martes, 19 de septiembre de 2017

MUSHA TELA PA CORTINAS

¡Mucha tela pa cortinas! Me acabo de dar cuenta que he hecho la comida con el bolso puesto… Sí, colgado al hombro, antes muerta que sencilla y creo que me han quedado sosas las patatas. Eso no creo que haya sido por el bolso aunque vete tú a saber tal cómo está el panorama, cualquier cosa.
¡Mucha tela pa cortinas! Esto lo dice mi prima Blanca cada vez que hay algo exotérico, pero es que últimamente necesito cientos de metros porque la realidad es mucho para mi cuerpo; esoterismo puro. Claro que mi opinión no vale porque está bifurcada por mi Pepe. Cada vez que me pongo a escuchar una noticia rocambolesca por televisión, radio o periódico es Pepe quien me la cuenta. Se pone en medio de la noticia y yo con lo cual vete tú a saber, a no ser que me entre el insomnio como esta noche y entonces me entero de todo porque Pepe duerme, pero da igual porque cuando despierta y se lo voy a contar, me adivina el pensamiento y solo me deja decir la introducción. El resto es él y solo él. Sí, es un hombre con mucha opinión, tanta, que hay veces que se la cuenta al perro y así está el pobre perro, anestesiado.
Solo me queda este terreno para expresarme sin sufrir la invasión pepera, el papel en blanco. Digo y digo y al final sin haber dicho nada me siento como más mujer. Si es que me tenía que haber dedicado a la política, pero me dio pereza porque ahí tienes que estar diciendo sandeces todo el rato y yo tengo mis tiempos de coherencia, pequeños, pero los justos para que mi equilibrio no esté demasiado desequilibrado.
De verdad donde me hubiera realizado es siendo periodista. Mucho, mucho, mucho. ¿Os imagináis yo dando noticias? ¡La bomba! Tengo la manía de leer una noticia en distintas versiones, ¡cómo cambia el asunto! Y si yo estuviera en la nómina periodística, ni os cuento; cualquier reflejo de la realidad se alejaría instantáneamente porque hoy en día cuando mi Pepe me deja leer el periódico me es difícil discernir dónde está la frontera del hecho en sí y el de la opinión del periodista. Como que noto ahí un batiburrillo tipo cotilleo y ahí justamente vuestra Lola daría el Do de pecho porque como cada día entiendo menos a la humanidad pues es lo que os decía…, mucha tela pa cortinas.
Tal vez también hubiera hecho un excelso papel siendo portera de una comunidad de vecinos, no muy grade, eh, ¡la bomba! Pues soy muy despistada y para ciertas cosas no presto atención y escucho sesgadamente, con lo cual entre los líos de portería y cuando me pusiera a barrer por las escaleras, mezclaría el chime de la del tercero con la del quinto; total, electrolisis.
Mis Peluches no me cuentan nada porque dicen que lo casco todo. Pepe dice que me invento lo que no existe. Otros dicen que soy una lianta. Los de más allá que soy una metepatas… Total, voy a ser producto de la opinión de los demás y no de mí misma, con lo maja que soy yo y lo incomprendida que me siento…
Necesito una profesión ya, un trabajo rotundo en el que me respete alguien, aunque sea en Murcia o en donde sea, pero que alguien me tome en serio, coña, si es que ni yo misma me lo tomo, ¿qué voy a pedir a los demás?

Ya sé, se me acaba de encender la bombilla… Blaaaaaaaanca, trae tela para cortinas, pero mucha, eh. Voy a ser escritora… ¡Canelita en rama!

viernes, 1 de septiembre de 2017

DEFINITIVAMENTE SÍ, DEFINITIVAMENTE NO

Definitivamente soy gilipollas. Sin duda hay una amplia variedad y categorías de seres humanos; la mía, Gi-li-po-llas. Ahora, creo que siempre lo supe o al menos cada día cuando me metía en la cama me decía “Lola, como opositora a la categoría de gilipollas no tienes precio” Y con mi tesón y constancia, hoy constato que lo soy.
¿Me deprime? Pues tampoco porque sé que lo soy. Peor son los que van por la vida pensando que son la crema de las cremas y la nata de las natas y la realidad es que son gilipollas ignorantes en estado puro; yo, no. Desde hoy voy con otra visión más abierta, aunque más cerrada. Es decir, cuando venga un propio o una propia a tomarme el pelo porque cree tener derecho a hacerlo, dado que parece que solo unos pocos tienen derechos, el resto simplemente miramos porque somos los gilipollas de turno, sin dar tregua le mandaré a tomar café. Sin despeinarme, eh, que me cuesta mucho peinarme, como para que venga uno o una a revolverme la cabellera.
Porque yo era buena gente, eh; ahora soy mala y encantada de serlo, ¡qué narices! Y, además, no me voy a callar nada porque así nos va, por callarnos. Tengo indigestión de tanto que tengo sin expresar por ese maldito “Qué dirán” con el que me educó mi madre. Y, claro, no decir, no hacer, pues ahora, gorda como un trullo; pues se ha acabado.
¡Qué educación más ridícula, más cerril y obsesiva, la de antes!
 La de ahora, van directamente sin educar, no todos, ojo, pero mogollón, sí.
Yo nací en los finales de la era de caderas estrechas en la que todo era pura apariencia, secretismo y voces susurrantes. El respeto a los padres existía, pero en muchos casos era el miedo a que te pusiera tu padre la cara del revés si te salías de la línea trazada. Recuerdo que faltaban quince horas para casarme y mi madre me puso el rostro al bies porque había llegado dos horas más tarde de la hora convenida. Me dijo, antes de darme la chuleta, “Lola, ¿qué quieres, que la vecindad diga y piense que la hija del 5ºA es una perdida?” … Después, la chuletilla de rigor. Y lo más fuerte es que pesaba tanto el pensar que el decir, valían lo mismo en aquella sociedad mía; ni pecar de pensamientos, hijos.
Y así salí al mundo, estigmada. Oír, ver, y callar. ¿Resultados? Gorda como un trullo y Gilipollas.
Una cosa es ser discreto, prudente, respetuoso y otra muy distinta decir sí a todo y tragar con todo, ¡y un cuerno de elefante! Definitivamente me declaro en rebeldía; rebelde hasta los mítines que me suelta mi Pepe que me tiene los oídos aburridos y yo callo y callo y venga a engordar; pues no porque va a empezar la temporada de otoño y no me va a valer la ropa de tan inflada que está mi cabeza de memeces y sandeces propias y externas. Bastante tengo yo con aguantar mis tonterías como para aguantar las de otros, ¡y un cuerno de elefante! Definitivamente no.
Esa mala educación que pulula transversalmente por la sociedad desde niños a mayores. Esa agresividad verbal con que te diriges al que osa llevarte la contraria. Esos políticos de tres al cuarto que solo se ocupan de que su trasero esté calentito y encima se dedican a calentar a las masas; pues no, definitivamente no. Eso de robar lo que es mío y encima callarme, pero ¿soy gilipollas? Pues sí, definitivamente sí.
Eso de comulgar con ruedas de molino a sabiendas que me están vendiendo una moto sin ruedas, ¿acaso soy gilipollas? Pues sí, definitivamente sí.
Y eso de matar por una idea o porque se te ha ido la pinza y estrangulas o haces picadillo al de turno y yo me quedo apaisada, ¿eso no es ser gilipollas? Pues sí, definitivamente sí.
En fin, como que voy a callar… Para qué me pondré a pensar si siempre termino igual, más perdida que un oso en una nevera.

