pude decir que yo era del Atlético de Madrid y no del Barcelona.

¿Desesperada? No, solo rabiosa, pero como casi no puedo abrir la boca… Creo que los pabellones auditivos de mi Pepe descansan felices. Ahora que se preparen para cuando mis cuerdas vocales se expansionen y se expresen. Mientras, en silencio y en dolor. Bueno, dolor ninguno. No voy ahora a dramatizar, pero ese silencio constante me mata, así que he decidido escribir, al menos me expresaré de alguna manera y forma.

Pepe dice que si no puedo soportar el silencio, que me calle… ¡Tiene un humor inglés este hombre! Claro que el otro día dijo a los amigos que vivía de la literatura y yo no le contesté; tonta de mí. Todo porque en un momento de intimidad le conté muy orgullosa que había cobrado mis primeros beneficios de mi novela Sevilla…Gymnopédies; estaba que me salía de contenta. Muy mal hecho. Hay cosas que me tengo que callar, pero como no soporto el silencio, antes muerta que muda, largo todo y así me va; soy la perfecta bocazas. Me tenía que haber callado e irme a mi estilista, el chino del barrio, y haberlo invertido. O mejor aún: habérmelo gastado en una juerga con mis amigas. Claro que las hubiera puesto en un compromiso pues al final ellas hubieran tenido que poner dinero pues mis beneficios son minúsculos, pequeños. Pequeños hoy, pero el tiempo dirá. Dirá si me quedo en el anonimato o, o, o, o, o, o…

El caso es que me estaba lamentado, porque quejarse hay que quejarse, ya lo dice un refrán que el que no llora no mama, cuando me suena el móvil. Descuelgo y digo “Iga” (la D no me salía por la hinchazón bucal) y me contestan “Soy el tío Pepito, te quería hacer una consulta como escritora…” Yo que oigo que alguien de la familia me toma en serio con eso de ser escritora, mi ego se infló de tal manera que me fui yo y el ego al suelo; me caí del sillón. No sé qué hice, como estoy un poco empanada y las pastillas del dentista para frenar el dolor me dejan ralentizada…, yo qué sé, el caso es que aterricé.
¿Qué contesté a mi tío Pepito desde el suelo? Yo qué sé, el caso es que a los diez minutos estaba en casa…, mi tío Pepito.
Quería que le escribiera algo sobre la Virgen para recitarlo en su parroquia. En fin, estaba yo cómo para Vírgenes y Magdalenas pero para uno que me toma en serio pues no le iba a decir que no.
¡Qué empanada, ni la gallega! Mi imaginación es poderosa, pero es que hoy ha desbarrado hasta límites insospechados. El caso es que tío Pepito estaba emocionado recitando lo que su sobrina había escrito hasta que llegó el gafe de mi Pepe y tío Pepito le da a leer mi poema.
El bigote de mi cenizo esposo comienza a subir y a bajar como los ascensores y cuando termina de leer, me mira y me pregunta “Gordita, ¿Qué hace tu nueva novela, Mujeres descosidas, delante del calvario?”

¡Leches! Es que este hombre mío roba el lirismo hasta a una caja de cerillas.

jueves, 23 de marzo de 2017

¿CON O SIN? ESA ES LA CUESTIÓN

Mi consejo es rotundo: si vas a salir al mundo y necesitas gafas, póntelas a no ser que no quieras ver. Recuerdo el 16 de marzo… Estaba tan nerviosa que no podía estar con mi Pepe, pues era mirarle, aún sin gafas, y se me subía todo el cuerpo a la garganta. Así que decidí aquella mañana irme de casa, lejos de  este hombre cuya mirada era tan lastimera como la del perro. Con las prisas de la huida, solo miré en el monedero a ver si llevaba dinero. Normalmente salgo con dos euros, ¿pa qué más? Como haya más, vuelvo sin ello y, aún así, hay veces que vuelvo empeñada pues como pase por la puerta de mi estilista, el chino del barrio, él me fía.

