domingo, 3 de junio de 2018

LOLA FOTÓGRAFA


Lola, con esa máquina tan estupenda que te has comprado y que, por cierto, no sabes manejar, ¿nos hacemos una foto?
-Mari Pili, yo no me he comprado nada, la compró Pepe aunque él aún no lo sabe.
-Si la compró él, ¿cómo no lo va a saber? La trastornada eres tú, no él.
-No me insultes, Mari Pili, que no te saco, ¿eh?... La máquina se adquirió con su tarjeta VISA…Verás, él estaba dormido, parecía un asno feliz rebuznando, entonces yo pensé inmortalizarle, pero no tenía bicho y vi su monedero y… pero, vamos, estoy convencida de que fue su mente la que me transmitió que fuera, cogiera su tarjeta y comprara en su nombre esta cámara… ¿A qué es monísima?
-Divina de la muerte, Lola, pero si no la sabemos manejar, no nos sirve… Anda, lee las instrucciones y nos enteramos.
-Ni hablar del peluquín, Mari Pili, ¿has visto qué libro más gordo? Nos podemos pasar tres días leyendo, pobres de nuestros ojos.
-Trae, seguro que viene algún resumen…
-Eso, lee, mientras pienso cómo posamos… Mira, en la revista Hola viene la hermana de Jesulín, el torero, ¿qué te parece?
-¿No hay algo con más glamour, Lola?
-Sí… Está la pescadera que suministra al palacio real…, pero aquí nos tendríamos que poner delantal y guantes.
-No, Lola, yo quiero algo más sexy ahora estamos morenas podemos enseñar cuerpo.
-Mari Pili, en tu caso no sé, pero en el mío sólo se vería carne… Entiéndeme.
-Lola eso es mucho más excitante. ¿Los niños no tendrán alguna revista porno?
-¿Qué insinúas, Mari Pili? Yo no me quito el refajo, mi pudor me lo impide.
-Lola, no me seas estrecha. Si una de las cosas buenas que tiene la vejez es que haces y dices lo que e da la gana.
-Oye, oye… Un poquito de por favor. Tú estarás en la vejez; yo, en la segunda adolescencia.
-Precisamente, Lola, a esa edad y a la mía es cuando uno muestra lo que es.
-Mari Pili, ¿te resignas a ser vieja? Ay, yo no, antes muerta… Venga, ¿qué bragas me pongo?, ¿las enanas que llegan a la cintura o las de cuello vuelto?
-Lola, ¿no será mejor que nos las hagamos en traje de baño?
-De traje de baño nada. Me has insinuado que soy una estrecha. Así que a hacernos fotos porno… ¿Cómo me pongo, Mari Pili, tirada en el suelo directamente con la boquita en forma de o?
-Síiiiiiiii… Yo me apoyo en esta silla y saco el culito hacia fuera… ¿Qué te parece?
-En dos palabras, Mari Pili: im-presionante… Enseña un poco los dientes y la lengua, como que quisieras morder a alguien.
-¿En plan felino, Lola?
-Piensa en alguien que tengas manía… Yo pensaré en la vecina del 3º A, la Cacharros, la que dice que no tengo glamour.
-¿Qué dice que no tienes glamour, Lola? Qué mentirosa es la gente, la puñetera envidia… Claro, que mirándote ahora, tal como estás… Una lástima, Lola.
-¿Si?, ¿de verdad, Mari Pili? Bueno, no pasa nada, posaré con efecto intelectual, como si fuera una escritora… Estiro cuello, cojo lápiz, miro a las musas y clavando los ojos en la cámara digo: “Sólo sé que no sé nada”… ¿Qué opinas?
-Fantástico, Lola, pareces autentica, la reencarnación de Emilia Pardo Bazán.
-¿Quién era esa, Mari Pili?
-Una señora, no te explico que te gastas y no te concentras en la foto, Lola.
-Tienes razón… Venga, dispara, Mari Pili.
-¿Cómo voy a disparar, Lola, si no la sabemos manejar?
-Anda… Entonces, ¿qué hacemos?
-Nada, lo de siempre… El indio, eso sí que lo bordamos.
-¿Tú crees?
-Sí.
-Qué lástima, tanta sabiduría malgastada… Estoy pensando, Mari Pili…
-No pienses, Lola, que es malo.
-¡Jesús!, es verdad… ¿Qué hacemos?
-Lo de siempre, Lola, irnos al mercadillo.

martes, 29 de mayo de 2018

LOLA ESCRITORA


Me he afiliado a un club de escritores porque quiero escribir mis memorias. Sé que es difícil porque no me acuerdo de lo que me pasó ayer…, pero no hay problema: me lo invento.

Mi Pepe, cómo no, tiene poquísimas esperanzas de que lo consiga y, precisamente, basta que me diga que no valgo, para que mi ego pretenda empotrar la cabeza en donde sea. Claro que cuando añadió que mi imaginación era infinita, vi la luz. Así que cada mañana, al amanecer, cuando las pestañas no se han despegado de mis ojos miopes, asisto a clase –duermo con las gafas de leer puestas para que cuando me despierte sepa donde están y si, por un casual, se me despegan los ojos pues vea algo. Es incómodo, pero es una forma de prevenir mis despistes… Ahora que lo pienso: el otro día aparecieron en la calva de mi Pepe; como es tan sabio, quizá quisiera leer dormido, digo yo…

Lo primero que me dijeron es que tenía que leer a los clásicos, cuna de la sabiduría. Yo contesté que no había problema, que eso lo hacía todos los días.

-Luigi, como mínimo miro las letras gordas de los periódicos, leo las recomendaciones de la lejía porque, si no lo leo, se me olvida y decoloro la ropa. Además, he cogido la sana costumbre de leer todos los anuncios que veo; fíjate si hay un chollo y no me entero… ¿Crees que con eso es suficiente o añado la lectura de la sopa de sobre?

-Lola, te mandaré un e-mail, léelo atentamente, llevará recomendaciones valiosísimas…-dicho esto, suspiró profundamente, como para recopilar paciencia. La verdad es que es un tipo estupendo porque me aguanta sin rechistar, sólo emplea suspiros para sobrellevarme… Le pediré la receta para dársela a mi Pepe.

Efectivamente, recibí el correo. En el fondo, me pierde que sea una cordera: hago lo que me dicen y, aunque encontré muy raro el contenido, yo hice todo lo que me contaba Luigi Suspiros de España.

El correo se titulaba “Ritmo tántrico” y lo primero que me decía es que me sentara en el suelo y llenara la cavidad torácica de aire –abrí la ventana… anda que no me entró polvo-, entonces vi como me subían y hasta me aumentaban los senos ¡qué gozada!, sin implantes ni nada… Con el ojo derecho miré el e-mail para seguir el siguiente paso que me aconsejaba poner las palmas hacia arriba encima de los muslos –jó, tengo que darme unos masajes, están gordísimos… ah y depilarme-, luego debía de dejar la mente en blanco –esto dificilísimo porque como rentabilizo el tiempo, hago 27,532 cosas a la vez- y, por último tenía que hacer una especie de ruido. Algo así como: “Eeeeeeee”Total, me concentré concentradísima cuando sonó el maldito teléfono. Para no dejar de hacer la concentración, moví, pero muy poquito, la mano izquierda y descolgué.

-Lola, se me olvidó decirte esta mañana que no tengo calzoncillos, llevo unos rotos. O los coses o me compras -¡leches!, mi Pepe con uno de sus temas favoritos.