¿De qué estoy hablando? Yo qué sé. Se ha encendido el ordenador y se ha abierto Word y para que no estuviera tan pálido pues he escrito.

martes, 22 de agosto de 2017

LOLA PATRIÓTICA

¡Viva España! ¡Viva los españoles!... Ay, qué a gusto me he quedado y no me he puesto el himno nacional porque podría despertar a mi Pepe y me manda a mí y a las soflamas nacionalistas a tomar café a Alpedrete que si no…
Cuando llega mayo y abro “La Lola”, la casita que hicieron mis padres para cuando se jubilaran, lo primero que hago es coger la escalera e irme a la farola. Una vez allí izo la bandera de España que en días de viento ondea con esa gracia que solo los españoles tenemos y saluda jocosa a todos los coches y camiones que pasan por la autovía. El izar mi banderita española lo hago cuando Pepe se va a comprar el pan pues él no es de exteriorizar sino de guardar; así está de gordo.
Pero es que Pepe no entiende que yo necesito exponer mis fobias, mis filias, vamos, compartir lo bueno y lo malo porque, ¿qué es la vida sin compartir? Un erial y hay que demostrar a todo el que me quiera ver y escuchar que la unidad con los amigos, hijos, familia y demás enseres, debe ser igual del derecho que del revés. Todos a una como Fuente Ovejuna. Para que me entendáis más llanamente, es como si a mi Pepe le pongo pantalones y camisa limpios y le dejo los calzoncillos sucios, pues en un momento dado huele, vamos que es un timo de limpieza que parece, pero no es.
Así entiendo el término unidad como entiendo que soy española, aunque mi Pepe siempre añade “Tú eres de San Juan de la Maguana, República Dominicana” “Sí, allí nací por equivocación, mermado, y soy Panchita y a mucha honra, pero me siento española y además gallega, murciana, vasca, asturiana, maña, catalana, de Albacete, de León y Castilla la Nueva, ah y extremeña porque todas ellas me acogieron, me educaron y me dieron de tó pa que ná me faltara” Y me quedo más ancha que larga. A mí me va a venir este vallisoletano de pro a disgregar y diseccionar, ¡y un cuerno de jabalí! Soy España y de los españoles…, he dicho.
Sí, hoy me toca arenga y perorata patriótica porque me siento ninguneada y cuidadín, cuidadín, con tocar los ovarios a Lola que empieza a soltar exabruptos mal sonantes y mamporros y no para, y eso no quiero porque soy una mujer de bien, con la cabeza un poquillo descabalada, pero con la sonrisa como bandera y que vengan los unos y los otros a borrar mi buen humor y conciliadora compostura, lo tienen clarinete. Vamos que soy una Agustina de Aragón en plan casero y como alguien ose atacar a uno de los míos me tiro en plancha encima de él o de ella y aviso que caen encima 120 kilos más los que anduve a gatas.
No soporto a esos mermados que les dan un micrófono y bastón de mando y ¡hala! A soltar por su boca lo que les viene en gana. Libertad hay, pero si ofender ni separar, ni oprimir ni matar. Así que una vez reunidos todos, vamos a firmar que por derecho y de revés somos los mismos, permaneciendo unidos por un bien común y aquellos que son felices separando, diciendo sandeces, por mí que lo sigan haciendo, pero en el zoo o en el circo, les doy a elegir.
¡Viva España, Viva los españoles!

Ay, madre, cuando lea esto mi Pepe, me manda a Alpedrete.

jueves, 10 de agosto de 2017

¡MADRE, MADRE MÍA!

¡Madre, madre, cuánto zumbado anda suelto! Creía que era yo y un par más, pero qué va, hay cientos, hasta debajo de las baldosas si me apuráis. Claro que no me extraña si lo analizo en día par que es cuando pienso.

Todo se debe al cambio climático que perjudica seriamente a la gente. Primero somos irresponsables y muy guarros, y matamos a la tierra con la porquería que desechamos porque, no nos engañemos, somos un cúmulo de basura y suciedad que no respetamos ni a nuestras cocinas, y como la tierra enferma y no produce aire bueno, pues nosotros respiramos la mala leche del globo terráqueo y, por tanto, también enfermamos… ¡Cómo me explico cuando pienso, madre mía!

Yo antes me regía por el termómetro de mi Pepe. Si llevaba veintiséis jerséis puestos, guantes, bufanda, pues sabía que estaba en invierno. Que se quitaba tres jerséis, pues era primavera. Que se ponía las katiuskas con seis jerséis, pues otoño. Pero ahora he perdido el control de la estación y la temperatura. Ayer, por ejemplo, vino a darme los buenos días en bañador y veinticuatro horas después me despierta con pijama, bufanda y calcetines a rayas. Claro, si estoy en día par pues mis neuronas me contestan “Lola, día de barlovento”, pero si es día impar que mis neuronas descansan, pues nada más levantarme sin pensar, creo que he dormido tanto que ya estoy por lo menos en un otoño sin katiuskas.

Y ya ni contar lo que sucede en la radio. Todo el mundo se va y dejan a otros que no conozco y no contentos con eso, la programación varía, pero varía por unos derroteros preocupantes pues dejan el micro abierto a todo aquel que quiera manifestarse; solo falto yo para soltar mi espeich veraniego. Si hasta mi radio ella sola se ha cambiado de frecuencia,
¡Madre, madre mía, qué cosas cuenta la gente! Mucho tiene que pesar su soledad de verano o necesitan su minuto de gloria famosa. No os exagero, la otra noche el momento estelar se lo llevaron por igual un hombre y una mujer. El varón hablaba de su abuela con orgullo y frenesí, hasta ahí todo normal. Pero, de pronto, se puso a llorar, pero llorar con hipo y todo y la presentadora que, por cierto, para mí había desconectado y el programa se movía con el piloto automático, en un momento como decía se activó para consolar al varón sesentero y preguntarle que si hacía poco se había muerto la abuela. Mi sorpresa fue mayúscula ¡Hacía 20 años! Ya la tuvo que querer, pero mucho, mucho, pues añoraba de ella lo bien planchado que iba siempre, lo bien que comía cuando la abuela vivía y que ahora no era lo mismo, ni de coña lo mismo.

Cuando descubrí el pastel de este buen hombre, traté de apagar la radio pues yo misma lloraba de pena, pena de mí misma, pero en ese momento dieron línea al lío más lioso que he oído jamás, y ahí me quedé enredada.
En esta ocasión era una mujer que reclamaba que la devolvieran el primo de su primo por parte de madre que la habían robado los hermanos del primo de su primo porque pensaban que además de una aberración amorosa por ser primos terceros o quintos, ahí me perdí con tanto primo revuelto, pues ella lo que quería, según los hermanos del primo de su primo,  era su dinero. Lo que no sabían los primos del primo de su primo es que el primo raptado, todo supuestamente, eh, es que no tenía donde caerse muerto y que, gracias a ella, le había hecho un seguro de defunción por si se moría. En esto, desperté a Pepe para pedirle que llamara a sus antiguos compañeros de la funeraria a ver si con los datos que yo le aportaba, era verdad lo que la mujer contaba del primo de su primo del primo tercero.

