Vídeo promocional Mujeres Descosidas

sábado, 8 de abril de 2017

EN EL COCHE DE MI PEPE, PIPIPI

Quemé el último cartucho que me quedaba; eso sí, lo aproveché bien aprovechado. A partir de ahora ya será igual, mi Pepe jamás se volverá a fiar de mí pa ná; él se lo pierde porque vivir a mi lado es un duro riesgo, ahora la sensación de estar  junto a mí presintiendo que te precipitas al vacío sin remedio tiene su aquel, eh.

Nos fuimos de viaje. Pepe siempre pensando que si mi cabeza está despejada y tranquila, el primero que gana es él, así que me llevó a pasear por la bella Galicia después de la presentación en Valladolid de mis Mujeres descosidas. ¡Qué tres días más intensos con este hombre! ¡Qué jardín de sensaciones de lo más variopintas! Un mano a mano después de treinta y dos años juntos es fuerte de narices. Más, si entre los dos surge una tercera persona a la cual mi Pepe invocaba a cada minuto. Sí, es alemana, para mí que es nazi pero eso a Pepe no se lo he dicho. Se llama Martita y su tono de voz es algo así como que presientes que haces lo que ella dice o te vas a tomar café. Vive eternamente en el coche, es su lugar de residencia. Tú te montas en el cochecito de mi santo y él lo primero que hace es encender el tontón y decir “Martita queremos ir a…” Y la susodicha se pone manos a la masa. A mí que me quieran manejar no me gusta, ya sabéis que soy espíritu libre, pero al principio del viaje la dejé que nos llevara a la izquierda, a la derecha, a hacer giros en forma de U, a que saliéramos en la tercera salida y luego inmediatamente siga recto 15 km… ¡Allá Pepe y su Martita! Yo me puse a cantar y tan contenta. Venga, cantad conmigo “El viajar es un placer que nos suele suceder. En el auto de mi Pepe nos iremos a pasear ¡Vamos de paseo pipipi, en un coche feo pipipi, pero no me importa pipipi porque llevo torta pipipi…”

Después de cuatro horas de viaje, llegamos a nuestro destino con hambre, mucha hambre. Encerramos a Martita en un parking y me puse yo a mandar; era mi momentazo. Pensé y me dije “Demuestra que tú eres buena, mejor que la nazi” Con creces lo demostré. Le llevé a una linda terracita y mi Pepe solo comía pan y venga pan “¿Pepe, no comes comida?” “Prefiero pasar hambre antes de que me envenenen” “¿No te gustan las navajas, Pepe?” “Están muertas desde la guerra civil, gordita” Y mientras se terminaba un mendrugo de pan detrás de otro aún añadió “Gordita, mira a esa mujer. Ha venido a Galicia a comer pizza. Seguro que el día que vaya a Nápoles comerá percebes” Y su hambre se diluyó en pan mientras el mío en la guerra civil, y aquí estoy; mi Pepe es un negativo desde que despierta hasta que se desintegra. Hasta si le pido “Pepe hazme una foto” Y va y me contesta “¿Otra? Pero si tienes la misma cara de hace 5 minutos” No me hago con este hombre.

Bueno, a lo que os estaba contando…Nos volvemos a montar en el coche y la Martita se piensa que aquello es Alemania: autopistas y autopistas. Pues no, era Galicia. Terminamos Martita y yo como la niña del exorcista; nuestras cabezas giraron y giraron. La alemana se volvió loca. Yo, casi.

Fue como un viaje al centro de la tierra sin ascensor. Tó pa bajo, tó parriba y vuelta a bajar. Giramos sobre nosotros mismos, no os exagero si digo trescientas veces. Nos vimos todos los concellos, todos, toditos. Para remate, Pepe, ya harto de vueltas y revueltas, y como Martita ya estaba en tránsito a la locura, se puso a mirar el mapa. Un mapa, fijaros de qué año sería que no venía pintado Benidorm, ya os digo todo, pero como mi Pepe dice que todos los mapas son iguales pues para qué va a gastar dinero; es un espíritu practico y ahorrativo.
Al notarle tan atribulado, desquiciado, fuera de sí, le dije “Filliño, fíate de mí, yo te llevo” Y en su desesperación más desesperada se fío y seguimos girando tres horas más. En el fondo, como Pepe paraba en cada concello a preguntar pues ya de paso bebíamos una uva godello de la Ribeira sacra muy rica… Poco más y llegamos a gatas al monasterio.
Cuando recobró su ser y recordó, me dijo “Gordita se acabó, nunca más me fiaré de ti” Eso sí, con la alemana no se atrevió a hablarla como a mí.

Yo, el día de la madre, le regalo a mi Pepe un mapa y un perfume. ¡Qué olor a vaca traemos!

2 comentarios:

Kasioles dijo...

He visto tu vídeo promocional, me ha encantado.
A estas fechas, me imagino que la presentación de tu libro ha tenido mucho éxito, tu trabajo tiene que tener su recompensa, te lo mereces.
Conseguiré tu libro y, cuando lo lea, ya te contaré, seguro que es muy entretenido,lo digo por lo que he ido conociendo de ti a través de tus entradas.
Te dejo cariños en un fuerte abrazo.
Kasioles

lillymarmat dijo...

A Chile no llegará tu libro ni en sueños, pero menos mal que a ti te encontré volando como un ángel que eres. En el espacio cibernético como le dicen, ahí andabas tú y tuviste la amable idea de entrar a mi blog.
Me reí de veras con tu viaje en auto.
Un abrazo de Lillian