-Eeeeeeeeeeeeeeeeeeeee…

-Lola, deja de hacer la cabra y escúchame. Vete, aunque sea al mercadillo y me compras una oferta –oír la palabra mercadillo fue… un desastre. Casi mandé la literatura al cuerno pero, tranquilos, recapacité y:

-Ahora mismo voy, eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee…-me colgó el teléfono. En serio, no comprendo porque todos terminan dejándome con la palabra en la boca. En fin… seguí a lo mío, pero sonó de nuevo el odioso teléfono.

-Lola, soy Luigi.

-Eeeeeeeeeeeeeeeeee…-aquí puse énfasis para que viera lo obediente que era su alumna favorita.

-Lola, ¿te pasa algo? Haces muy bien la oveja. Oye, no he podido enviarte aún el correo. Esta noche lo hago- su confesión me cortó a la cordera que llevo dentro.

-¿Cómo dices?, ¿entonces qué demonios estoy haciendo, Luigi? Dime, habla, por Dios…

-Sinceramente, Lola, ¿quieres que te responda?

-Pues claro que sí, Luigi, me fío de ti, bueno y de Mari Pili que es mi alma gemela, ¿te lo había dicho?, ¿te he hablado de Mari Pili?, ¿quieres que te la presente?

-Sí, Lola, sí, todos los días me hablas de Mari Pili… En cuanto a tu capacidad, puedes hacer cualquier cosa que te propongas, hasta la cabra…- y suspiró.

-Ya sabes, Luigi, soy gente sin complejos. Es más, si tú me dices que aparque mis memorias e intente escribir un estatuto, lo hago, pero ojito: luego no me eches del tripartito. Soy feliz escribiendo, Luigi, no me cortes las alas, he encontrado mi arma para seguir hablando que es la escritura…

-Me temo que sí, Lola, me temo que sí, antes muerta que callada…-y suspiró. ¿Es o no es Suspiros de España?- Anda, un beso, luego te envío el correo.

-Oooooye, no cuelgues. No me has contestado, ¿escribo un estatut o no?

Va, ya había colgado. Seguiré haciendo la cabra, me ha gustado, me sienta bien: Eeeeeeeee…


domingo, 13 de mayo de 2018

LOLA PREPARÁNDOSE PARA EL MUNDIAL DE FÚTBOL


Me estoy acordando del anterior campeonato de fútbol y es que se acerca uno nuevo y yo con mi Pepe no lo veo, aviso...

No vuelvo a ver un partido con mi Pepe ni harta vino, anda que le den… Martirizadita, si hasta me intentó, que no lo logró, eh, ponerme un esparadrapo en la boca.
 ¿Pero dónde se ha visto eso aparte del gobierno que nos desgobierna? Yo me expreso, que te gusta, genial. Que no, vete a otra esquina que esta es mía y me siento un equipo de megafonía.
Dice el sabiondo que no sé de fútbol, yo que he sido el número dos en gimnasia rítmica, venga ya. Lo que pasa que le fastidia que emule su sabiduría y lo que no sé, me lo invento pues para eso tengo imaginación.
Al final se fue al retrete a escuchar el partido por la radio, se pensaría que en el baño ayudaría más a la roja y a la roja  se la anima con afición como yo… Con patatas fritas, cervecita, la banderita y llamando cabrón a todo aquel que nos quite la pelota. Porque la pelota es nuestra, de la roja, ¿entendido Honduras, Bruselas, USA, observatorio de greenwich y demás hermanos y afiliados? Pues eso…
Y todo fue porque yo vi seis o siete goles más que no nos los pusieron en el marcador y protesté, claro, y llamé al presidente del gobierno para que hiciera justicia y, claro, nos los quitaron.
¿Y qué me decís del penalti? No entiendo que, porque la pelota vaya un poco más arriba del confesionario para pelotas, no nos lo cuenten como gol. Como me pareció mal, llamé a Obama que ayer estaba muy receptivo… Pues tampoco. Ni se puso al teléfono.
Además le dije una cosa con mucho seso a mi Pepe, que es cuando se levantó y se fue. A ver, si tenemos muchos jugadores, ¿por qué no sacamos a todos en vez de a unos pocos? Cuántos más, mejor defenderemos la pelota que nos quitan, o se puede jugar con más pelotas, así las posibilidades de entrar en el casillero son mayores. ¿A qué sí?
Y luego mi Pepe es muy gris, sé que su carácter va acompasado con su profesión de enterrador pero, que desde el minuto uno quiera enterrar a mi roja, o porque chille con tal volumen para que me oigan en el continente africano, vaya y me llame chica de la plazoleta. ¿A que no es justo?
El fútbol es gritar, cantar, blasfemar, pitar… hablando de pitos, en la tienda de los chinos me compré un bombo como el de mi amigo Manolo y un silbato… Pues que también le molestaba. Pero dónde, Señor, dónde va a encontrar un ambiente más neutral, logístico y animado que conmigo… ¿El viernes alguien quiere ver el partido conmigo?

lunes, 7 de mayo de 2018

REGRESANDO...


Ha sido un tiempo alejada de mis muros y rincones, allí donde colgaba sueños, sonrisas y pensamientos.

Ha sido una etapa de desconexión para priorizar otros mundos por los que he deambulado mostrando a mis tres hijas de tinta y papel.

Han sido momentos felices en los que incluso crucé el gran charco de Atlántico hasta llegar a Colombia donde me publicaban mi última hija.

Ha sido una etapa de emociones, miedos, riesgo, en los que mis ojos se han ensanchado y mi corazón vuelve rico de sensaciones.

Ahora vendrán las ferias y seguiré palpando a los lectores, pero necesito mis esquinas, mis paredes para seguir acariciando sueños para ti, para el otro, para todos.

Buenos días, feliz de regresar!!!

viernes, 9 de febrero de 2018

LOLA Y PEPE, VIAJEROS EMPEDERNIDOS

-Lola, el día tres tenemos hora con el cardiólogo.
-Pues di a tu corazón que espere porque ese día tenemos excursión a Calamocos.
-Ah… ¿Y qué hay que ver en Calamocos?
-Ni idea, Pepe, pero estaba de oferta.
-ah… Bueno pues llamo y pido cita para el veintisiete.
-Uff, imposible, Pepe. Vamos a Guarromán.
-Ya… ¿Y qué se nos ha perdido donde los hombres guarros?
-Excursión con comida gratis, te llevan, te traen y te paran a mitad de camino para haces pis, ¿te parece poco?
-Vale, pues entonces ya lo paso al día tres. Voy a llamar ahora mismo.
-¡Alto a los caballos! Ese día vamos a Parderrubias…No preguntes, Pepe. Aquí nos dan desayuno y merienda gratis y un paseo en góndola por el río.
-Lola, a ti si te hubieran dado a elegir al nacer, hubieras, sin duda, elegido ser maleta.
-Maleta, no, Pepe, en tal caso equipaje. Palabra global que incluye varias maletas de diferentes tamaños.
-Vale, acepto sapo como gallo de corral. Sin más dilación pido consulta para el día diez.
-Pero bueno, ¿qué urgencia tienes tú con el cardiólogo? ¿No tienes nada más divertido que hacer en vez de pensar en giras turísticas a los médicos? Sabes, Pepe, que entras, pero no cómo sales de allí. Con tal de no soltarte esos matasanos te encuentran media docena de órganos fusilados.
-Lola, necesito ir a que me miren el corazón. Sufre de estrés contigo. Vive en un ay cada vez que abres la boca, cada vez que interactúas sin permiso de mi intelecto para digerir tus incesantes descalabros… ¿Me entiendes, Lola?
-… Pues no, Pepe… Eso de la interactuación del cosmos entre tu raciocinio y mi yo intrépido no encaja en nuestras vidas, tu obsesión con ir al médico y yo como equipaje mutante…
-¿Pero qué dices, alma de cántaro?
-Nada, Pepe, no digo más que el diez tenemos un periplo a Limbo, Los Infiernos y El Purgatorio. Todo incluido. Aquí te dan hasta pijama y zapatillas.
-…Oye, Lola, ¿por qué no vuelves a tu añeja afición a los mercadillos?
-Muy sencillo, Pepe, me gusta ser más tratante de viajes. Además, en el mercadillo me he comprado bragas que, por malas que me salgan, tengo bragas para cinco años, así que he decidido buscarme otro entretenimiento.
-Ya, Lola, ya… ¿Y me puedes decir cómo y de qué manera vamos a pagar tanto viaje?
-Tranquilo, vete a la cama, y déjalo de mi mano. Tu Lola siempre te ha solucionado todo.
-…O estropeado… Me voy a dormir. Recuerda que este mes entre que vamos a Limbo y a Calamocos, está sin pagar el teléfono con amenaza que nos lo corten pasado mañana… ¡Adiós mi tormento!