Pepe, ante tanto codazo, se incorporó, encendió la luz, me miró furibundo y sentenció “Mañana mismo te encierro”

Estoy en casa de una prima de mis primas. Temo que Pepe cumpla su amenaza y es verano y me gusta ir a la piscina con mis amigas.

viernes, 28 de julio de 2017

LOLA NO TIENES EDAD

Ayer tuve “un día “horribilis” de esos que no quieres que empiecen y si comienzan pues que terminen rápido; largo como una ristra de chorizos.
Dentista, agujetas y echar gasolina al coche, A simple vista parecen tonterías, que lo son, pero todo tiene su edad, aunque la mía sea inconfundible según mi madre “Hija desde los 16 años no has evolucionado”, pues con la aseveración de mi madre no tengo edad para muchas cosas.

Me desperté sin saber dónde estaba, solo sabía que mi cuerpo no respondía a mis órdenes. Era un dolor de arriba abajo sin pausa. Poco a poco fui recapitulando. La cama era la mía, el Perro que dormía en el suelo, el mío. Las cortinas de la ventana, por cierto, las tengo que lavar, también mías… Todo en orden, pero, ¿por qué mi cuerpo no era el que es normalmente? Y mis neuronas me contestaron rápidamente “La farola de Críspula” Y me acordé, claro que me acordé que mi amiga me invitó a tomar vino mientras veíamos una puesta de sol. Me apoyé en la farola extasiada viendo el adiós solar. Mi amiga me rellenaba constantemente el vaso y yo bebía y bebía como los peces en el río. El sol se fue, pero no la farola a la que me agarré con pasión diciendo a Críspula “Cada día tengo el cuerpo más elástico” Y es que mi cuerpo, al ritmo de la música, era goma de mascar. Se estiraba, se encogía, se contorneaba… También recuerdo los ojos de mi Pepe ¡espantados!, pero es Pepe y cualquier cosita que se salga de la norma pues le rompe los esquemas, sin embargo, yo, mujer de goma, esa noche era bailarina de farola, si hasta mi cintura era casi una peonza, Claro, cuando desperté del todo toda yo magullada me di cuenta que ni goma ni leches sino la mujer estatua sin poder moverse.

Y lo malo es que tenía que ir al dentista a que me apretara los tornillos. Tardé en montarme en el coche ni se sabe, todo mi cuerpo hacía ruido; creo que los huesos estaban fuera de su lugar de procedencia.

Pero, ay amigos, enciendo el bugui y apenas tiene gasolina. Voy a la gasolinera, atestada de gente, a mí que me entra la paranoia al ver tanto árabe echando gasolina y mi imaginación calenturienta echando leña al mono, Total, salgo huyendo a otra gasolinera. Llego, nadie me echa gasolina, no me hacen caso, me dicen que me la eche yo, yo digo que no sé. Sí, me da miedo y como me da miedo no he aprendido a echar gasolina al coche. Resumiendo, suelto un espich para nada porque nadie me escuchó, pero esta moda de autoservicio no me gusta, además de quitar puestos de trabajo, leñe. Total, me vuelvo a subir al coche, sin gasolina, claro. Estoy entrando en la siguiente gasolinera y mi bugui que se para. Vamos que se paró del todo. Ahí di pena y empujaron el coche y me echaron gasolina y me sonrieron y me dieron conversación y yo tan contenta. Pues como debería ser el mundo, un intercambio de efluvios positivo.

Llegué tarde al dentista y el hombre para rentabilizar mi retraso, me apretó y me apretó los tornillos, venga a apretar hasta dejarme dos tallas menos la boca. ¡Qué dolor!
Volví a casa contrahecha. Un día horribilis en que Pepe me miró al pasar junto a él y sentenció “Lola, no tienes edad”

¿Acaso le había pedido su opinión? Qué manía tiene la gente de decir verdades a destiempo y sin pedírselas, leñe.

viernes, 21 de julio de 2017

FLOJA, MU FLOJA

¿Os sentís bien? A mí este calor me ha dejado los sesos planos. No es que los hubiera tenido gordos alguna vez, pero ahora ni responden; da igual días pares que impares, mi sesera no funciona. Me niego a pensar que ha muerto pues rápidamente mi Pepe me la entierra. Sí, haría un buen velatorio pues su ánimo borda estos momentos, pero mis sesos tienen seso para rato, estoy convencida. Tanto que creo que lo que le pasa a mi sesera es que está floja, vaga, perezosa, remolona, gandula, haragana, holgazana, indolente, ociosa…, ya no me sé más adjetivos, pero como nuestro acervo castellano es tan rico y gratis, importantísimo lo de gratis, pues lo utilizo.

Estoy pensando que, si a los vagos hubiera que poner cara, dejo mi foto para que me pinten. Fijaros que hasta las palabras las tengo tan vagas que no hay forma de ponerlas letra. Pero mi deber es contaros algo, aunque me lo invente, aunque la invención está en barbecho también. Si hasta abrir los ojos me cuesta; me tengo que poner despertador y lo voy a dejar de hacer porque un día le estrello contra la pared, lo rompo y me tengo que comprar otro y mi economía bajo mínimos se deteriora.
Ahora que me acuerdo y hablando de economía, ¡qué mes de julio más desastroso!... Veis, hasta la memoria está vaga que ni se acuerda que debo dinero a media humanidad. Cualquier día a la cárcel tenéis que ir a leerme.

Se me rompió la nevera, el coche, el ordenador… y la lavadora no lava. Un desastre de mes. A Pepe le han salido canas de tanta desgracia junta y a mí no sé, pues me tiño el pelo, pero temo que hasta las canas están vagas como toda yo.
Así que mi Pepe y yo hemos resuelto el tema comprando a plazos; la semana que viene la lavadora. Porque lavar, lava, pero la ropa sigue saliendo toda ella con las lámparas con las que entró. Fijaros que con lo dialogante que soy que hasta hablo con los políticos, pues ayer hablé con la lavadora.
-A ver, ¿qué, puños, te pasa? ¿Necesitas lejía, otro detergente, ojo, que esté en oferta, eh? ¿Más agua, más tiempo? Qué, contéstame…

Pues que no me contesta. Una borde y a mí, estos seres por muy inanimados que sean, que no dicen nada, me parecen, cómo poco, unos maleducados. Pepe me escucha estos diálogos sordos y no hace más que menear la cabeza y aún me enciende más. Él puede ser un soso, pero yo soy muy resalá y hablo con todo el mundo. Con los que más dialogo es con mis chismes; me encanta porque no me llevan para nada la contraria ni me interrumpen y mi Pepe, siempre. Claro, es con el que menos hablo, ¿para qué? Sí siempre tiene razón por ese cabezón que tiene tan perfectamente amueblado… Prefiero mi cabecita mal alineada pero superviviente a cualquier tempestad.