Con los nervios, no me acordé de las gafas, sí abrí el monedero, como os decía, y había diez euros, ¡una fortuna!, pues ahí los dejé largándonos a todo mecha de casa mis nervios y yo, incluso rodeando el negocio de mi estilista para no caer en sus redes. ¡Craso error! Pues en el momento que te desvías de la ruta, te metes en el corazón del lujo madrileño. Iba resoplando cuando mis ojos, o lo que llevo debajo de la frente después de las cejas formato ojos, se toparon con un escaparate  monísimo. Me paro, observo, digiero y me quedo prendada de un modelito cuyo precio era la locura de las nenas 7,30 euros. Cuando me di cuenta, estaba en el probador mirando mí torneada figura, ideal de la muerte, feo que lo diga, pero es la verdad. Aquel vestido me sentaba fetén. Me lo quito, me visto, salgo y voy a caja. Pongo el vestidito en el mostrador, abro mi monedero y saco el monedero. Lo abro y pongo mis diez euros. Noto cara de sorpresa en la dependienta. Bueno, sorpresa no sino más bien altivez y desprecio, quizá sí. Como veo que no se mueve, la animo a que me cobre y va la tía y me dice con la voz gangosa de los pijos “Señora, son 730 euros”

Noté a mi rostro efervescente como tirando a grana en preludio de tarde torera. Salí de allí al estilo Curro Romero cuando el toro decía que le había mirado mal. Claro, al llegar a la esquina me di cuenta que llevaba el monedero en la mano abierto y sin los diez euros. Me tragué el orgullo y volví a por mi dinero. Allí, en el mostrador reposaban repudiados mis dineros. Arramplé con ellos y me fui tarifando a casa, era mucho mejor ver la mirada lastimera de mi Pepe que para eso no necesito gafas; hasta la huelo a kilómetros de distancia.

Y… llegó la hora torera, no las cinco. La mía era las siete treinta de la tarde. Poneros en situación. Yo, de fresatomate, con los ojos desvirtuados de mi Pepe clavados en la nuca. Se hace el silencio y las miradas expectantes del personal clavadas como banderillas en mi humilde persona. A todo esto, a mi editor no se le ocurrió ponerme el pasodoble “Bajo tu palio, un rosario”, me lo tuve que tatarear yo solita con lo mal que canto, coña.
Sin embargo, recibí una señal interna, esa de que os he hablado muchas veces aunque nunca os la haya pasado a desarrollar, mejor que no lo haya hecho pues valoro mucho vuestros sesos centrados. Bueno, el caso que recibo la señal y siento como me transformo en la Curra Romera mítica de tardes excelsas.

¡Cómo hablé, cómo me sentí en mi propio jugo de bien!... Flores, aplausos, yo sin ver, claro. A las gafas las había dado vacaciones, no veía un carajo, ni siquiera los ojos taciturnos de mi Pepe.
Conclusión: al principio manifestaba rotunda que no se puede ir sin gafas. Ahora manifiesto, igual de rotunda, que hay momentos que es mejor no ver.

¿Con o sin? Esa es la cuestión. Yo triunfé sin ellas. Ahora, os aseguro que si me las llego a haber puesto y lo primero que veo en el coso es a mi Pepe, salgo corriendo con o sin pasodoble. ¿Por qué digo esto? Porque habían pasado tres días y mi Pepe seguía con cara de precipicio, de abismo. Es tan tímido para ciertas cosas que el riesgo no es para él sino para una chiflada como yo que en su día interiorizó el eslogan de San Agustín del S IV en el que manifiesta que es licito, incluso obligatorio, hacer una locura al año… Y yo, mis queridos lectores, desde que despierto hasta que me desintegro por la noche estoy haciendo locuras.

¡Buen fin de semana!

miércoles, 15 de marzo de 2017

¡VIVA EL TABARDILLO, LERÉ!