-Ehhhh, tú no te vas a ningún sitio hasta que soluciones lo del teléfono. Mira si hay que ahorrar, te quedas tú y me voy yo… ¿Con ese ahorro tendremos para pagar el teléfono? Sabes que Mari Pili no vive sin mis llamadas.

miércoles, 31 de enero de 2018

AL RICO SOL CANARIO

Hoy no pensaba escribiros porque entre deshacer la maleta, tomarme la temperatura y poner lavadoras pues ya estaba rellena de quehaceres pero es que he  hecho un alto en el camino y he ido a uno de mis blogs y me he encontrado con el mensaje de una fan que me cuenta que ha estado en la playa y ha venido tan negra como la pena de un pobre. 

Automáticamente me he ido a mirar al espejo y estoy como una sábana de blanca pero no nueva sino como las que se van quedando un pelillo grises por el uso. ¡Ozú, que depresión más desnatada me ha entrado!
 ¿Por qué? Porque yo también vengo de la playa, esa que garantizan buen tiempo todo el año y vengo como los zorros en un día de cacería sin cazar.

Es que si os cuento… Nada más llegar, reunión de la tercera y cuarta edad, ah y conmigo, para darnos pautas entre las cuales una de ellas era comunicarnos que teníamos un médico a disposición nuestra. Miré mi entorno y pensé “No me extraña con tanto abuelo”

¡Já! La única que ha utilizado el médico he sido yo, la joven, la dicharachera, ¡miau!, si ya lo dice mi Pepe que las apariencias engañan, ¡qué tío!, siempre tan gafe y atinando con sus aseveraciones, coña.

Y cuando mi salud se medio sanea, comienza a llover igual que si no hubiera un mañana y lo único que me ha quedado para distraerme ha sido mirar las nubes mientras comía plátanos, riquísimos, por cierto.

Vamos, cuando me he bajado del avión, cómo me ha gustado ver el cielo azulito, liso, muy limpito, de Madrid. Tal vez por eso digan, entre otras muchas cosas, que de Madrid al cielo.

Desde luego mañana si sigue así el cielo, me asomo un rato a la ventana a ver si me tuesto un poco porque, ¿cómo me voy a presentar a dar envidia a mis amigas con este careto de sábana usada?

miércoles, 17 de enero de 2018

CURSO DE MAQUILLAJE EXPRÉS

Acabo de terminar un curso acelerado de maquillaje con prácticas incluidas; un desastre.
Lo comencé ilusionada pensando que lo mío tenía fácil arreglo… ¡Qué va! Fue empeorando según fueron avanzando las prácticas hasta la consumación terminal. La novia de Frankenstein a mi lado era mucho más hermosa, ¡Y mirad que puse empeño!

Todo empezó por mi obsesión por comprarme el Telva, revista que soy fiel desde mi primer curso de carrera universitaria. Me aburría estudiar tanto la Geografía que llegué a quinto con todo aprobado menos la Geografía, ¿qué pasó? Nada, no me quedó más remedio que ponerme a estudiar montes, ríos y aledaños y mientras me entraban en la mollera, me distraía con mi revista de cabecera y eso que no las tendría que ser fiel porque ¡anda que no las he escrito veces! para ver si las podía mandar mis novelas y si las gustaba pues la recomendaran en su apartado de lecturas ¿Me habéis contestado vosotros? No, pues ellas tampoco, pero, aun así, las sigo siendo fiel. Debo de ser de la última hornada como los últimos de Filipinas; fiel hasta el fin.

Pero a lo que iba…Vi un reportaje de mujeres maduras aunque interesantes, y me fascinó ¡Qué ojos, qué bocas, qué pieles! Y por lo que contaban, fácil de conseguir. Yo, que para torera no tengo precio, entré al trapo con el primer muletazo, busqué, busqué hasta hallar un curso sencillo y gratis, por supuesto. ¿Cuántas veces vi los videos? Muchas, muchísimas veces hasta que me lo aprendí. Luego me fui a Mercadona y me compré los potingues necesarios. En fin, estaba decidida a solucionar los desajustes de mi cara, más descolgada que un ascensor, así que mi empeño merecía un esfuerzo por dejar de estar descolgada.

El día de mis prácticas, lo recuerdo muy bien, había quedado para cenar con mi amiga Aurora. Solo pensar la cara que iba a poner cuando me viera entrar en el restaurante con treinta y cinco años menos, merecía cualquier esfuerzo.
¡Qué sudores, madre! Claro, al ser de letras y no de ciencias, no tengo muy claro eso del orden de los factores no altera el producto. Me hice un lio, un lio gordo, el caso que terminé casi cuando teníamos que volver de cenar y mi amiga Aurora, para rematar la estocada, me dijo esa noche que tenía mala cara ¡Pero si iba más pintada que Celia Gámez cuando era joven! ¿Cómo me podía decir eso mi amiga? Pues me lo dijo y con cara de preocupación. Me desmoroné, pero al día siguiente había olvidado mi desmoroné y volví a la carga. Esta vez me dejé la cara como si me hubiera dado cemento armado. Menos mal que esa tarde no tenía que salir de casa, solo me vio mi Pepe que, por cierto, me dijo que estaba muy seria, como triste ¡A ver, si tenía la cara aplastada de tanto potingue, no podía gesticular!

Resumiendo, un desastre. Pero no me amilano, yo sigo haciendo pruebas. La verdad es que voy simplificando y como encuentre un producto de un tres por uno me lo compro; ahí no me voy a equivocar seguro. Todo junto, todo revuelto y ¡Hala, con faldas y a la calle!

Os dejo, estoy encantada de contaros mis cosillas, pero es que ha venido Peluche, ¡ya tiene que estar desesperado!, a pedirme, aprovechando que sabe que la costura no es lo mío, quiere que le cosa unas zapatillas de deporte. Al principio he mirado el calendario no fuera a ser que ya estuviéramos en el 28 de diciembre, pero al ver que no, le he prestado atención mientras miraba los agujeros de las zapatillas. Le he dejado expresarse, yo muy en papel de madre receptora y cuando ha acabado he sentenciado “Hijo, tíralas” a lo que la criatura ha contestado lastimosa “Mami es que cuestan 200 euros”

“200 euros unas zapatillas y, ¿van y se rompen? Trae hijo que te voy a hacer un apaño que cuando seas abuelo aún no has sacado el pie de la zapatilla”

miércoles, 10 de enero de 2018

LOS DESASTRES DE LOLA

Cuando terminé de hablar con las paredes, me di cuenta que no soy nadie sin mi Pepe.  Nadie me replica, nadie me contradice, nadie me enseña. Vamos, me aburro como una ostra, me falta vidilla, la sal de mis horas. Así que nuestros reencuentros son lo más. Lo de menos es que al minuto y medio yo ya estoy en la posición de salida que no es otra que la de enfadada. Claro que lo más tremendo para mí y suerte para Pepe es que me enfado tanto que cuando voy a recapitular los agravios ejecutados por mí Pepe, no sé por cuál enfado he de darme por ofendida, se me han olvidado. Lo más inteligente sería un enfado globalizado pero como mi desmemoria es global, mi supuesta globalización es un fiasco, insisto, para suerte de Pepe.