En fin, pues eso. Vaga, entrampada y llena de lámparas está Lola. Ahora, siempre que llueve, escampa y sale el sol, además.

sábado, 8 de julio de 2017

CERRADO POR DESCANSO

En unos días volveré. Disfrutad de la vida y nunca olvidéis reír.

lunes, 3 de julio de 2017

A LA RICA REBAJA, OIGA…

¡Ay, quién me ha visto y quién me ve, ay! Ya no soy la que era, he perdido una parte esencial de mí. Recuerdo que la palabra “Rebaja” me enloquecía de tal manera que era poseída como la niña del Exorcista; de aquella mujer queda el dejar las tiendas como si ha pasado un huracán. Las dejo niqueladas pues donde veo un montón, lo destrozo. Las prendas se caen al suelo y yo las recojo, claro que las recojo, no las dejo tiradas, pero las amontono de tal manera que no sabes si es una tienda o que pasó el tsunami de Lola. Ya las perchas ni os cuento. Según las miro, se caen  solas.
Pero este año, ay este año. He vuelto a casa después de trabajos forzados durante cuatro horas, con una sartén para freír los huevos de mi Pepe y que les salgan puntillas muy a su gusto, una toalla playera aprovechando que no voy a la playa y un pijama que es tan ideal que no lo voy a utilizar para ir a la cama. Allí no lo ve ni Pepe, así que me vestiré de ir a la cama para salir a la calle; ideal, ideal, ya os digo, y no suelo mentir a no ser que me vea forzada por causas extremas. Entonces miento, miento, miento sin control, pero mentiras piadosas porque soy muy capillitas, eh.
En fin, será la edad, esa que no pronuncio por ser secreto de estado, que por fin ha venido a poner algo de juicio en mi cabeza alocada.
En las rebajas a lo largo de mi dilatada vida he pasado por varios estadios. En el primero me compraba de todo aunque fuera absurdo y lo peor es que me quedaba con ello. Vamos que era una manirrota en estado lacerante. La segunda etapa, estando igual de chiflada por las rebajas, ya me especialicé en comprar y devolver pero a una rapidez inimaginable; había veces que no llegaba a salir de la tienda y ya estaba en la cola para devolverlo, o me lo compraba en Murcia y lo devolvía en Oviedo. También me especialicé en comprarme en sucesivas veces la misma prenda con la misma talla y color y, por supuesto, volverla a devolver, menos una vez que se me olvidó devolverla a su enésima vez devuelta y terminé comprándome otra igual y al año siguiente ver dos prendas gemelas en el cajón. ¡Una vergüenza con mayúsculas! Venga decidlo, la verdad ofende, pero como ya he interiorizado aquella etapa, la asumo como uno más de mis errores.
Porque no nos hagamos los santos, eh. Aquí todos erramos, nos confundimos y si hay suerte, rectificamos.
Yo, rectificar, no he rectificado. He mutado a otro ser que ve sentido en otras cosas de la vida y no perder el tiempo en algo que ni necesitas ni te aporta nada a tu existencia.
Con esto que os digo no saquéis falsas conclusiones, no por favor. Uno nace y muere en la misma sintonía en la que vivió y yo soy feliz tropezando y regenerándome o mutando, pero eso no quiere decir que el juicio me haya poseído, no. El juicio no es para mí sino para los que están a mi lado para que me den un toque de vez en cuando y me pregunten “Pero dónde vas alma de cántaro” Entonces yo paro y, y, y…, algo hago pero no sé el qué.
Por ejemplo hoy he despertado en plena mutación. Anoche mi Pepe me echó en cara que era un desastre como ama de casa; tenía la despensa presa de inanición. Me faltaban los elementos más elementales.
No he dormido mutando a otro ser. Y cuando la luz del alba  ha inundo todo mi ser, la clarividencia ha llegado a mis sesos. A partir de hoy que sea Pepe el que se ocupe de la despensa.
¿A que cuando quiero pienso con juicio?

¡Hasta otra, amigos!

jueves, 29 de junio de 2017

MI PEPE Y LAS NOTICIAS

Lo peor que te puede pasar, o lo mejor nunca se sabe, es tratar de ver o escuchar las noticias con mi Pepe porque ni oyes ni escuchas ni entiendes ni te enteras. Bueno, me he expresado incorrectamente porque oigo y veo pero a mi Pepe, ¡qué martirio!

Su cara se transforma, su bigote vuela haciendo piruetas cuánto más incongruente es la noticia. El periodista comienza a hablar y escucho una voz en hoc pegada a mi oreja que me va traduciendo la noticia. Vamos, como si el periodista hablara en chino mandarín y yo, una mermada en entendimientos, necesitara de su Pepe para que me tradujera la noticia.
Yo subo el volumen de la radio o de la televisión a ver si se da por aludido, y lo terrible es que él eleva su voz que, ¡menudos matices tiene! Reflexiva, encolerizada, pausada, precipitada y vuestra Lola termina no queriendo saber del mundo, ¡ahí que le den! Porque vigilo mi cordura, amigos, por saber de su fragilidad y no quiero que se distorsione por la malaleche que a mi Pepe le pone el mundo contractual.

Cuando era joven, esto mismo lo sufrí con mi padre, un radical de narices. No se andaba por las ramas. Apagaba la radio o la televisión y ahí me quedaba yo pasmada y con la boca abierta.
Cuando mi padre se fue con San Pedro a jugar al parchís-lo que más le gustaba a mi padre además de hablar como una locomotora- le sucedió mi madre que permanecía muda durante horas pero su voz resurgía como la primavera y sus margaritas con las noticias. Ella no comentaba lo que sucedía aquí o allá, no. Hablaba de las cosas más variopintas y tú, de aburrimiento, apagabas la radio o la televisión para que el dolor de cabeza no naciera en tu mollera.

El más listo de la familia es mi Peluche mayor; ha heredado algunos genes de su padre. Cuando comienzan las noticias apaga la televisión y dice en un tono concluyente “Vamos a disfrutar de la familia” Y efectivamente, disfrutamos los unos de los otros en continuo debatir sobre lo divino y humano, discutiendo por todo, tirándonos de los pelos, echándonos en cara quizá que hace tres años me escupiste un huevo frito que te hice con todo mi cariño, y mi Pepe dándonos una disertación que no tiene ni principio ni fin y que nadie hace caso, ni siquiera el perro… Para que luego digan que no hay diálogo en las familias ¡Alquilo a mi Peluche por horas!

Así que cuando me levanto todos los días a esas horas en que ni el alba ni está ni se la espera, leo la prensa. Como estoy dormida pues estupendo porque me entero de la mitad y de la otra mitad no la comprendo. Claro que mejor, analizándolo fríamente, estos tiempos convulsos son una mierda y perdonad que me exprese con este oprobio, pero es la palabra que más se ajusta al estado actual de las cosas y las personas.

Con lo cual, tal vez entre unos y otros, cada vez esté más desinformada pero para leer memeces, mejor despertar con un poema de Salinas, por ejemplo, que me prepara el carácter para el resto del día y para bien porque para violentos, mi Pepe, que se despierta con las noticias y corre detrás de mí para que escuche su versión que es la buena, según él, claro. O si me ve escribiendo, se sienta a mi lado a recitarme que Trump, Montoro o la mona chita se han tirado por un terraplén.

¡Buen fin de semana, amigos! Ah, iros a disfrutar y si necesitáis saber cómo está el mundo, llamad a mi Pepe, ya veréis que prontos deseáis desconectar.

jueves, 22 de junio de 2017

MY BUGUI

¡Qué feliz estoy, amigos y amigas, vecinos y vecinas, enemigos y enemigas, niños y niñas, padres y madres, cuñados y cuñadas, médicos y médicas, suegros y suegras, listos y listas!... Por dios, qué cansino esto de estar nombrando sexos y más sexos para no excluir a nadie, ¿La RAE sabe de estas nuevas modas? En mis tiempos esto era más sencillo, más simple.

¿Me estaré quedando obsoleta o simplemente tonta de remate por seguir las costumbres de hogaño? Yo qué sé y hace mucho calor para pensar en cosas sin seso.

Bueno, como os decía amigos, voy a resumir sexos, no os ofendáis, estoy muy feliz. Llegó el verano, llegué al pueblo, dejé de limpiar y vuelvo a ser conductora ocasional.