¿A vosotros os ha dado alguna vez un tabardillo? A mí tantos que no tengo dedos para contarlos. Sin embargo se me pasaban rápidamente con un buchito de cazalla, pero hoy no tenía y he bajado a las catacumbas de mi Pepe y he encontrado algo mejor que la cazalla. Él no sabe que yo sé dónde esconde los vinos y bebidas virtuosas, ¡Ay, señor, señor, qué simples son estos hombres…, a veces! ¿A quién se le ocurre esconder cosas debajo de la cama? Pues a mi Pepe. Muy ordenadas pero debajo de la cama y una que limpia casi todos los días pues…, pasa el polvo a los tesoros de su santo. Es su necrópolis personal alcoholizada.
Había una botella muy bonita con una etiqueta muy rimbombante con una banda como la que llevan los reyes cuando reciben visitas de prosapia y pensé que me estaba esperando a mí. Así que la tomé prestada, la metí en el congelador y seguí haciendo el capullo mientras se enfriaba; se me olvidó, sí. Mi vida es tan intensa que voy a tener que pedir un pequeño aumento de horas. ¿No piden subidas de sueldos? Pues yo de horas.
Para calmar la ansiedad, el miedo escénico, me he puesto a bailar un poco flamenquito delante de un espejo. Total, estaba sola con Perro y este no critica nada de lo que hago. Se limita a cerrar los ojos. Sí, ya lo sé, para no verme. El caso es que he puesto mucho sentimiento “Tengo menos gracia que las avispas”, así que he dado la vuelta al espejo. Cuando me he cansado de taconear, bueno no me he cansado, es que ha subido la vecina de abajo a decirme que estaba tratando de hacer un yoga relajado. Como soy civilizada, pues…
Entonces, he pasado al segundo acto y me he dedicado a recitar la presentación de Mujeres descosidas. Había tanto silencio en la casa que me zumbaban los oídos, así que he puesto un pasodoble ¡Santa Críspula, Santa Leocadia y Santa Rufina!, si es que me he visto. Sí, me he visto en medio de un coso taurino a punto de iniciar la faena. Eso sí, no he visto claro si yo era el toro o la torera, pero uno de los dos, segurísimo. Me ha dado tal tabardillo que al no acordarme de tomar un buchito de virtuosismo de mi Pepe, he quitado el pasodoble y he pasado directamente al tercer acto; poner una lavadora. Acto que como bien sabréis ni inspira, ni calma, ni ná. Te deja insípida. Tan desabrida y desaborida, que he deseado que llegara mi Pepe para iniciar un diálogo, aunque fuera un diálogo sesudo, me daba igual, el caso era hablar y expresarme.
Pero los nervios hacen a la memoria quebradiza y se me olvidó que cuando mi Pepe inicia un speech de los suyos, solo habla él, se contesta él, se reflexiona él, todo él y, ¿qué espacio queda para mis íntimas y personales manifestaciones? Pues irme a la calle a pegar la hebra con el primero que me quiera escuchar.
Llegó Pepe, me miró, me acarició, me reconfortó…, y si todo hubiera quedado ahí pues, ¡Qué bonito! Pues no, vamos que no. Se vio en la obligación de ponerse en mi piel pero sin dejar de ser lo que él es; una mente cuadriculada y así, de esa guisa se vaticinan rayos y centellas.
“Gordita, déjame que lea tu presentación” Y yo como una cordera de pascua florida, voy y se la entrego… No había finalizado el segundo renglón y ya me estaba sacando taras. Tantas, que me había convertido en una mujer descosida, miraras por donde miraras.
¡Qué angustia, por dios! Cuando me fui a la cama, me dormí rápido, pero volví a soñar con el pasodoble y yo en medio del coso sin saber si era toro y torera. Me desperté sudorosa, me levanté no sé cómo, me fui dándome contra las paredes-esto es lo normal siempre-, llegué a la cocina, el perro me seguía, me miraba con esa mirada descabalada que tiene, me senté en la silla de pensar, seguía sudando, miré a los azulejos, retrocedí la mirada y…, de pronto lo vi.
Allí estaba silencioso, sin moverse, sin pestañear…El congelador. Entonces me acordé y grité ¡La botella! Qué grito daría que me desperté del todo y corrí a cerrar la puerta de la cocina para no despertar a mi Pepe, fijaros…
Las manos me temblaban mientras abría la puertita del congelador y mi subconsciente gemía “Muñeca otra vez la has armado”… Pero no, la botella no había estallado. Eso sí, su líquido estaba espeso de narices.
Miré la hora, cuatro y diez de la mañana. Hora estupenda para abrir la botella de etiqueta con banda de prosapia. En un momento X me pillé leyendo sin gafas “Champagne Munn” y pensando a la vez “Qué ramalazo afrancesado posee mi Pepe” y pasé al acto de apertura… El liquidillo espeso cayó al suelo y Perro se apresuró a limpiar el suelo para no dejar huellas visibles; se relamió y me miró.
Estaba claro que aquella mirada de perro lastimero me indicaba que diera un paso al frente y mojara mi garganta con un buchito de Champagne Munn con banda de prosapia.
¡Espeso pero riquísimo! Qué queréis que os diga, muy rico. Cuando comencé a ver a Perro por duplicado, decidí cerrar el día yéndome a la cama.
He dormido divinamente; Perro, también. Claro, nada más despertar he corrido a la cocina, he abierto la nevera para comprobar que la botella dormía el sueño de los justos. La he escondido debajo de la escarola, la lechuga y los pimientos. La verdad, no creo que ahí la encuentre Pepe…, como no cocina, no creo que le dé por darme un speech sobre la escarola al pimiento morrón…, digo, pues mi Pepe es imprevisible.