Y es que esta semana he estado sola hasta que apareció mi Pepe en posición de caballero medieval a rescatar a su dama ¡Qué semana, mamma mía!
Está visto que cuando algo se tuerce, no hay que engañarnos; la situación es susceptible de empeorar y mucho, eh. Pero cuando la situación parecía próxima a enderezarse y mi cabeza emerger a un nuevo mundo como Colón, llegó el fontanero y me remató.

Yo pensaba que como mi Pepe no había más que él en su especie, ni reproducciones, ni copias, ni ná. Sin embargo apareció el fontanero de nombre Cristóbal… Solo digo que era mi Pepe en versión triple. Me dejó tartaja.
“Señora esto es una bomba de relojería, de un momento a otro estalla” Yo achicaba aguas con la escoba mientras él me ahoga en desastres naturales. Por culpa del local de mi madre, Valladolid se vería obligado a ir en barca para comprar el pan… Igualito que mi Pepe cuando se pone a enumerar los cataclismos que pueden llegar a suceder si… Menos mal que “ese si…” casi nunca se da, a dios gracias. Pero el fontanero, insisto, en versión triple, igualito que si te tomas un dry Martini triple, actitud que aunque fueran horas de no estar puestas las calles vallisoletanas aún, debí hacerlo y tomarme un par de ellos para no soportar conscientemente al tal Cristóbal.

Me libro del fontanero, una vez que le pago por contarme las catástrofes porque otra cosa no hizo y llega a mi vida “otro propio” de corte distinto con resultados similares. El fulano se pone a mirar las paredes, los techos, a poner cara de asco, si me apuráis sentí hasta su desprecio en mi ánimo ahogado previamente por Cristóbal. Mi cabeza ya solo daba de sí para decirme “Escúpele, dale una patada en los güevos”, pero me contuve más que nada porque me empezaba a bloquear y encima ya estaba tartaja y cada vez que el fulano me hablaba yo parecía potencialmente idiota con un par de pedruscos en la boca que impedían que le dijera “Vete a la mierda”

Se largó por dónde había venido, a dios gracias, y llega un buen hombre, por fin, a mi vida. Me arregla la puerta, le pago, se va y…la puerta que no cierra, que sigue rota. Mentalmente me puse a llorar aunque lágrimas no salían, bastante ahogada estaba yo de agua como para que mi cuerpo se pusiera también a expeler agua.

 Y llegó mi Pepe montado en su rocín negro maldiciendo porque no encontraba hueco para aparcarlo. A mí a esas alturas, me importaba un pepino que los mil caballos negros de Pepe fueran a ser multados por un propio vallisoletano cuyo objetivo es engordar las arcas municipales a costa de los rocines y sus conductores. A mí lo que me importaba es que mi Pepe ya estaba junto a mí calentándome la oreja y diciéndome “tranquila, todo se arreglara”… Claro, luego añadía lo mal que había hecho las cosas, yo, él no, porque no estaba, no te fastidia.

martes, 26 de diciembre de 2017

EL EROTISMO DE LOLA

Me he atascado en una escena que pretendía ser la escena erótica por antonomasia, pero he releído lo que he escrito y no llega a la altura de las futuras 51 sombras de Gray; lo mío queda en un quiero y no puedo. Claro, me miro y no me extraña que mi Pepe se dedique a dormir roncando en vez de mirarme y pensar que soy su conejita particular de Playboy.

Para no pasar frío cuando me pongo a escribir, me he comprado un pijama de cuello vuelto y una bata con capucha. En los pies, unos calcetines casi tan gruesos como yo y, claro, si a mí Pepe le surge el anhelo por su conejita, hasta que me quita todo eso que llevo encima, el anhelo ha caducado como los yogures, de ahí creo que el erotismo no sea mi fuerte, me sienta frustrada, deje el orgasmo literario y me vista de Lola, personaje que no tiene secretos para mí y que hoy también se ha frustrado aunque con un tinte lascivo y envidioso a la par que satisfactorio por la desgracia ajena. Lo vais a entender rápido…

Nadie hablará de nosotras como nosotras mismas. Las mujeres vamos a matar, somos toreras hasta la médula espinal.
¿No hay una mujer en vuestras vidas de mujeres a la que odiéis porque es guapa o atractiva, simpática, inteligente, se la dan los hombres como churros y todo el mundo habla de maravilla de ella? Yo sí, mi vecina del 2ºC. Si hasta el portero se le hace el trasero gaseosa nada más que sale del ascensor “Doña Martirio, buenos días. ¿Ha descansado bien?” Martirio es el mío bajar con ella. Ni mirarme, ni hablarme, oliendo a perfume del caro y bueno, mientras yo huelo a fritanga porque estoy haciendo unas alitas de pollo y salgo corriendo porque se me ha terminado el aceite.

Mi amiga Mari Pili dice que mis maneras de salir a la calle no son las más adecuadas; todo porque voy elegante, aunque informal con mi collar de perlas, oliendo a frito y con las zapatillas de estar en casa.

Bien, pues esta mañana, para colmo, y al ver que el clímax literario no me llegaba a los dedos, me puse a tender la ropa y se caen de los calzoncillos de mi Pepe, talla XXXL, en el tendal de mi vecina fina y exquisita. Juro desde aquí que hoy yo no olía a nada. Fea estaba un rato, no lo niego. Total, que bajo, llamo a su puerta y no me abre. Insisto y nada. Mi mente acelerada iba pensando “Esta cabrona seguro que está aún en la cama”, cuando una voz lejana y tintineante como una lluvia de primavera, elegante y suave como un lirio, dice “¿Quién va?” Me dieron ganas de contestar “La gilipollas del 6ºC”, pero contesté “Querida Martirio, soy Lola” … Qué falsas somos las mujeres a veces, llamarla querida cuando siento en el fondo del trasfondo de mi pijama de cuello vuelto, una asquerosa envidia por esa esmirriada que no tiene ni un gramo de grasa en su cuerpo… “Vete por la puerta principal” ¿Veis lo que os digo? Ella no se rebaja a abrir la puerta de la cocina, su condición es ser señora.

Abre y sentí en ese histórico momento que me convertía en la mujer de Lot, recordad ese pasaje de la biblia que se convierten en estatuas de sal.
¡Leches, qué fea estaba la Martirio! Después de la sal, llegó el clímax de la satisfacción, la revancha que toda mujer necesita cuando comprueba que todas somos iguales, que tu Martirio personal es como tú, de carne y hueso y que sin aderezos es…, eso, vulgar, incluso más fea.

¿Veis cómo la envidia es un sentimiento absurdo que acogota a nuestro ego? Vicio deleznable que hace aflorar lo peor de nosotras mismas, con lo majas que somos cuando nos acicalamos de buenas personas. Tal vez no seas alta y delgada, pero seguro que tienes una sonrisa que deja pequeño al sol más resplandeciente.