Mi Pepe hace muchos años me regaló un cochecito…, el más feo que despachaban en el mercado, hasta el color azul desteñido es feo pero me siento la reina de la carretera. No corre, casi no da aire pero le funcionan las ventanillas, sin embargo es maravilloso, mi fiel escudero. Se hace chico, se hace grande, vamos que se abaten los sillones si es que no se atascan, siempre sucio y siempre esperándome en la puerta de casa. Me trae, me lleva, me avisa si tiene hambre, no protesta, no me lleva la contraria, no discute y, ¡qué música se oye!, eso sí, solo una frecuencia, la antena pasó a mejor vida.

Decidme, ¿qué más puedo pedir? Más de uno pensará dónde va esa con ese cascajo; quienes hablan así no saben que pertenezco al club de los sin complejos. Si hasta enseñó a mis Peluches a conducir. Claro, Peluche mayor ahora prefiere ir andando antes que montarse en mi bugui,  ¡ay cuánto tonto y tonta sueltos y sueltas sin saber que lo son! El mundo es infinito si pierdes los reparos, esas vergüenzas que acomplejan y no aportan.

Peluche pequeño el otro día me lo trajo de Madrid. Llegó sudando, tardó por encima de la media estándar y nada más que posó su mirada furibunda en su madre dijo “Odio venir con tu mercadillo, madre” Todo porque venía como…, pues sí, parecía que en cualquier cuneta de la autovía pararía y pondría un mercadillo de plantas, libros, aceites de Sierra Magina, un par de abrigos por si hace frío, unas cazuelas que aquí no tengo…, cosillas útiles para cualquier ama de casa histérica de estar donde esté pero estar rodeada de sus chismes.

Y mi bugui vino deslizándose por la autovía a velocidad de crucero por la derecha para no incordiar la potencia de los buguis de verdad o de otras clases sociales automovilísticas.
Voy ahora mismo a dar un beso a mi Pepe por tanta felicidad, y después sacaré el abanico; este calor no hay quien lo aguante, y pensar que tengo que bajar a Valladolid con esta caló en el bugui con ventanillas abiertas para que entre más calor se me derriten las malas ideas.

¡Qué dignidad tiene mi bugui!

sábado, 17 de junio de 2017

ME LLAMO LOLA…su nacimiento

Queridos amigos, muchos de vosotros me habéis preguntado el cómo y el porqué de mi blog ME LLAMO LOLA y aquí os dejo su historia. Real como la vida misma, eso sí, nació en la realidad y se elevó a la ficción aprendiendo a reírme de mí misma…

¡Ay que sofoco! Creí que perdía el autobús; he dado una carrera con las bolsas de la comida y el portafolios de tal calibre que tropecé y el zapato se me ha roto, pero he llegado a mi meta. El conductor me ha mirado de forma extraña y lo comprendo, pero ha de entender que a las nueve treinta de la noche encontrar una mujer sana y pulcra es harto difícil; despeinada, con manchas de café en la blusa, con el rímel corrido, ojerosa, con olor a sudor, más después de haber corrido los cien metros lisos cuesta arriba, con la mano izquierda sujetando no sé cuantas bolsas y con la otra, un zapato roto y el bono-bus, ah y el móvil pues es original pero no raro.
A esas horas no me miro al espejo, estoy convencida de que me deprimiría más, y he de llegar a casa con un mínimo sano juicio para hacer una de las labores más ingratas en la sociedad actual: ser madre de dos adolescentes; eso es como tocar el infierno, ver a Lucifer por duplicado y desear volver a correr, esta vez, los doscientos metros en busca del autobús. Porque he de contar que desde que salgo de mi casa, estoy corriendo tras ese animal de cuatro ruedas. El hijo de perra creo que se mofa ante mis narices. Yo, corriendo como una poseída y ¡zas!, él pasa solemne, ceremonioso, deslizándose por la calzada como si fuera una pista de patinaje y aquí la susodicha tirada como una colilla a esperar media hora para que pase el siguiente, ¡cómo si a mí me sobrara el tiempo!

En esto, me estoy ya empezando a estresar -aunque mi estrés empieza mucho antes… ya lo contaré más adelante- cuando el móvil suena; me dan ganas de tirarlo a la vía y que un coche lo estruje entre el asfalto y las ruedas. Descuelgo, doy una mala contestación y cuelgo. En fin, ya llega otro cuatro ruedas, me subo, me peleo con una señora que se quiere colar y quitarme el asiento… “¡Y una mierda señora!, estaba yo mucho antes que usted” la digo como una verdulera a punto de comerme a la buena mujer.
Reposo mis posaderas y suspiro, ¡diez minutos de descanso!... Ah pero no, me equivoco, el hijo puta del móvil vuelve a sonar y como estoy de mejor ánimo, contesto; es mi jefe que su afán es darme por el culo desde que me intuye hasta que me desintegro al final del día.
Mi vida laboral es un puto fichero: que si fichero para esto, que subcarpeta de fichero para lo otro, que si ficherito para… vamos, que estoy pensando en hacer un esfuerzo ímprobo por mi parte, porque el Excel se me da mal y el Access ni os cuento, pero la ocasión lo merece, y haría un fichero para guardar a mi jefe y no volverlo a abrir y, otro, para depositar a mis dos adolescentes; éste lo abriría dentro de ocho o diez años, ¿creéis que es el tiempo suficiente?
El caso es que me quito, no sé de dónde, un rato todos los días y aprendo a hacer ficheros para tener todo, todito muy ordenado. Pero es que ahora que me acuerdo, ese gilipollas que tengo por jefe me llama y me dice: “¿Te dio tiempo a terminar mi mega fichero, preciosa?” No le he colgado, pero he puesto el mute y, como una loca en medio del autobús, he chillado “¡Que te jodan a ti y a tus ficheritos!” Después, he respirado hondo y, como si se tratara de la mujer más equilibrada del mundo le he dicho: “No pude, el programa Taylor se espatarró y la gente no podía trabajar, así que me dediqué a darles formación” cuelgo y me siento cansada e infeliz. ¿En qué se resume mi vida?, ¿en correr detrás de un autobús todo el día en vez de ir tras de un cubano macizo, eh?, ¿en que mi capacidad profesional se reduce en aprender a hacer ficheros?, ¿en desarrollar mi imaginación para poder sobrellevar a dos chicos de catorce y diecisiete años que no se aguantan ni a sí mismos?… no me digáis que no es triste.