Conclusión: mañana, Dios mediante, jueves 16 de marzo, y antes de comenzar la faena, unos cuántos buchitos de Champagne Munn y lidiaré…, bueno ya contaré. Aún me falta definir si soy toro o torera.

domingo, 12 de marzo de 2017

EL TELÉFONO DE MI PEPE

Mi Pepe tiene un teléfono inteligente; cómo él, claro. Tú le pones la calle a dónde quieres ir y antes de que termines de escribir, el telefonillo prodigioso te ubica dónde estás (solo le faltó decir “Salgan de la habitación 216”) y a dónde vas; andando o en coche. A vuelo motor, no. Todo maravilloso y estupendo si no fuera porque antes de salir del hotel ya nos habíamos perdido. Yo me fío de mi santo esposo más que nada porque si no me pongo gafas no veo, y las letras de su móvil son para vistas agudas. Mi suegra siempre me decía la infinidad de suerte que había tenido con su hijo pues a los tres años hablaba igual de bien que Castelar, además era muy alto (talla estándar, no nos engañemos pero no era cosa que a la buena mujer la fuera yo a decir, una recién llegada, que su hijo era normalito de tamaño) y, rizando el rizo, veía más que la media. Yo, como lo de la vista no ha sido mi fuerte pues tan contenta que estaba de tener mi lazarillo vallisoletano. Así que con el asunto del guía telefónico me dejé llevar por Pepe; ya os digo, en una revuelta de un pasillo del hotel habíamos vuelto loco al móvil. Hasta que me di cuenta, y sin ver que eso sí que tiene mérito, que si la flecha te mandaba a la izquierda, Pepe se iba para el lado contrario. Por una vez fui prudente y no le dije “Pepe eres tonto”, lo pensé pero en mudo.
En fin, tanta era su emoción que le preguntaba el camino hasta para ir al baño. A dios gracias, descubrió algo aún todavía más heavy que le trastocó por completo y olvidamos preguntar al móvil más direcciones. se sentía Cristóbal Colón y todo lo que hacía con el teléfono, su obsesión, era no dejar rastro. Sí, su aparato tiene un chisme que borra huellas o es muy limpio, no sé qué pensar. Por si acaso, yo me sentaba frente a Pepe, no a su lado, no fuera a ser que me borrara a mí también.
El entusiasmo por su aparato era extensible a la cámara de fotos. Una que se siente como los japoneses cuando sale de casa, pues todo el rato diciéndole “Pepe hazme una foto aquí, allá, donde sea, pero retrátame” y el hombre con buena voluntad lo hacía pero no tenía cogido el tranquillo y, entonces, o mi gesto se demudaba de esperar o el sol de aburrimiento también de esperar, se largaba. Eso sí, no sé cómo apretaba el botón, el caso es que salían ráfagas y ráfagas de la misma foto. Para complacerme me preguntaba “Gordita, ¿cuál quieres que te mande?” Al principio las miraba sin gafas y veía la misma cara de panoli en versión seiscientas veces. Luego me puse las gafas y fue peor  ver seiscientas veces mi careto. Ojos que no ven, corazón que no siente, chicos. La cámara de mi Pepe es tan buena que saca todo, hasta lo que no existe aún; deprimente.

En fin, ya estamos en casa, sanos y salvos, y eso que a la media hora de llegar a Sevilla casi me caigo de una banqueta. Todo porque me tomé sin darme cuenta, eh, mientras la felicidad me embargaba y el jamó se aposentaba en mi agradecido estómago, tres “buchitos” de manzanilla; cuando me fui a bajar de la banqueta vi no uno sino tres Pepes, y me precipité al vacío. No preguntéis el porqué, pa qué…