He subido más contenta que unas castañuelas. Eso sí, aquí estoy delante del teclado sin saber narrar una escena escalofriantemente erótica… En fin, voy a probar quitándome el pijama a ver qué pasa.
Buenos días a todos con una sonrisa!!!

martes, 12 de diciembre de 2017

LOLA Y SUS ZAPATITOS DE TACÓN

Y yo pregunto, ¿Diosito, por qué me pongo tacones si termino caminando con los dientes? No me contesta, claro. Está harto por meterle en mis ensaladillas estilísticas; no se lo tomo a mal.
Sin embargo a mi Pepe, sí. Sí, porque sí. No es normal que en vez de decirte “Qué cuerpo, qué belleza, qué todo”, me diga con tono, además, cansino, de los que no disimulan “¿Ya estamos? Un día me partes el brazo” Un borde. Todo porque trato de caminar apoyada de su brazo andando igual que si estuviera todo el día subida a unos tacones mientras guiso mis patatas a lo pobre.
Y lo malo, no es el dolor de pies, ni hacer equilibrios en el suelo, no. Lo malo es cuando los pierdo. No conscientemente, simplemente se deben hartar de mí y salen volando y a lo mejor se quedan escondidos debajo de un coche y mi Pepe se tiene que, primero agachar, luego reptar y por último capturar. Eso le enfada…, y mucho.
Bueno, un día que le notaba un poco tenso con el tema de los tacones, cuando perdí el izquierdo, no dije nada, pero me lo noto porque mi cuerpo, mi textura de mujer, se había contrahecho, entonces me miró furibundo y me dijo “Ahí te quedas”
Parece mentira que no me conozca. Él se fue, pero yo también, ladeada pero me fui. Al rato vino, más furioso de lo que se fue; es leal hasta enfadado.
-Lola, Busca el otro zapato y póntelo ahora mismo.
-Ya quisiera, Pepe, pero entre la faja que es como una escafandra y el vestido tubo, no puedo.
-¿Sabes lo que me han preguntado?
-Ni idea pero viendo con los que estabas, seguro que algo tan sesudo como tú.
-“¿Desde cuándo no tienes dinero para comprar dos zapatos a tu mujer?” Y luego se han echado a reír.
-Primero, García, no soy tu mujer, es una expresión machista. Y segundo, ¿quién te manda estar con tontos del culo?-me dejó con la palabra en la boca y se fue.
Menos mal que pasó un camarero y le pedí encarecidamente que me recogiera el zapato. Claro, como iba con una bandeja con copas, me pidió amablemente que se la sostuviera mientras me cogía el zapato,
¡Fenomenal! Terminé la velada nivelada. Eso sí, la bandeja fue a tomar café porque mi desnivel con la bandeja llena de copas con líquidos, hubo unos micro segundos que sufrieron una especie de terremoto y, ¿diréis a dónde fueron a parar? Encima de mi Pepe.
Seguro que venía a perdonarme, pero después de eso, ya no lo hizo.

¡Qué hombre tan rencoroso y poco comprensivo!

viernes, 8 de diciembre de 2017

LOLA GALLINA

Estaba yo mariposeando por mi dulce hogar cuando me encontré a mi Pepe anestesiado por completo con la televisión; me asusté. Es más, me dije “Lola, tú sin tu Pepe puedes ser caótica de tó, tócale” Y le toqué a ver si había fuelle en su cuerpo. Entonces, parece que revive, me mira y sin mover un solo músculo de la cara, vamos, como si fuera una momia viviente, me dice “El undécimo mandamiento es no molestar”

 ¡Toma ya! Y revira los ojos y los empotra de nuevo en la televisión. No sé que se me despepitó antes si los ojos o los oídos porque mi Pepe cuando habla, no habla como cualquier humano, no; sentencia y dice unas cosas que me dejan unos instantes, solo unos momentitos, eh, fuera de contexto. Me fui corriendo a por el catecismo y corriendo, corriendo, leí; solo había diez, los de siempre, no hay nuevas versiones, por lo que volví y pregunté a mi momia esposo “Oye, Pepito, ¿es que van a modificar los diez mandamientos como la constitución?”

Claro, importante que él supiera que su Lola está al loro de la calle en todo momento y que me preocupo y, si hay que poner postureo de esos para hacer que eres aunque no eres y lo peor es que te importa una higa, voy y pongo postura. Bueno, no. No voy a engañar, soy tan simple como las gallinas, y a mucha honra, pero no como las gallinas de hoy, las pobres estresadas con luz artificial para que pongan huevos y más huevos, no. Soy de las gallinas de antes, las de toda la vida que campaban a sus anchas y ponían huevos cuando se lo pedía el cuerpo y, ¡qué huevos!... Pues de esas.

¿Qué estaba yo contando? ¡Ah! Ya me acuerdo… Una vez que le hice esa pregunta sesuda, volvió a mirarme con ojos de difunto vivo y me dice “Lola si no puedes soportar el silencio, cállate” Y volvió a revirar la vista a la televisión.

Pues claro que no puedo soportar el silencio, demonios, porque tengo mucho que decir y preguntar. Porque la vida me habla y yo la contesto. Ahora que cuando alguien me toca la moral que se prepare, y la momia de Tutankamón II reencarnada en mi Pepe se iba a enterar. Así que volví sobre mis pasos y con voz segura de lo que iba a decir, o algo parecido, no voy a exagerar, dije “En las últimas encuestas solo ven Operación triunfo  los jubilados como tú, un 74%” ¡Tooooma! Que supiera que me sabía hasta las estadísticas. Escuchó y luego levantó sus ojos momificados a punto de revivir del mal café que le estaba poniendo y sentenció “Lógico, a las horas que acaba el programa, la gente joven duerme porque ha de madrugar para ir al trabajo. TVE no piensa en el ciudadano útil”

¡Puerca miseria! Este tío siempre tiene razón, leñe.

domingo, 3 de diciembre de 2017

LOLA Y LAS SARDINAS

“El que da lo que tiene, no está obligado a dar más” El refrán es más o menos y es que me ha llamado una amiga, tan alegre como mi Pepe, para aliviar un poco mi pena y me ha ofrecido ir a un funeral y yo, con tal de no estar sola, pues como hasta que me afilio a Podemos; tranquilos, cuando volviera a mi ser, iría a que me devolvieran la cuota y tan amigos; si hay algún Podemita que no se me ofenda, por favor, porque si lo pensáis bien, ¿os pega una banda de rock en la corte del rey Arturo? Pues eso…

Bueno a lo que iba… Hasta la hora del alegre plan, pues me hice un listado de cosas para no pensar y me dije “lolilla pon la lavadora”, voy y la lavadora ha muerto y me digo “Leches, Lolilla se te muere tó” Y en esto que hago asociación de ideas que se me cruzan a medio pensar: tomarme un vino para estimular el ánimo y agua para las plantas que si no también se me mueren. Voy y me pongo a la causa, la del vino y el agua y confundo el proceso… Tranquilos, pronto me di cuenta la botella que estaba enchufando a la planta sedienta y me dije “Soooooooo, Lola”

Visto mi descentre, pasé a un segundo plan de acción “Las sardinillas para el gato piojoso”, con la suerte que mi Pepe se hincha a sardinas enlatadas; había en casa. Me lavé así por encima y me bajé al jardín. Miré a un lado, a otro, nada por aquí, nada por allá y me senté en el parquecillo. ¿A qué? Yo qué sé, pero no habían pasado cinco minutos y vi frente a mi banco al gato… ¡Rediez, más feo, imposible! No exagero si os digo que tiene los pelos como si hubiera sufrido un electrocutamiento en media fase o le han llevado a la peluquería de un enemigo, no  sé, algo así.

Total, le llamo “Pollo, ven para acá” ¡Leches! Va y se acerca. Perdonad por mi lenguaje chabacano pero me a-co-jo-né. Luego medité “lola, lolilla, Lola, la pinza que se te vaaaa… Dale las sardinas y lárgate” Yo obediente a mi poca sensatez  abro la latilla, la pongo en el medio y me retiro… ¿Diréis? De pronto, no sé de dónde salió, pero salió otro gato.