Hablando de este tema, ¿vosotros tenéis hijos en esa edad tan maravillosa? Yo recuerdo que mi padre me daba una leche, y me dejaba como nueva. Vamos, a duras penas osaba a respirar sin hacer ruido en una semana, pero ahora no, no hijos no, estáis muy equivocados. La situación es otra: ellos no te piden permiso, lo has de pedir tú…, como os lo cuento.
Pongo un ejemplo: me encanta recibir noticias de los amigos que viven fuera, y nos carteamos vía e-mail. Entonces yo tengo que decir al monstruo de turno “Fulanito, si eres amable -jamás lo son, os informo de la primera realidad cruda-, ¿me podrías dejar el ordenador? Y me contesta “No tenía que hacer otra cosa. No me dejas meterme en Internet hasta que a ti te da la gana llegar a casa -ya os he contado que si no llego a casa antes es porque me estoy realizado con los ficheritos y por el placer que me produce que me den por el culo- así que ahora te fastidias mamá” -otro que tiene la sana intención de joderme, con lo feliz que sería siendo virgen, casta y pura-, así que me tengo que resignar a levantarme a las seis de la mañana cuando los angelitos están aún dormidos para contestar a los e-mail de mis amigos, pero mi dicha dura poco porque a las siete aparece un tío más grande que un castillo abrazado a su mascota de peluche, ¡manda huevos lo que hay que ver a esas horas!... Ellos son mayores y autodidactas, saben todo, pero de pronto la niñez llama a sus puertas y no se pueden resistir.
El susodicho angelito me pide que no sea egoísta y le atienda porque tiene un gran problema. Como os podéis imaginar, tiro el ordenador y pongo toda mi atención -la que soy capaz a las siete de la mañana-, me quito las legañas de los ojos y le miro profundamente -antes, me limpio los oídos para que nada distorsione el sonido- y espero expectante la confesión”Mami, estoy obsesionado, no me lo puedo quitar de la cabeza y sé que me vas a decir que no pero es que sueño con ello” “¿Qué te martiriza hijo?”- pregunto inocentemente- “Mira, Mami, he visto unos calzoncillos de Kalvin Klein divinos. Son muy caros, pero merecen la pena que te esfuerces en comprármelos. He pensado que dejes de comprar filetes durante dos semanas y, con lo que te ahorras, puedes comprarlos… Podemos comer mientras macarrones”… ¡Qué generoso el niño! Seremos en vez de los García, la familia Macarrón.
A duras penas me repongo del duro impacto que me ha producido la inquietud de mi primogénito cuando me ataca de nuevo -noto que sus confesiones despiertan a mi estrés muy de mañana- y me dice: “Mami, ya sé que tú de elegancia y de vestir bien, no tienes ni idea, el buen gusto te lo negó Dios -esta afirmación me jode, no por mi mal gusto, sino por meter a Dios en la pasarela Cibeles que de un momento a otro se va a convertir mi casa… Si no… atentos, ya veréis- Pero es que Mami, estoy indeciso, ¿qué me favorece más, el pantalón azul con la camisa pistacho o con la verde musgo? Espera, no seas impaciente -me está amenazando- me pongo ambas cosas y opinas”… Entonces comienza un desfile de modelos con tal rapidez, que no asimilo el vestuario.
Por el rabillo del ojo miro el reloj que se acercan sus manecillas a las ocho; la tarifa plana de Internet se acaba y… yo sin contestar los e-mail.

El reloj marca la hora mágica y la joya de mi niño sale disparado o llegará tarde a clase. Los angelitos cantan El Aleluya de Hendel que me suena a música celestial ¡Al fin, sola! Me digo cuando una voz ronca, aguardentosa y desafinada me dice a la oreja “Buenos días, Madre” doy un salto del susto y me vuelvo. Qué tonta soy por crearme falsas esperanza; se me había olvidado el melenudo, mi benjamín. Los pelos le caen lacios por la cara, parece el anticristo; este espécimen es muy rarito pero buen chico.
Todas las mañanas desayunamos juntos y me cuenta sus cosas; yo encantada de que hable aunque os soy sincera, la mitad de las cosas no entiendo su significado, pero yo dejo que hable y pregunto para que sepa que todo él me interesa. Mis preguntas no le hacen gracia porque opina que soy un poco retrasada; normal que lo piense, si no entiendo lo que me dice, mis preguntas deben sonar a chino porque no sé ni lo que digo.

Hay silencio; no me atrevo a moverme, temo que los hados malignos que me persiguen llamen de nuevo a mi puerta. Necesito un poco de sosiego para hallar un mínimo equilibrio emocional y poder encarar el día.

Se me había olvidado deciros, pero creo que ya os habréis dado cuenta, de que soy muy mal hablada; digo palabrotas constantemente ¡Joder, entendedme! Me sienta genial decirlas. Siento como si mi impotencia se viera compensada al decir de una manera rotunda “Tía puta, cabrón, etc”
A mi marido le pone de los nervios oírme hablar así. Dice que no es de personas educadas, ni es femenino, pero a mí a estas alturas, me importa un carajo ser educada y menos, ser femenina… ¿Para qué me sirve ser mujer?, ¿para ser una puta pringada toda la vida? Estoy hasta el moño de todo y de todos pero, claro, luego pienso en este hombre con el que me casé hace tantos años que ya ni me acuerdo, y me da pena… ¡Es tan bueno! Ejerce de hombre, ya sabéis, de los que explotan a las mujeres pero de manera sutil y delicada y, para colmo, se me ha quedado últimamente impotente, no de pene, que quede claro, sino emocionalmente.
Al pobre le ha jodido una tía gorda en el trabajo y, en casa, la sección juvenil le ha metido una goleada mejor que la del Real Madrid. Lo de los monstruos compartidos le he dicho que no se preocupe pues yo me encargo personalmente de ellos… ¡Qué mal miento Dios!
Pero el asunto de la gorda, no sé por dónde atacar. Me ha enseñado su foto y, cuando la he visto, he pensado -no dicho- ¡Date por jodido! Las mujeres somos víctimas, pero la que sale torcida, ¡coño, coño, coño!“

Ring, ring…” el cabrón de mi jefe me da por culo hasta en mi casa; esto no se puede consentir. Ahora mismo tiro los teléfonos por la ventana…, mira que lo sabía. Me decía a mi misma: “Muñeca hoy es un buen día, sonríe, seguro que viene alguien y lo jode”

Por cierto, no os he dicho que me llamo Dolores, pero llamadme Lola; tiene más personalidad, carisma, como que suena a mujer segura y equilibrada, que sabe lo que ha de hacer en cada momento sin que se le mueva una pestaña de su sitio. Esa soy yo aunque ni yo misma me lo crea.

lunes, 5 de junio de 2017

QUE SE MUERAN LOS FEOS

¡Me encanta ponerme fea! Bueno no; lo que me gusta es ponerme horrorosa. Me sienta genial. Costumbre que había abandona por años de insistencia de mi amiga Mari Pili; me decía de todo menos bonita y yo, ¡más leña al mono! Cuánto más me lo decía, era como un revulsivo contra la belleza. Pero me cansé y decidí hacerla feliz y salir decente al menos a la calle.
Sin embargo, la cabra termina tirando al monte siempre, siempre y hoy…, fea de narices. Me he encontrado a dos vecinas muy cariñosas que me han preguntado que si me encontraba bien y yo he contestado que divinamente. No obstante han afirmado que lo de la literatura no acababa de sentarme al cuerpo. Qué bordes, ¿no?
Todo el mundo tenía que ser como mi Pepe que cuánto más fea, más guapa me encuentra, y el día que me pongo mona me dice de qué voy. Claro que mi Peluche mayor el otro día afirmó que la pintura de indio a mi cara no me favorecía… Ahora que me estoy dando cuenta, ¿no será que estoy permanentemente horrorosa y cuando me adecento como que rechazan mi belleza suprema? No sé, me da igual.

¿Queréis imitarme? Os advierto que es facilísimo. A poco que no hagas ya estás sublimemente fea. Porque cuando eres joven, cualquier cosita como si no hay cosita, estás siempre muy linda pero, ¡ay amiga!, entra en una edad y verás. Tanto que aconsejo mirarse al espejo los días impares y con eso si quitas a mayores un día o dos, mejor qué mejor.