¡Ay qué gato más bonito! De esos de pelo largo bien mullido color beis, ojos inmensamente azules y collar de Swarovski; vamos lo que toda la vida se ha conocido por un gato pijo, de los pijos de toda la vida. Y va, saca los dientes afilados y el piojoso sale zumbando. Entonces, el pijo, en vez de comerse miiiiiiiiiiis sardinillas, comienza una exhibición al estilo top model. Estiramientos por aquí, ahora me paro porque me da la gana…, hasta que decide meter la nariz en miiiiiiiiiii latilla y oigo “Genaro, ni hablar” Y el pijo sale como alma que lleva el diablo y una voz en las alturas dice “Eso es veneno para mi gato, señora”… Estuve por decirla, pero no dije nada, ¿para qué? Llamándose Genaro como que…
Vamos que llamar a un gato pijo Genaro…

Cuando me volví, la latilla estaba vacía. La tiré en la papelera y me fui.

martes, 21 de noviembre de 2017

LOLA Y LOS MEMBRILLOS

¡Muy tomate! Si lo sé hoy no me levanto ni ayer, ni pasado mañana…

Lo peor que te puede pasar según amaneces al mundo, cuando aún ni tú eres consciente que tienes los ojillos abiertos, es que venga un membrillo y te ataque porque sí, porque te ha tocado en el bombo extra de los membrillos.
Lo peor que te puede pasar en la vida son muchas cosas, a ver si nos centramos, porque la palabra “Peor” es susceptible de empeorar o mejorar según el momento en tu vida en el que estés.

Bien, prosigo… Mi costumbre es despertarme con los periódicos y con los amigos diciéndoles “Buenos días”, y da la casualidad que me topo con mi amiga Marisa que Facebook la ha otorgado el título de Reina no sé si de perpetuo o a tiempo parcial y ya se sabe esa costumbre tan sana que tenemos los humanos de “Culo veo, culo quiero”, voy y entro a ver qué tengo que hacer para hacer la competencia a mi amiga Marisa y, ¿diréis? Va el membrillo del aparato y me dice sin hacerse siquiera la raya al medio “Cantalapiedra el vocabulario que empleas para la redes sociales revela que eres peligrosa” A míiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii que soy más mansa que una vaca pastando. Claro, me he arremangado el pijama y le he mandado a tomar por c... café a la cafetería más próxima… Vamos, por dios, le doy una leche que le dejo la cara mirando a Sarajevo o le pongo la zancadilla que baja las escaleras de media docena en media docena. Porque estaba dormida que si no hasta le escupo un rato.
Aún más tomate, ahora que pienso es lo que me pasó ayer. Me encuentro con una vecina y me dice “Ay Lola, que carita tienes, qué te pasa” Y yo con mis lágrimas rodando al precipicio, la cuento, me abraza, nos despedimos y noto que alguien me toca la espalda. Me vuelvo y es otro vecino que me suelta “Lola no sé quién se te ha muerto, pero te acompaño el sentimiento” Voy yo y digo “Mi perro, se ha muerto mi perrillo” Y va el membriiiiiiiiiiiiiiiillo y me suelta “Ah, un perro” Y se va sin despedirse riéndose.
Me senté a llorar un rato por eso de llorar más cómoda y de repente apareció el gato más feo y tiñoso que he visto en mi vida y se pone a mirarme, ¡con una mirada tan conocida, tan de mi perrillo!, que me puse a hablar seriamente con él no fuera a ser que exista la reencarnación; en este mundo puede pasar de todo, de todo.
Pero en mi diálogo profundo, apareció mi Pepe. Me mira con mirada de sonámbulo y me dice”Lola, mujer, ahora desvariando con un gato”… Pero, ¡qué leche de bollitos! Si lo que falta en este mundo es diálogo, coña. Me puse de pie y me fui llorando andando que es más incómodo.

Yo, hoy, por si las moscas, voy a comprar una lata de sardinas y si veo al gato piojoso pues… Todas las criaturitas son de Dios, de Buda o cómo se llame, ¿a qué sí? ¡Ah! Prohibido llevarme la contraria pues tengo que lavarme mi pena aunque sea riéndome de mí misma.

martes, 14 de noviembre de 2017

LOLA LA FARMACIAS

Estoy más chuga que los Chunguitos… Si me dicen que me voy a convertir en un arsenal de pastillas sin ser pastillera, no me lo creo, pero la realidad o la edad, yo qué sé cuál, me hacen tener cuerpo y cara de pastillas de colores, redondas unas veces, alargadas, otras, ¡puerca miseria, leñe!

Para comenzar el día y en ayunas me zampo la dosis del tiroides. Al ratito, ingiero la de la tensión. Al otro rato, si el lumbago no hace pellas y decide quedarse conmigo, un ibuprofeno. Ya en sesión de tarde, un poquito de pastilla para el colesterol y para cerrar el día glorioso, la súper pastilla para que mis nervios descansen.
¿En qué se ha quedado vuestra Lola? En una farmacia, coña. Pero lo más tomate es que mi Pepe se ha convertido en un espía y cuenta las pastillas y si sobra alguna, tenemos el tomate montado.

Menos mal que mi esencia aún sigue intacta, es decir, tanta pastilla no altera el producto que engendré con trabajo, tesón y humor, y en que la vida me ha convertido. Gracias a Dios y aunque camine a ratos torcida, otras, con el rostro contraído, no me quejo. Porque no puede haber algo más desagradable que encontrarte con alguien y ese alguien comience a desgranar con pelos y señales los males enfermizos que la acosan… ¡Noooo, un cuerno de vaca! Yo callada tampoco, antes muerta que muda y hablando del tiempo que es muy socorrido.

¿Veis? Eso es una enseñanza de mi Pepe, el jamás se queja. Claro, que de no quejarse, casi se me muere y los niños y yo diciendo “Hoy a papá se le fue la mano con el güisqui” Pobrecito mío y lo que le pasaba es que tenía tan alta la temperatura corporal que su mente, tan equilibrada siempre, se había desmadrado y decía unas tonterías de tal calibre que los tres nos sentamos a darle palique para que siguiera haciéndonos reír hasta que sus ojillos, cada vez más chiquitos, se pusieron a modo de la niña del exorcista y, leñe, ¡qué susto! Los tres nos pusimos a aporrear la puerta del vecino que es médico.

Así que no hay que dar la brasa al prójimo, pero si te ves mal o si alguien te encuentra diciendo más tonterías de lo normal, dar aviso rápido a alguien que entienda. Y lo de entender lo digo por la gente que sabe, médicos, enfermeras, auxiliares o algo así, y no a un amigo, vecino, conocido o familiar, que su especialidad sea medicarse porque sí. Porque yo una vez, me sentí experta y me tomé una pastilla y me quedé al otro lado casi veinticuatro horas, eso sí, sin dejar de decir tonterías. Desde entonces las pastillas las miro con muchísima prevención y sin consulta médica, no me trago una pastilla ahí me muera.

Y pensando, recapitulando, ¡y mi Pepe que no se toma ni una pastilla! Está como un toro… ¿Veis? No os fieis de las apariencias, estas engañan pues yo tan luminosa siempre y Pepe tan gris siempre y la que usa pilas para iluminar soy yo y no él… ¡Puerca miseria!

domingo, 12 de noviembre de 2017

LOS METROS CUADRADOS DE LOLA

Vamos a ver, vamos a ver si me centro porque mi cabeza es un cuadrado de muchos cuadrados. Desde luego,  antes de que amanezca mi Pepe y me pregunte la pregunta de todos los días “Lola, ¿qué ha pasado mientras dormíamos?” Y hoy no tengo respuestas a no ser que me la invente que también lo puedo hacer, eh. Le digo que en el Machupichu ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad y ya está. Claro que él entonces me preguntará “¿Gordita, de qué año has leído la prensa, del 1983 o el 2017?” Y ya me pilla y ya la tenemos montada desde que amanecemos hasta que nos desintegramos allá por las doce de la noche.