Yo, edad no tengo. Decidí borrarla del DNI y del pasaporte y del libro de familia y de la partida de nacimiento y la partida bautismal. Pero el cuerpo va por libre y ya puede una ser relimpia, quitar cualquier huella que te delate que… o te inflas los morros, te quitas papada, te rellenas las orejas, quitas los ojos o lo que hay a tu alrededor dejándote la cara que no te pareces ni a tu prima la de Puerto Rico o… Claro para eso hay que tener dinero y en este momento la cartera la tengo anoréxica, y lo poco que me queda prefiero invertirlo en risas con mis amigos delante de una copa., qué queréis que os diga, un amigo vale la pena más que una belleza ficticia.

La belleza está dentro y si eres mañoso y la entrenas te verán más bonita que un San Luís- por cierto no sé si San Luis era guapo, eh. Es un dicho castellano.
Pues sí, hoy era de esos días en que mirarme al espejo me daba la risa. Un pantalón de lunares, una camisita de franela de cuadros, una flor sujetando al pelo, un mechón suelto perdido y a su caer. Blanca como el pan candeal. Ojerosa, de esto mucho, muchito. Un bolso verde aprovechando que iba de azul y cuadros fucsias y unas deportivas de invierno con calcetines de rayas también de invierno aprovechando que hoy han bajado las temperaturas y hacen solo 30 grados; tan calentita que iba yo.

De verdad que me he encontrado genial y encima me he reído de mi misma. ¿Qué más quiero?
Tal vez por eso no esté de acuerdo con la canción “Que se mueran los feos”… Vamos, con lo sacrificado que es estar monilla.
¡Viva los horrorosos!

… ¡Qué paridas escribo! Aunque os advierto que a los escritores nos sienta genial de vez en cuando ver que nuestras letras son…

miércoles, 31 de mayo de 2017

CAMINO DEL ROCÍO

Está claro, nací para la alegría, para la expresión sustantiva y de paso para la charanga. Es oír una comparsa y, aunque esté atada a una silla, mi espíritu sale danzando y al cuerpo que le den, ¡hala, a por otra cosa mariposa!
Cuento esto porque tengo una pena muy gorda y negra. Hoy tendría que estar comenzando el camino del Rocío con mi prima Blanca que es otra que está zumbadísima, tal vez porque por compartimos sangre, digo yo, yo qué sé… El caso que ella se larga y aquí la presente se queda.
Sin embargo he decidido ser positiva porque lo que es, es, y es tontería sufrir para nada. Así que me acabo de colocar el clavel en la cresta, colgado al cuello la medalla  rociera de Triana y puesto la salve. Perro me mira no comprendiendo que a estas horas tempranas su ama confunda realidad con ficción; he tratado de explicárselo, pero lo único que he conseguido es que echara las orejas para atrás en dirección del viento. En fin, es lo que hay…
En estos casos me gustaría tener el don de la ubicuidad y desdoblarme y estar en cincuenta sitios, pero Dios solo me concedió el don imaginativo de un escritor por lo que hoy lo uso para mi autodefensa ante la frustración de no poder vivir en directo y quedarme la ficción para que en ella haga lo que me dé la real gana.

¿Qué me atrae del Rocío? Todo porque nada conozco. Iba a ser mi primera vez y ya se sabe que “esa primera vez” se mitifica y se guarda en las estanterías de la memoria para cuando te dé la nostalgia subas y mires aquel momento excelso que una vez viviste. A lo mejor resultó ser una castaña, no nos engañemos pero tú lo elevaste hasta endiosarlo.
Me imaginaba, me imaginaba tanto… El polvo del camino en mis pies inquietos. El color, sí ese colorido aroma de los mil y un matices que nos regala la luz según viene, y según se va. Esos riachuelos en los que refrescar el sudor. Posar tus ojos en rostros anónimos y prendarte de sus gestos. Beber el fervor de otros aunque tú no seas capaz de sentirlo. La hoguera al caer noche cerrada con sus chispas y manos al aire mientras el embrujo de una guitarra arrolla tus sentidos. La feminidad mal consentida de las mujeres luciendo sus trajes de flamenca… Tantos matices por vivir y sentir que…

A la vida la pides, claro que hay que pedirla, ahora sí, luego ella te dará o no, esa es la cuestión. Y luego tu priorizarás, así hace la gente sensata y, yo, por una vez en la vida lo he sido.
“¿Rocío o escritora?” Me preguntó la insolente de la conciencia y ganó ella, la que cada mañana se pone a soñar para vosotros, los lectores.
¡Puerca miseria! Ahora mismo me planto el traje de flamenca y me pongo a poner lavadoras… Es cierto, los escritores somos mortales y hacemos lo que todo el mundo hace: discutir, ir a la comprar, remendar los calcetines de tu Pepe, poner verde a la vecina, palpar la vida en todas sus vertientes…, esas cosillas de la maravillosa rutina diaria.

Dios te salve María, 
del Rocío señora, 
luna, sol, norte y guía, 
y pastora celestial. 

2 
Dios te salve María, 
todo el pueblo te adora, 
y repite a porfía, 
como tu no hay otra igual. 

ESTRIBILLO 
Olé, olé, olé, olé, olé, 
olé, olé, olé, olé, olé, 
olé, olé, olé, olé,olé, 
olé, olé, olé, olé, 
al Rocío yo quiero volver, 
a rezarle a la Virgen con fe 
con un... 
(BIS) 

3 
Dios te salve María, 
manantial de dulzura, 
a tus pies noche y día, 
te venimos a rezar. 

4 
Dios te salve María, 
un rosal de hermosura, 
eres tú, madre mía, 
de pureza virginal. 

ESTRIBILLO
Ay Virgencita del chiringuito más próximo llévame al Rocío, leñe…

martes, 23 de mayo de 2017

RISA PERFECTA

Mi boca no es mía, está poseída por las manos de mi dentista. Es como si tuviera dentro metralla o hierros; aún está por descifrar.

Mi Peluche mayor se define por una risa perfecta y en esto que yo estaba cazando moscas y se me ocurrió mirarme al espejo-cada vez que lo hago, drama al canto- y mis dientes no eran dientes, o sí, pero no los de mi Peluche.

Más bien me recordaban a los de uno de los personajes de mi tercera novela, a Lucrecio… Este es un burro muy simpático que lo primero que ves o lees de él, son sus dos inmensos paletos; pues así yo. Tal vez me hubiera inspirado en mis dientes sin yo saberlo para desgranar el personaje de Lucrecio. Ya sabéis que los derroteros de la mente humana son muy oscuros y los míos, ni os cuento.

Total, resumiendo, yo quería tener la sonrisa perfecta de mi Peluche y me puse manos a la obra. Fui al dentista y me convertí en la mujer tornillo en sus manos hacendosas. Me puso, me quito, me volvió a poner hasta ayer que culminó su primero vigésima construcción mecano en mi boca. Me he despertado sin labios, lo mío son morros.

Desde ayer no como. Entre los alambres se me mete lo que intento meter y es una odisea en el espacio bucal, así que se me han quitado las ganas de sólidos y practico líquidos, pero pocos también.

¿Dónde fue a parar mi sonrisa de burra feliz y sin complejos, eh? He pensado hacerme unas cortinillas que se enganchen en las orejas para si me vuelven las ganas de reír pues que no se me vean los alambras de mujer mecano.

Me he creado un muro de lamentaciones lamentosas en que he pegado una nota escrita con letras grandes que se pueda leer sin necesidad de gafas en la que dice “Muñeca eres vieja”… No, no, tranquilos, esa frase que aparentemente suena perturbadora, lapidaria, destructiva y derrotista, me estimula porque me hace recordar que ahora que se me está reblandeciendo todo, la edad no perdona, la sesera no, esa vino de fábrica sin posible modificación, pues si todo mi ser está blandito pues las mandíbulas también y, si están tipo chicle, es de esperar que con los hierros que el dentista me ha puesto tarden poco en domesticar mi dentadura, y esta vuelva a sus ser y en nada luzca risa perfecta como mi Peluche.

¿Os han convencido mis explicaciones? A mí no mucho, pero no me queda otra que sacar leche de un botijo. Según mi Pepe mis dientes son tan brutos como yo y será imposible domesticarlos. Él lleva tratando de hacerse conmigo 30 años y no ha conseguido resultados satisfactorios.

Anda que si pasan 30 años sin comer, sin reírme y encima con el mecano puesto… ¡Puerca miseria!

domingo, 21 de mayo de 2017

STOP

¿Conocéis a alguien que cinco minutos antes de que termine una película que la está fascinando, apague la tele y se vaya a dormir? No la busquéis, no os gastéis, la tenéis delante de vuestros ojos. Y no contenta con eso, voy muy seria, siento cátedra y afirmo sin que se me muevan las pestañas que, por cierto, ya ni con el rímel se me ven ”Qué gente más rara hay en este planeta” Y me quedo tan fresca. ¡Qué fácil es hablar y qué difícil es tener la garganta muda!

Pero, como os he contado alguna vez, primero actúo y luego pienso pues… Así tengo a mi Pepe cada vez más calvo de tanto pensar por mí.

El otro día reflexionando sobre mí misma delante de un espejo casi me saco un ojo. No porque me enfadara conmigo, eso nunca lo hago, como mucho me digo “Ay alma de cántaro” y con eso ya me he perdonado hasta la siguiente vez. Casi me saqué un ojo por la falta de experiencia y como estaba tan concentrada pensando pues…

Prácticamente nunca me pinto, solo en grandes ocasiones que se cuentan con los dedos de una mano. Entonces de una vez a otra, se me han olvidado los pasos, ¿me seguís? Pues bien, el día de marras me estaba quitando los botes de pintura que me había volcado en la cara horas atrás y llegó la parte de despintar los ojos, justo en el momento en que me preguntaba “Niña, con lo maja que estás con la cara lavada, ¿por qué te empeñas en ponerte como un payaso?” En esto entra mi Pepe y comienza una disertación de cómo fregar las sartenes. Yo, aparco mi pensamiento sesudo para concentrarme en mi Pepe y tanto friega y friega que casi me quedo con el ojo en la mano y tuerta de por vida.

Claro, para lo que hay que ver… Pero la rabia que me da es que no aprendo, no aprendo nada de nada. Todo el mundo parece saber más que tú que, sin duda, sabrán, pero es que se pasan la vida dándote lecciones y tachándote de imperfecta que lo sé que lo soy, pero me aburren tanta insistencia y me pregunto, ¿por qué no me olvidan un rato y se miran a ellos otro rato? ¡Ah! Es más estupendo sacar las taras de los demás que las propias. Pues no, hoy estoy rebelde. Vive y deja vivir.

A mis años, nunca es tarde. Más difícil, sí, pero no imposible. Así que me he hecho un cartel mental que versa “STOP”
Stop para los sabiondos, STOP para los perfectos, STOP para los insufribles y, de paso, STOP para mí misma, a ver si soy capaz de ver una película entera sin decir qué raros son los demás, cuando la primera chiflada, y a mucha honra, soy yo.

Lo bueno y breve, dos veces bueno. Así que, ¡hasta otro día, amigos!

sábado, 13 de mayo de 2017

DE AMOR Y VICEVERSA

¡Qué bonito es el amor! Ayer descubrí, a destiempo, claro, como siempre, que nací para organizadora de eventos nupciales. Sin duda todo el mundo se querría casar para que yo les organizara la boda, habría procreación y España no sería un país de viejos, pero como me dice mi Pepe “Dios te colocó en este mundo y se le olvidó programarte” Y mirad que pongo buena voluntad, eh, pero no hay manera, todas mis proyecciones las falta algo: los pies, otras veces la cabeza, y en la mayoría de las ocasiones el cuerpo entero.

Ayer estuve de boda fina, de las que no las falta de nada, ni siquiera el amor, ¡más bonito todo! Yo saqué el catalejo y no perdí detalle. En esto que estaba haciendo un barrido para catalogar a la invitada más elegante hasta la más descolocada visualmente, cuando me encontré a dos especímenes dignos de película de la gran pantalla en cinemascope. Muy discretos ellos, muy bien vestidos con pinganillo en oreja, una sonrisa que sin ser estridente, estaba en el tamaño y lugar adecuado. Sus ojos no necesitaban catalejos como los míos; veían todo y más, si me apuras hasta las enaguas de la novia que, por cierto, eran divinas: Convirtieron a los invitados primero en los perfectos colegiales que obedecen a todo y segundo, en los perfectos Julias Roberts de la película Pretty woman: nos hacían la pelota, nuestros deseos se hacían realidad antes de terminarlos de formular… Yo pedí un par de platos de jamón y una botella de vino blanco fresquito. ¡Fui la envidia de las mesitas puestas en el jardín! Además, en la finquita donde se realizó el evento fino, de los finos de toda la vida, había hasta estanque con cisnes. No patos, cisnes desplegando su vuelo acrobático para posarse después en las aguas mansas… Por supuesto sonó el himno de Paquito el chocolatero; ya os digo, no faltó de ná.

En cada plato antes de comenzar pusieron una cajita de una ONG y dentro había una nariz de payaso. Me la puse al instante sin mirar la mirada felina de mi Pepe que me observaba desde el otro extremo de la mesa, claro.

Un poco incómoda estaba, no os voy a engañar. Encima de mi cabeza llevaba una especie de paellera, la más grande que encontré por un precio asequible que, por supuesto, me la proporcionó mi estilista de cabecera, el chino del barrio. Si a eso añado la nariz de payaso, pues unas veces me ahogaba por respiración intermitente y otras mi paellera salía a tomar vientos por un codazo impertinente o por el camarero despistado de turno.
Pero quizá lo que me preocupó más es que dentro de mi descerebrado cerebro, a fuego tengo que la discreción y prudencia han de estar siempre en primera línea de fuego. Y es que cuando íbamos a entrar al comedor vino una linda camarera de cofia y delantal impolutos y me ofreció lo que yo supuse que podía ser Sushi. A mí no me gusta pero yo vi las manos de la gente que lo cogía y yo hice lo mismo por eso de donde fueres haz lo que vieres. Pues bien, me lo metí en la boca, ¡craso error!, no era sushi sino toallitas para limpiarse las manos. Discretamente me lo saqué de la boca; no me ha reñido Pepe, así es que no lo vio. No sabía mal, una especie de limón con un poco de espumilla.
¡Lo qué bailé, lo qué salté! Hoy no me puedo levantar, el fin de semana me dejó fatal, pero eso es otra historia…


PD. En otra vida, recordadme que haga estudios para eventos nupciales; me encanta. Pepe está predestinado para eventos funerarios. Lo borda: la palabra justa, el consuelo necesario, cara de plañidero, la conversación indicada para el momento y el alabo al muerto con todas sus virtudes. ¿Veis? Para ese oficio no sirvo… Yo he nacido para los amores de la gran pantalla.