Y todo esto me pasa por querer saber más de la cuenta cuando sé a ciencia cierta que con neurona y media que poseo por mucho que apriete para que quepa más sabiduría, no cabe y si no cabe, no cabe.
El caso de la cuestión es que me metí a leer una noticia sobre una manifestación porque últimamente es lo que hacemos. Nos preguntamos “Hoy, ¿Qué podemos hacer?” Miramos la cartelera y leemos “Manifestación por derecho a manifestarse”, por ejemplo, y vamos y nos manifestamos al grito todos a una.

Bien, pues en esta ocasión me metí a leer la letra pequeña cuando lo normal es que me quede con las letras gordas de la cabecera y pase a la siguiente noticia sin despeinarme pues ya me levanto yo suficientemente despeinada. Pues no, decido saber más sobre la susodicha “Manifa” y me encuentro con el periodista que enreda palabras como si estuviera deshaciendo un ovillo y convirtiéndolo en un trabalenguas.

El periodista indagaba cómo se mide una manifestación y sin más cortapisas comienza a medir los metros cuadrados por donde discurre las hordas reivindicativas, ¡mucho tomate sin escalfar, amigos!... Yo creo que el hombrecillo este se perdió en los 100.000 metros cuadrados que se sacó de no sé dónde y luego los convirtió en la suma de 45.000 metros cuadrados de por aquí más, por allá 10.000 y de más allá, otros tantos… Resumiendo, acabó diciendo que cientos de miles de personas y yo que me había quedado estancada en un metro cuadrado y luego en otro hasta ahogarme en medio metro cuadrado y cuando ha aparecido mi Pepe le he dicho sin más preámbulos “Pepe hoy el notición es el chotis” Le he amarrado los brazos y en el medio metro cuadrado en el que se halla mi neurona y media nos hemos puesto a bailar.

Por supuesto, he desviado mi mirada de la suya, no quería leer su pensamiento, ¿pa qué?

lunes, 6 de noviembre de 2017

LO QUE NO LA PASE A LOLA...

¡Muy tomate! A mi Pepe le ha dado un ataque de cuernos. De verdad, no lo entiendo, cada vez desconecto más del alma hombruna, no la sigo.

Y todo porque llega a mi despacho, bueno, a cualquier cosa se llama despacho; dejémoslo en una mesa camilla y una librería donde coloco mis chismes, mis vírgenes, Cd, equipo de música libros, revistas, apuntes, diccionarios… vamos que no la falte de ná a mi imaginación. Total que me pregunta en tono raro tirando a muy desagradable “Oye, ¿ese quién es?” Miro a donde apunta su dedo gordo y veo la foto del macizo y contesto inocentemente “¡Ah, ese! Es el tipo del que me estoy enamorando perdidamente” Ha salido como alma que lleva el diablo; no lo entiendo.

Al rato vuelve y me pregunta con el bigotillo a la altura de las zapatillas “¿Es que ya no me quieres?”He desviado los ojos de la pantalla del ordenador, ¡ay qué lástima me ha dado, Ozú! Y le he dicho rotunda “Más que al cielo, las nubes, el sol y las estrellas”… Es lo que la digo a mi tía Loli cada vez que hablamos y manifestamos el amor de la una a la otra, y va y me pregunta con cara de tomate pocho “¿Entonces por qué te enamoras de ese?” Me ha sentado mal porque lo ha dicho con tono despectivo, eh, claro que yo le he contestado que se ha ido a tomar vientos secos porque mojados como no llueve pues… “Pepe es que ahora soy Claudia y él es Mateo”

¡Qué lástima! Le ha venido grande que me haya reconvertido de banquera a escritora, con lo a gustito que estaba con su mujer financiera y no una mujer colgada permanentemente de una nube… En fin es lo que hay, ahora el macizo está… de cine, de cinemascope.

jueves, 2 de noviembre de 2017

LOLA Y EL MATRIMONIO

¡Qué lioso es el matrimonio! Cómo para casarse una, dos y hasta veintisiete veces, acumulando enseres de unos y de otros, discutiendo de tribunal en tribunal por lo que es mío y es tuyo, por custodias compartidas o no, por reclamaciones por todo lo que se mueve… ¡Una y no más, Santo Tomás! Como dicen en mi tierra.
Yo, si volviera a vivir, sería una anarquista del matrimonio, vamos, que no me volvería a casar y, ojo, estoy felizmente casada y para más inri me he casado dos veces con el mismo. Una como pardilla y otra como inconsciente y aquí estoy con mi Pepe, cada día más florido y hermoso, aguantándonos el uno al otro y el otro al uno. Somos compañeros, somos amantes, somos amigos, somos padres, somos como Zipi y Zape. Si uno ve rojo, el otro lo ve verde, si uno dice sí, el otro dice no, pero, aunque nuestros caminos se disparan, a veces pienso que no somos nada el uno sin el otro. Vamos, que somos una simbiosis o un puré mezclado en la batidora donde se han juntado dos elementos volviéndose indisolubles.
¡Manda decibelios! Solo pensar que puedo ser tan plasta como mi Pepe altera mis pocas neuronas. Claro que a Pepe solo pensar, con lo cuadriculado que es, que su vida sea un sin saber, donde el instinto primario prevalezca sobre el instinto secundario, por lo menos le tiene que sobresaltar y herir como mínimo su inteligencia, ¡pobrecillo! Así se le está quedando el gesto, tiene una cara pena…
Yo voy y vengo, hago y deshago y cuando regreso ahí está mi Pepe preguntándome “¿Eres feliz, te lo has pasado bien?” Y esto me desarma, me enamora. Su generosidad me apabulla y termino diciéndome “Lola eres una bruja”
Un remordimiento se atrinchera en el estómago que, por lo menos, en diez minutos está dejándome sin ganas de comer. Luego, cuando me vienen las ganas de comerme un par de huevos fritos con chorizo, los más bonitos y jugosos se los doy a él y, no conforme con eso, me invade la ternura de tal manera que le beso la calva hasta que le dejo sin los dos pelos que tenía.
Sí, la realidad es que Pepe es mi otro yo y me fastidia, por eso quiero ser en la otra vida anarquista del matrimonio. Claro que los hados pueden determinar que, en vez de persona, sea un conejo, entonces no sé cómo lo haré.
Mientras tanto a veces soy Pepa y otras la loca Lola que distorsiona lo que pilla al pasar.
¿Cambiaría a mi Pepe por un macizo? Creo que no porque soy agnóstica de esos hombres irresistibles por los que estás babeando todo el día y la incertidumbre te come tu persona siendo un juguete deshojando la margarita a todas horas con “Un me quiere, no me quiere… Me la pegara con queso o con mortadela” No, la fidelidad de mi Pepe es mi equilibrio

¡Vamos, lo que me faltaba! Que mi Pepe encima de cenizo fuera un infiel…

martes, 24 de octubre de 2017

LA HISTORIA JAMÁS CONTADA DE LOS TOMATES DE CAMBIL

Me he despertado modo mariposa; no asiento mi pomposo trasero ni así me ahorquen. Cualquier cosita me viene bien con tal de no hacer lo que he de hacer. Nunca me ha gustado la esclavitud y hoy me siento esclava de mis compromisos y no quiero. Necesito, necesito…Hacer lo que me dé la gana. Pues ni eso porque en la puerta me está esperando la censura; mi Pepe.
¡Es el hombre más tomate que ha transitado por la faz terrestre! Lástima que esto de la literatura solo da para engrandecer el ego porque dar dinero, no da que si no, a estas alturas le había comprado un terrenito para cultivar tomates. Que no sabe qué hacer, se da un paseo y compra tomates. Que está aburrido, se come un tomate. Que está más aburrido de lo normal, me da clases de las distintas variantes del tomate. Su vida se resume a un puro tomate ¡Muy tomate, amigos!
Varias veces me he enfadado con él por este asunto. Qué cara llevará de necesidad de tomate que le timan según le ven. Da igual que entre en frutería paquistaní, chilena o española; viene con los peores tomates del mercado y encima ¡Qué precios! Ni una hipoteca mensualizada te cuesta lo que le cuestan a él un triste kilo de tomates. Digo lo de triste porque su bolsillo viene vacío y los tomates llegan hechos polvo, no resisten ni una ensalada.
Su obcecación es pensar que como el sabor tomatero no existe pues es hallar el que sabe, y por más que le cuento que los tomates dejaron de ser tomates en cuanto la mano del hombre los industrializó, no lo entiende. Él busca tomate con sabor como el que buscó Ítaca. Y yo le dejo sortear su búsqueda infructuosa así, mientras me deja en paz y yo puedo dedicarme a rebuscar en las musarañas de mi imaginación alguna historia que contar que al fin logre acercarme a la fama. Fama que se me resiste, se me niega y yo erre que erre, cómo mi Pepe y sus tomates. En el fondo dos que duermen juntos terminan parecidos; esos somos mi Pepe y yo.
Sin embargo, ayer aprovechando una salida mía compré unos poquitos tomates a un precio irresistible y cuando los estaba colocando en la nevera se abre la puerta de la calle y aparece Pepe con una cara de satisfacción como la que me puso el día en que me comunicó que de momento no se podía casar conmigo porque llevaban a su empresa una máquina y él era el único que la podía poner en marcha. Claro que su cara de convencimiento satisfactorio ese día le duró un escaso medio minuto y terminó casándose conmigo, mis chismes y mi perro un 27 de abril como estaba convenido y estipulado.
Pero ayer era distinto, su satisfacción le hacía elevar su bigote casi hasta las cejas. De momento permanecí muda, silente, en standby, hasta escuchar lo que su garganta me iba a comunicar sin necesidad de preguntar “Gordita, te presento a los famosos tomates de Cambil” Los expuso encima de la mesa como si fuera rubíes. Yo los miraba escéptica y un tanto mosca pues la pinta era buena, mucho mejor que los míos de suculenta ofertita, así que le propuse que hiciéramos una cata tomatera. En el fondo de mi ser femenino yo lo que quería era demostrarle que ninguno, ni el suyo ni el mío, sabían y encima los míos eran muchísimo más baratos que los suyos. Aceptó de buen grado manteniendo su bigote por las nubes, hecho que me iba mosqueando por momentos.
Puse la mesa, nos sentamos y comenzó la cata. Yo bajaba la mirada cada vez más mientras los trozos de tomate de mi Pepe iban cayendo uno a uno en mi estómago siempre agradecido hasta que mis ojos se estrellaron contra el plato y no tuve más remedio que reconocer la evidencia.
-En las estribaciones de Sierra Mágina se halla un pueblo tan blanco como la espuma de mar-sentencié.
-Y eso, ¿qué tiene que ver con mis tomates, Lola?
-Todo, absolutamente todo, Pepe. Los orígenes de esos tomates que nos acabamos de zampar, mi ilustre, sabiondo y obsesivo, don Pepe, se los debemos a mis abuelos Vidal e Isabel  oriundos de Cambil que aclarando sus gargantas con  Risol o Aguacerbá se comían un apetitoso carnerete, típico de allí. Eran más pobres que las ratas pero en su patio plantaron tomates y tan sabrosos que comenzó su fama a crecer como reguero del pólvora por la región ya que estaban convencido que su sabor se debía a la tierra. ¿Qué, qué me dices?
-Pues que te estás inventando una historia más. Deja de ser escritora por un rato, anda, hazme el favor. De todos es conocida  tu alocada y portentosa imaginación, Lola.
-Muy bien no me hagas caso pero ahora mismo voy a sacar dos billetes de tren para Jaén, más dos billetes de autobús que nos lleven de Jaén a Cambil…, a mi madre y a mí.
-¿Tú madre, dices?, ¿mi suegra?
-Sí, majete, mi madre, alias tu suegra. Mi madre es de allí pero como nunca te ha interesado mis orígenes pues…
-Lola, la primera noticia. Perdóname.
Me dio lástima ver a mi Pepe compungido pero por primera vez estaba a punto de darle en las narices. ¡Harta de su sabiduría estoy!  Tanto que sabe, me malicio que de Madrid para abajo no tiene ni idea. Bueno y…, vamos a dejarlo.
En un periquete he sacado los billetes, he organizado el viaje sin dejar abrir la boca a Pepe porque si la abre, seguro que no vamos. Aunque lo más difícil ha sido convencer a mi pobre madre que desde hace tiempo vive en una residencia. Ella dice que vive en Benidorm y, ¿quién soy yo para llevar la contraria a mi madre? Voy todos los días a discutir un rato con ella. Ejercicio que bordamos las dos. La doctora nos pide que la hagamos recordar, hablar, lo que sea con tal de que aterrice de “los paraísos fiscales” en los que guarda con celo su memoria, pero es que hoy creo que he liado demasiado a su cabeza. Nada más verme he aprovechado para decirle que estaba pensando en rellenarme, como la reina, con ácido hialurónico que venden en Cambil y, de paso, visitar el pueblo de mis antepasados. Tierras de rebeldes, moros y cristianos. Su mirada cainita me ha taladrado y después de sopesar sus palabras me ha dicho “Menos pensar en ti, egoísta, y mejor dáselo a tus hijos que falta les hace” Despepitada he abierto el móvil a buscar una foto de mis hijos y les he visto tan guapos como era yo a su edad. En cambio yo he encontrado de mí misma un selfies que ni con el nivel de belleza al máximo se me quitaban las arrugas, así que me he vuelto hacia mi madre y la he contestado “Digo a Peluche Mayor que le voy a rellenar del relleno  hialurónico y me manda a cascar nueces, mamá. No te digo si se lo menciono a Peluche Pequeño con ese carácter jovial que posee. Me manda a las islas Caimán de un bufido”… Se ha quedado callada y a continuación “¿Cuánto cuesta rellenarles de ácido? Dímelo en pesetas y ahora mismo llamo al banco. Con mil pesetas tienen hasta para sacar el billete de autobús, ¿te parece?” No me he dado por vencida y la he comenzado a hablar de la fauna de Sierra Mágina. Del jabalí,  del halcón peregrino, de la cabra montesa y…, mi madre que oye la palabra cabra y se arma de nuevo el lío porque se acuerda del cabritillo que compró mi abuelo cuando era pequeña, tan blanquito, tan gracioso y que mi abuelo asesino para comérselo ¡Pobrecita!, lloraba sin consuelo hasta que se me ocurrió nombrar la palabra mágica que todas sus penas cura: el nombre de mi Peluche Mayor. Entonces, de sus ojos que casi no ven, de su rictus hosco, emergió una luz maravillosa indescriptible y va y me dice “¿Por qué no dices a Peluche que se meta a cura? Viven muy bien y nos vamos los tres a Cambil a enseñar la palabra del Señor” Según hablaba me estaba imaginando a mi Peluche Mayor con sotana saltando y corriendo como las cabras por los montes diciendo a sus ovejas “Ríete, mañana te puede faltar un diente”

En fin, he dicho que me llevaba a mi madre a Cambil y aquí estamos los tres. Claro, mi madre no hace más que preguntar en qué pueblo estamos…